Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

VIOLENCIA EN COLOMBIA: HABRÁ FUTURO

Si Colombia quiere llegar al año 2021 como una república unitaria y soberana va a tener que enfrentar en serio el problema de la violencia.

Durante los últimos 25 años hemos disfrutado de un crecimiento económico cómodo, en medio de una aparente normalidad. Hemos prosperado. Pero esta riqueza se ha creado sobre unas bases extremadamente endebles en lo que se refiere a los elementos básicos de la convivencia.

Colombia vive una escalada de violencia y brutalidad que ha convertido al país en una completa aberración en el concierto de las naciones civilizadas.

Colombia es, de lejos, el país más violento del mundo. Se cometen cerca de 80 homicidios por cada 100 mil habitantes, nivel que solo se compara con los de naciones en estado de guerra abierta. Los valores del indicador para países muy violentos, como México y Brasil, se acercan a los 20 homicidios por cien mil. Estados Unidos tiene 8 por cien mil, Alemania cuatro y Japón menos de dos.

En Colombia se comete el 70 por ciento de los secuestros denunciados en el mundo, según el investigador Alfredo Rangel. De los 1.059 municipios que existen en Colombia, el 30 por ciento (322) se encuentran en situación crítica debido a sus problemas de seguridad y el 53 por ciento (569) tienen presencia guerrillera, según Jesús Antonio Bejarano, investigador y antiguo Consejero para la Paz.

En 1994 el 32 por ciento de la producción agropecuaria se encontraba bajo presión , eufemismo que implica que la actividad diaria de las personas dedicadas a este oficio se realizaba bajo la estrecha supervisión de la guerrilla.

Los intentos que se han hecho por resolver la situación han fracasado: las iniciativas de paz, los aumentos en el presupuesto de la justicia y las fuerzas militares, la guerra contra las drogas, los jueces sin rostro. Nada de esto ha servido para impedir el alza en el conteo de los muertos.

Las gráficas que acompañan estas páginas hablan por sí solas. Desde finales de los años 70 Colombia se entregó a una escalada de delitos atroces.

Colombia ha entrado en una situación surrealista donde la violencia es permanente y los hechos violentos ya no se destacan frente al paisaje.

Hacia adelante Colombia está ofreciendo, realmente, un experimento único en ingeniería social para la humanidad. Hasta dónde pueden caer las garantías más básicas de la sobrevivencia personal y los derechos de propiedad antes que una economía, y una sociedad, hagan colapso? Y otro aporte al avance de la ciencia política: Hasta dónde puede una sociedad permitir que se deshagan los fundamentos más esenciales convivencia, antes que sus ciudadanos se hagan cargo del problema? Lo fundamental es entender que la violencia cambia. No solo hay cada día más violencia, sino que su carácter es cada día más peligroso para la supervivencia de la sociedad.

Es totalmente irreal pensar que el país podrá continuar en una senda de progreso en el año 2021 si no se corrige la situación. Varios factores apuntan en esa dirección.

Primero, al mantenerse estos elevadísimos niveles de violencia e impunidad durante largos períodos de tiempo, el sistema de estímulos y castigos de la sociedad cambia de naturaleza. Los jóvenes se adaptan con rapidez al nuevo sistema y alteran su comportamiento.

Las cifras muestran que hoy el ingreso promedio por delito cometido en Colombia es superior al ingreso anual promedio de los trabajadores empleados. En otras palabras, para el individuo promedio sería más rentable cometer un delito que trabajar durante un año. Si se adiciona al cuadro la bajísima probabilidad de ser sindicado y condenado por cualquier delito, el mensaje a la juventud se concreta: es más rentable orientar el esfuerzo hacia el crimen que hacia el estudio y el trabajo.

Existen ya indicadores preocupantes sobre la forma como la juventud está recibiendo estos mensajes. Mauricio Rubio, del Centro de Estudios de Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes (CEDE) ha demostrado que la inasistencia escolar entre los jóvenes no es causada por la carencia de ingresos familiares, sino por la pérdida de atractivo de la educación como vía de movilidad social.

Al mismo tiempo, la participación de los menores de edad y los jóvenes entre los sindicados de delitos se mantiene en aumento. Rubio encontró también que los ingresos esperados por quienes se educan aumentaron en cerca de 10 por ciento entre 1984 y 1992. Sin embargo, los ingresos esperados por quienes se dedicaron al crimen aumentaron en 100 por ciento en el mismo período. El mantenimiento de esta situación en el largo plazo traería efectos desastrosos para el país.

Segundo, la violencia y la impunidad son ingredientes críticos en la expansión del crimen organizado. Para las mafias la impunidad es la garantía de los derechos de propiedad, la barrera a la entrada a sus negocios que garantiza las altas utilidades y la ventaja comparativa que hizo de Colombia la sede ideal para delitos como el narcotráfico.

El aumento del crimen organizado viene acompañado de un aumento en la corrupción estatal. Esta relación ha sido demostrada en Italia y en otras sociedades donde las organizaciones criminales han alcanzado altos niveles de influencia. Las instituciones son cooptadas por el crimen gracias a la impunidad. Su dominio por parte de las mafias garantiza, a su vez, la impunidad futura.

Tercero, la estrategia de la guerrilla ha cambiado. Como lo ha dicho Rangel, de buscar la revolución socialista latinoamericana y la construcción del hombre nuevo, la guerrilla ha pasado a la meta del dominio político de los municipios de Colombia y la creación de clientelas a través de la acción armada.

Su acción se concentra hoy en la conquista del poder político en los municipios por las vías electorales y la imposición de planes de desarrollo municipal que orientan los recursos de inversión pública hacia sus clientelas, exigiendo además diezmos de los contratistas.

La guerrilla ya no piensa que lo importante es derrotar al ejército, sino sacar a la Policía del mayor número posible de pueblos para tomarse el poder local y ampliar su dominio territorial.

Además, la guerrilla ha cambiado sus medios. Sus principales fuentes de financiación en la actualidad son el secuestro, el narcotráfico y la extorsión.

La estrategia ha tenido éxito notable. De acuerdo con Bejarano, el número de frentes de la guerrilla FARC aumentó entre 1982 y 1994 de 15 a 60 y los del ELN pasaron de 3 en 1986 a 32 en 1994. Entre 1978 y 1994 el total de frentes guerrilleros aumentó de 14 a 105. En 1985 la guerrilla tenía presencia en 173 municipios, mientras que en 1994 la tenía en 569, el 53 por ciento del total.

La idea de que el enfrentamiento entre la sociedad civil y la guerrilla ha llegado a una situación estable y que su acción sólo afecta zonas aisladas es totalmente equivocada. Los planes de expansión territorial son claros, incluyen importantes zonas urbanas y se adelantan con buen grado de éxito.

La sociedad colombiana no ha encontrado dentro de sí la decisión y la claridad necesarias para dar la lucha contra la violencia y por la civilización. Se ha dicho que el futuro es una lucha entre la educación y el desastre. En el caso colombiano, el futuro es una disyuntiva entre el realismo y la destrucción.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
11 de junio de 1996
Autor
NULLVALUE

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad