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BOCHALEMA A LA SOMBRA DEL SAMÁN

Bejuco se llamaba el bobo del pueblo y tres años después de su muerte, aún los bochalemeros lo recuerdan con cariño.

Cuentan que lo encontraron muerto en la iglesia del cementerio, como si sus pasos lo hubiesen llevado conscientemente hasta allí. Dicen que vestía sobretodo y que era de una familia bien .

Qué plato, que vivan las fiestas! , era el dicho que siempre gritaba, mientras espantaba a las personas cargando en sus manos una tripa de animal repleta de agua, y mojaba a quien se le pasara por delante y lo correteaba sonriente por la plaza todo el día. Por esa plaza de delicioso clima, donde viven el silencio y la parsimonia.

Y es que en Bochalema se cuentan muchos cuentos. Se cuenta también que Chicharrón tomó licor hasta el último día de su muerte, cuando un hueso de pescado le atravesó la garganta. No tenía enemigos, lo mató el delicioso sabor del guisado de pescado.

Desconocido escenario El lugar donde se escuchan estos cuentos está a diez minutos del río Pamplonita, es pintoresco, sosegado y hospitalario.

Su urbanismo lo constituyen diez manzanas delimitadas por calles empedradas que forman un cuadrilátero irregular cuyo centro es un parque enmarcado por palmeras.

Bochalema está perdido en el mapa, es un valle otrora habitado por las tribus Catires y Chiracocas; albergue de la cultura Bocalema, que existió tres mil años antes de Cristo.

Hoy por hoy es una de las 1.056 cabeceras municipales de Colombia y uno de los cuarenta municipios que conforman el fronterizo departamento de Norte de Santander.

Sus habitantes y turistas afirman que tiene el mejor clima del mundo.

Paraíso del mundo Aparte del brazo de carretera que lo comunica con la Central, a Bochalema llegan caminos por todos sus puntos cardinales provenientes de las veredas vecinas.

Son caminos de herradura distendidos en la tierra que conducen al campesino en su peregrinación natural.

Son famosas las quebradas La Chiracoca y Suárez, rodeadas de cafetales y cañaduzales.

Cercanas están las poblaciones de San Cayetano, Pamplonita, Chinácota, Villa del Rosario, Cucutilla, Arboleda y Durania.

El municipio se abastece de agua pura de sus tres quebradas: Agua Blanca, Aguamarina y La Chiracoca, un servicio que paga anualmente.

Con cinco mil habitantes, 60 por ciento de ellos ubicados en el casco rural; y un área de 158 kilómetros cuadrados, Bochalema vive del café, la panela y la caña de azúcar; el fique, la yuca, el plátano y los frutales; en el corregimiento de la Donjuana, existen yacimientos carboníferos.

Ostentando una auténtica arquitectura colonial, Bochalema está a una hora de San Antonio del Táchira y Ureña. De Bochalema a Caracas distan 13 horas en bus.

Allí nació el connotado músico José Rozo Contreras; se ubica la Cueva del Indio, la cual alberga vestigios de la antigua tribu que allí habitó, y la capilla de la Cueva Santa, recinto que recibe diariamente a los devotos de la patrona.

Samán de abolengo En mitad de la plaza luce majestuoso un inmenso samán, rey de las selvas americanas, árbol significativo en la historia venezolana; bajo sus ramas pasó Miranda y acampó Bolívar cuando relampagueaba la visión de una América Libre.

Bajo el frondoso y gigantesco samán, cuyas raíces llegan a los extremos de la población, se cobijaron por algún tiempo alumnos de la facultad de Tecnología Agropecuaria de la Universidad Autónoma Francisco de Paula Santander.

A los bochalemeros de espíritu soñador y tranquilo, los motiva la cercanía decembrina. Desde mitad de año se apartan los toldos en el parque.

Parsimonia y tranquilidad desaparecen cuando asoma diciembre. La feria lo transforma todo. Bailando por las noches bajo el samán del parque, hasta que llega la aurora, los bochalemeros despiden el año viejo y reciben los reyes magos.

Se triplica el número de habitantes por esa época, los comerciantes hacen su agosto. Se baila al son de orquestas y bandas salidas de la calurosa frontera.

Hasta el seis de enero las calles, acostumbradas al silencio, respiran aroma de fiesta, de noche y de día.

La inmensa plaza de toros, inaugurada al final del año pasado, espera diciembre para que reaparezcan los enanitos toreros, el festival ranchero y la música guascarrilera.

Luego, la plaza y su samán quedarán sitiadas nuevamente por el silencio, la parsimonia y el delicioso clima.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
Fecha de publicación
19 de octubre de 1995
Autor
Por VIVIANA ESGUERRA V.

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