Terminada la visita de trabajo de Ernesto Samper a Francia, debe decirse que el Presidente corrió con una enorme suerte, la suerte de estar en el lugar indicado en el momento preciso.
El lugar indicado, porque la Francia del presidente Jacques Chirac se ha caracterizado por recibir a personalidades polémicas sin hacer muchas preguntas (recuérdese el caso del Rey Hassan II de Marruecos o del Primer Ministro chino), y en el momento preciso porque, con el escándalo de la ley Helms-Burton en Europa, Samper pudo cobijarse en el rechazo con que el Viejo Continente, y sobre todo ParÃs, hicieron frente a esas muestras de poder unilateral por parte de Washington.
De este modo Samper, hablando de la revocatoria de su visado norteamericano, pudo compararse a algunos jefes de empresa canadienses a quienes también se les suspendió y, haciendo un mismo paquete, declarar que esas acciones eran inadmisibles y poco amistosas .
Samper sacó provecho Samper, asÃ, se benefició de la rivalidad entre Francia y Estados Unidos, y de los deseos de ParÃs de mostrar independencia frente a Washington en sus relaciones diplomáticas.
Pero del otro lado está el propio caso de Samper, que no se le escapó a nadie. La prensa francesa se dio cuenta de que el presidente ansiaba romper su aislamiento con esta visita, y asà lo declaró, e incluso llegó a decir que éste buscaba en Chirac un aval moral a su situación, lo que no fue el caso de forma explÃcita.
La presidencia de la República, interrogada sobre Samper, declaró que no existÃa ningún motivo para no recibirlo , pero no dio ninguna declaración a favor de él ni se expresó sobre la crisis polÃtica de Colombia.
La razón de todo fue otro factor que también favoreció a Samper y fue el hecho de que su visita a ParÃs como presidente de los No Alineados, lo que creó un cierto estado de ambigedad propicio al presidente.
Si bien Chirac lo recibió bajo esa rúbrica, Samper tuvo la habilidad de deslizar algunos temas bilaterales en la reunión que le permitieron sugerir que, al fin y al cabo, se trató de un encuentro entre presidentes.
Ganó Colombia Más que el propio Samper, que sigue siendo visto por la opinión francesa de modo poco claro, quien sà salió muy favorecido fue el paÃs. De un lado con los acuerdos de cooperación económica y militar logrados por la canciller MarÃa Emma MejÃa, figura clave de la gira, y del otro por la renovación de relaciones con empresarios franceses interesados en Colombia.
A los presidentes de Renault, Bouygues o Alcatel-Alsthom poco les inquieta de dónde salió el dinero de la campaña de Samper pues, sabido es, la economÃa tiene su propia moral y se alimenta de ceros a la derecha y no de virtudes éticas.
Prueba de esto fue uno de los directores de Snegma, la fábrica militar que produce los aviones Mirage, quien le preguntó a Samper cuál iba a ser la polÃtica de rearme de las Fuerzas Armadas colombianas, a lo que el presidente le respondió: Sus aviones son excelentes, pero esperamos no tener que usarlos jamás .
Ese hombre elegante y bien afeitado, que celebraba con un aplauso cada apunte de Samper, serÃa el empresario más feliz si Colombia tuviera algún conflicto armado internacional.
Plante, pa lante Otro de los aspectos importantes fue la presentación en Francia y consiguiente apoyo al programa del Plante, el cual fue visto con buenos ojos por el ministerio de Relaciones Exteriores francés, que se comprometió a dar su ayuda, considerándolo una forma de atacar al narcotráfico sin perder de vista la problemática social, un ángulo muy cercano al pensamiento francés.
Pero, volviendo a la percepción de la gira por parte de la prensa o de la opinión pública en Francia, los aspectos técnicos de cooperación y ayuda bilateral no fueron en absoluto puestos de relieve pues se consideran normales, que forman parte de las relaciones de amistad que desde hace tiempos tienen los dos paÃses, y que son independientes, en algunos casos, del nombre de la persona que los represente.
Para ellos una cosa es Colombia, paÃs que a pesar de lo que parece es visto con buenos ojos y sobre el que hay un gran interés, y otra el Presidente y su crisis, el cual, al menos en lo que respecta a Francia, quedó, sin pena ni gloria, en el mismo lugar de sospecha en el que antes estaba.
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