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LA BIGAMIA YA ES LEGAL

Noto más cariñosas a las mujeres desde que la ley colombiana legalizó la bigamia. Yo las comprendo: como están las cosas, hay que asegurarse marido aunque sea compartiéndolo.

Noto más cariñosas a las mujeres desde que la ley colombiana legalizó la bigamia. Yo las comprendo: como están las cosas, hay que asegurarse marido aunque sea compartiéndolo.

Hasta hace un tiempo, las mujeres sabían que una aventura con un hombre casado era fuente de problemas. O el tipo las mantenía a manera de sigilosa zona de despeje sentimental, siempre escondida y rotulada como "la otra"_-sobre esto hay canciones estupendas--, lo que confería un humillante carácter a la novia. O bien acababa divorciándose de su legítima, traumático proceso que suele desembocar en aparatosos naufragios emocionales.

Pero el legislador colombiano, siempre sabio, abrió un nuevo camino: ni amantazgo, ni divorcio: bigamia. Tanto debatir en Europa de la Tercera Vía, y los colombianos la inventamos sin tanta discusión ni tanta pendejada. Ahora el marido responsable podrá casarse con las dos señoras, sin que ninguna se sienta pordebajeada y, sobre todo, sin que ningún juez se le meta en la alcoba a enrostrarle el Código Penal.

Es posible que en un principio resulte difícil sobrellevar el doble matrimonio. Pero las normas de civilización y conveniencia prevalecerán y garantizo que, dentro de un tiempo, no sólo será una institución socialmente aceptable, sino los buenos bígamos (o bígamas) compartirá encantados techo, mesa y, en ocasiones, hasta lecho con sus dos cónyuges.

Surgirá una nueva urbanidad para que estos casos se manejen con toda cortesía.

-- Renata: quieres dormir esta noche con Dionisio?.

-- No, mija, muchas gracias. Estoy fundida. Más bien duerman ustedes juntos hoy, y yo les llevo mañana el desayuno a la cama.

-- Está bien, china, pero entonces yo preparo la comida de nuestros niños.

-- A propósito, encima de la mesita dejé mi quincena, para el fondo común: la semana entrante hay que pagar matrículas.

Y todos felices, ahorrando entre los tres y repartiéndose las caricias maritales. A la mujer de mi marido la llamarán "cocónyuge", y llegaremos al apodo cariñoso de cocón para quien comparte la alegría del triunvirato con otra mujer u hombre. "Me tengo que ir --dirá una de las esposas del bígamo-- porque Renata, mi cocón, está de cumpleaños".

El problema es que las creaciones humanas tienden a deteriorarse, pues padecen una entropía ineluctable. Nuestra especie se desintegra, camina hacia la extinción, y semejante destino se refleja en todo. Hasta en una institución tan ingeniosa como la bigamia. Apuesto que, tras unas décadas pletóricas de amor, solidaridad, sana convivencia y ahorro, la idea del trío de tres se convertirá en un conflicto de 2+1. Y es fácil adivinar que la llave la harán las dos esposas contra el pobre marido.

-- Renata: esta noche te toca acostarte con Dionisio.

-- Ni muerta, mija: ya dormí toda la semana pasada con él.

-- Pues yo tampoco me lo aguanto. Vámonos a cine y que duerma solo.

-- Sí. Es lo menos que podemos hacer con semejante vago, que dejó de trabajar para que lo sostengamos entre las dos.

La bigamia, así, se sumergirá en progresivo deterioro. Un día las dos brujas le tirarán la puerta en las narices al bígamo, y el pobre simplemente tendrá que ir a buscar colchón y comida en la casa paterna.

-- Mis mujeres no me entienden-- confesará, sollozando, a la mamá; y la mamá, conmovida, llamará a sus cocón y, como ellas dos sí se entienden porque pertenecen a la generación en que la bigamia era sagrada y no había entrado en crisis, consolarán entre ambas al pobre Dionisio, hijo mayor de su difunto bi-esposo.

Se llegará de este modo a la poligamia, que tendrá también una época de plenitud y, llevada por la imparable decadencia de la especie, se volverá un conflicto permanente de tres contra Dionisio, cuatro contra Dionisio o veintitrés contra Dionisio. Calculo que hacia el siglo XXII regresaremos al matrimonio monógamo como falsa fórmula salvadora. La bigamia volverá a ser delito, incluso en Colombia.

Entonces, se pregunta uno, por qué tantas idas y tantas vueltas? Por qué el legislador optó por quitarle todo castigo? Por qué no mantuvo las cosas como estaban?.

La razón es muy sencilla. El legislador decidió con muy buen tino no sancionar al bígamo por la misma razón que la ley se abstiene de sancionar al suicida con la pena capital, ni reprender con cárcel por lesiones personales al que se hace daño a sí mismo. Es decir, que el legislador, en su sabiduría, entendió que el peor castigo para el bígamo es la bigamia.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de junio de 2001
Autor
Daniel Samper Pizano

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