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BALAY, EL NEGRO ROCHA Y EL 20 DE ENERO

El Balay era un toro bravo e inteligente, que ya había corneado a varias personas en las corralejas de Sincé y Cereté, causándole la muerte a algunas , asegura Julio Fontalvo Caro, veterano compositor de aires vallenatos y porros sabaneros.

El Balay era un toro bravo e inteligente, que ya había corneado a varias personas en las corralejas de Sincé y Cereté, causándole la muerte a algunas , asegura Julio Fontalvo Caro, veterano compositor de aires vallenatos y porros sabaneros.

Criado en la hacienda Santa Teresa, propiedad del ganadero Arturo Cumplido, el Balay era un media casta bayo que se destacaba en las corralejas por la tenacidad con que perseguía a un torero en especial o a cualquier persona que se metiera con él.

"No se dejaba distraer por nada, le echaba el ojo a quien le arrojaba algo, como una piedra o una botella, y le perseguía con insistencia", relata el maestro Fontalvo, quien decidió componer una letra para porro en la que se relata la vida y muerte del toro Balay.

Este tema musical se hizo muy popular en las sabanas de Bolívar, Sucre y Córdoba: Había un toro muy rejugao, que era ligero como un rayo, de criolla raza, era un toro color bayo , dice al comienzo la canción.

Al Balay le llegó su hora durante una tarde de corralejas en el corregimiento de Carrillo, jurisdicción municipal de San Pelayo (Córdoba).

El maestro no pronuncia por delicadeza el nombre del verdugo del toro, pero se sabe que se trata de un sincelejano que quiso vengar a un hermano que murió en los cachos del Balay.

Se dice que este anónimo personaje aplicó un veneno muy activo a las puntas de unas banderillas y se introdujo con ellas a la corraleja de Carrillo, sabiendo que esa tarde soltarían al Balay al ruedo.

El hombre esperó pacientemente el turno de este toro asesino, le hizo frente y le clavó en el lomo las banderillas. Así terminó la vida de un animal que hoy por hoy se ha convertido en parte del acerbo popular de anécdotas y leyendas que se tejen en torno al mundillo de las corralejas.

Una estatua para el negro.

Pero si de leyendas se trata, es imprescindible referirse al Negro Rocha, quien constituye una leyenda viva de las corralejas de Sincelejo y de toda la región.

Fue bautizado como Luis Rocha Pérez en 1915. El año pasado cumplió 85 y en estas fiestas de enero espera volver a las corralejas para tirar del rabo a los toros que salgan al ruedo. El Negro Rocha nació en un corregimiento que se llama igual que su apellido,Rochai , en jurisdicción de Maríalabaja (Bolívar). Recuerda que se inició en el mundo de los toros en 1928, en la finca Monzú.

Su arte es derribar a los toros en las corralejas, tomándolos por la cola o por los cachos. Es particularmente recordada una tarde en la que él solo tumbó 40 toros, toda una proeza toreril.

Siempre sale descalzo al ruedo y algunos dicen que está rezado o que tiene pacto con el diablo, porque a pesar de que en la arena abundan los vidrios, nunca se corta. Otros opinan que todo es cuestión de cayo, pero el Negro asegura que lo que sucede es que el vidrio me tiene miedo .

Resulta sorprendente que con tan larga carrera taurina, el Negro Rocha jamás ha sido víctima de una cornada, mientras que todos los toreros de corralejas de 30 ó 40 años exhiben una larga serie de cicatrices por todo el cuerpo causadas por los cachos de los toros.

El dinero que ha obtenido con su peligrosa actividad y con la agricultura, lo ha sabido aprovechar. Por eso tiene un hijo economista, uno veterinario y una modista profesional. No falta quien asegure que a este personaje es menester erigirle una estatua.

De malas con los toros.

Un caso que ha hecho historia en las corralejas sucedió a comienzos de siglo. Se trata de la mala suerte que tuvo con los toros Cayetano Barón. El buen Cayetano decidió dejar de mantear toros luego de sufrir una seria cornada.

Al año siguiente se pasó al bando del público, intentando gozar de la fiesta como un simple espectador, pero se cayó de lo alto del palco, sufriendo varias fracturas.

Ya convencido de que lo de los toros al fin y al cabo no era para él, decidió quedarse en su casa de la calle Cauca el próximo año, pero quiso el destino que un toro escapado de la corraleja se metiera precisamente por esa calle y llegara hasta la terraza en donde Cayetano descansaba, causándole al infortunado hombre una cornada.

La cosa no termina ahí. Pasó otro año y se volvieron a celebrar corralejas en Sincelejo. Cayetano, receloso y precavido, decidió no asomarse ni siquiera a la puerta, pero volvió a escaparse un toro del ruedo y emprendió la carrera directamente hacia el patio de Cayetano.

El pobre hombre fue sorprendido por la bestia mientras descansaba en una hamaca. Se dice que el toro lo cargó en vilo con todo y hamaca y le causó varias fracturas. Luego el animal pasó al patio de un vecino, Vicente Carrascal, a quien también hirió.

Dos días de difuntos.

Escuchada muchos años después y no siendo uno el protagonista, resulta una historia divertida, pero no todo en la historia de las corralejas de Sincelejo ha sido diversión. Este año se cumplen 21 años de una tragedia que aparece registrada en el Libro de Récords Guinnes como la peor en la historia mundial de las fiestas de toros.

Se trata del desplome de los palcos de madera que tradicionalmente se arman en enero para hacer la corraleja. En este trágico accidente murieron, de manera inmediata, unas trescientas personas, pero el número de muertes se elevó a más de quinientos en los días subsiguientes.

Desde entonces, se dice que Sincelejo tiene dos días de los difuntos. El del primero de noviembre, que se conmemora en todo el mundo cristiano, y el del 20 de enero, fecha en la que no sólo se llena el coliseo de toros, sino el cementerio, con los deudos de las personas que murieron en esa fecha.

El accidente hizo que las corralejas fueran cuestionadas y se dejaran de celebrar durante dieciocho años. Pero han renacido y el pueblo sincelejano, con su participación masiva, ha demostrado que sigue enamorado de una costumbre que representa una de sus más antiguas tradiciones.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de enero de 2001
Autor
FRANCISCO BARRIOS

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