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NOTAS DE DESPECHO EN EL OLAYA

Cuatro de las grandes estrellas del desamor se presentaron el sábado en el Festival del Despecho que se realizó en el Estadio Olaya Herrera, al sur de la ciudad.

Allí, en el mismo lugar en donde los domingos se juega fútbol aficionado, los seguidores de Luis Alberto Posada, las Hermanitas Calle y Darío Gómez, se dieron cita para entonar y llorar el amor perdido.

El primero en aparecer en escena fue Luis Alberto Posada, quien desempacó su trabajo más reciente, eso sí, alternando con éxitos de antaño.

Por tal motivo, el público, que venía desde los rincones más lejanos del sur de la ciudad, estuvo un poco parco.

Aquí, vale la pena decir que el festival es el primero, que de forma masiva, se realiza en el sur de la capital de la República. Por eso, la gente no faltó a la invitación que le hizo una de las empresas cerveceras más viejas del país.

Acicalados, encopetados y con sus trajes de domingo, los capitalinos empezaron a llegar muy cumplidos para ver a sus ídolos.

Claro está, que antes de ingresar, se aprovisionaban de comidas: papas chorreadas, fritas, pollo, lechona, carnes...y demás alimentos que se encontraban dispuestos en las entradas del estadio. Todo, mezclado con manzanilla, cerveza, gaseosa, limonada o refajo.

En este momento, empezaba el otro espectáculo, el de los enguayabados que de inmediato quedaban entonados, pero no para cantar, sino para hacer el oso . Tumbo a la izquierda, golpe a la derecha, caída y nueva levantada para iniciar, otra vez, el recorrido hacia el suelo.

Por eso, mientras unos se divertían con las canciones, otros hacían lo propio con los borrachos, que durante toda la tarde, no dejaron de hacer su propio show.

Cuando las hermanas Nelly y Fabiola Calle salieron al escenario, ya más de uno estaba derrumbado de la pena.

Estas dos artistas, que se encargaron de prender al público, iniciaron su presentación con una de sus canciones más conocidas: Gaviota.

De ahí en adelante, nadie pararía. Posteriormente vendría La jarretona, El carro rojo y sinnúmero de canciones, todas memorizadas por sus seguidores. Luego, terminarían su presentación con la famosa Cuchilla.

Por último, aparecería el rey del despecho: Darío Gómez, personaje que se ganó por completo al público.

Al espectáculo asistieron tanto las nuevas como las viejas generaciones. La edad era lo de menos, lo importante, era divertirse.

Aunque el del sábado era el Festival del Despecho, muchos} asistieron con su pareja para celebrar su amor.

Otros, en cambio, se quedaron llorando su pena, cantando, gritando y esperando que, tal vez, en otro festival, puedan encontrar el amor que un día se les fue.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
16 de octubre de 1995
Autor
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