Por alguna razón humana quizás el temor a la muerte el hombre tiende a agigantar la figura de quienes han pasado al más allá.
La muerte, incluso, le hace cambiar su opinión sobre el difunto. Tal vez por la desgracia que le ha tocado y que nadie quiere para sÃ.
Por obra y gracia de la muerte, por ejemplo, un mal cantante pasa a ser bueno de un momento a otro.
O un individuo, a quien aquel actor cómico le resultaba insoportable, es capaz de comentar lo mucho que lo hacÃa reÃr.
Hasta un árbitro puede parecernos bueno después de muerto. Qué bien nos anuló aquel gol! , cuánta razón tuvo al no darnos ese penal! .
No es el caso, por cierto, de Obdulio Jacinto Varela, acaso el sÃmbolo supremo de la uruguayidad. Obdulio porque las leyendas no necesitan apellido fue venerado en vida hasta lÃmites inverosÃmiles.
Por sus hazañas en los campos de juego, por el temple que les dio el Maracanazo, felicidad imposible de repetir, y por el misterio que envolvió su vida, Obdulio dejó de ser una héroe deportivo para los uruguayos; se convirtió en una leyenda viviente, en un monumento con piernas. Fue un prócer nacional.
Extrañamente, el Negro Jefe no fue Ãdolo. Nadie coreaba su nombre, ni su juego deparaba estallidos de emoción.
Lo suyo pasaba por el respeto al caudillo incapaz de una renuncia, al patriarca de voz grave y mirada serena, al capitán que siempre capearÃa el temporal y llevarÃa el barco a buen destino, al general que nos honrarÃa en la guerra más cruenta.
Ni sus admiradores más fervorosos se animan a ofrecer un juicio demasiado laudatorio sobre sus aptitudes futbolÃsticas.
Era un buen centromedio sostienen fuente, de respetable remate y criteriosa distribución de juego. No le sobraba técnica, pero derrochaba temperamento, agrandaba compañeros y achicaba rivales .
Nunca quiso hablar de aquella tarde gloriosa en el Maracaná, en 1950. Se autoexilió en su propia casa, se encerró en sus pensamientos y se negó a toda tentativa de reportajes y a cualquier homenaje a su persona.
Yo ya fui, a mi no busquen , pedÃa y, sin quererlo, su humildad, su hosquedad ayudaron a cimentar el mito.
El próximo 20 de septiembre, como todos los 20 de septiembre desde hace 46 años, una nación se levantará y pensará, unánimemente. Hoy cumplirÃa años Obdulio .
Durante casi cinco décadas, el pueblo uruguayo festejó en silencio, como una efemérides, el aniversario del nacimiento de Obdulio Varela.
Hasta el Presidente se llegaba a su humilde casa del barrio Villa Española, de Montevideo, a saludarlo por un año más. El mismo Presidente que ayer le dio su último adiós en el cementerio del Cerro, reducto de especial significación para los uruguayos.
Tucho Méndez, máximo artillero de la Copa América, deslizó jugosos recuerdos de Obdulio como rival.
Yo era un pibe dijo, debutaba en la Selección Argentina. Quedé sorprendido de ver cómo Varela insultaba a Rinaldo Martiño, una gloria del fútbol y un hombre buenÃsimo, Martiño no era de contestar. Me indigné y le dije de todo. Obdulio, sin mirarme, me frenó: cállese, negrito, le voy a hacer chas chas en la colita. A los cinco minutos, corner para Argentina. Yo ya me habÃa olvidado del incidente, fui a buscar el cabezazo. Estaba esperando el centro y recibo un cachetazo que casi me parte la cara. Era Varela. Me di vuelta como para matarlo y me paró de nuevo, con sorna: no sea zonzo, negrito, no se haga echar .
Ese era Obdulio Varela, más que futbolista, caudillo de una nación.
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