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Claves para no sufrir al escoger un vino

Les ha pasado, por supuesto. A todos nos pasa. Están frente a la sección de vinos del supermercado. Cien, doscientas botellas frente a ustedes, doscientas elecciones posibles y entonces, qué hace uno allí, acosado por esas etiquetas, todas tan bien diseñadas como confusas.

No ayuda saber mucho de vinos, la verdad. Ayuda más saber un poco de vinos y, sobre todo, para qué quiere uno el vino. Si se trata de un regalo para una persona importante, bueno, vamos por un tinto bueno: un buen Rioja, un malbec argentino respetable o un cabernet chileno para impresionar. Es probable que la mayoría sean caros, pero quizás no necesariamente tengan que elegir por el precio. Prueben, por ejemplo, con algo que el festejado no conozca, como un tinto sudafricano o uno de la Toscana, que producirán un buen impacto.

Pero puede que estén allí porque van a una fiesta de amigos, a un almuerzo informal y, claro, estaría bueno llevar un vino y aclarar, de entrada, que no se trata de un regalo para los anfitriones, sino de una botella para abrirla y beberla de inmediato. Para ese tipo de ocasiones, vayan por algo de precio medio y jueguen a la segura porque la idea es que el vino sea bebido y disfrutado por todos. Lleven un carmenere chileno, por ejemplo, y apoyen el brindis con la historia de que esta es la cepa emblemática de mi país. Siempre ayuda contar historias sobre lo que estamos tomando. Le da un plus, le pone al vino en un contexto cultural, que es importante. Claro que también pueden llevar algo que se beba sin hacer demasiado ruido.

Pueden recurrir, por ejemplo, al chardonnay australiano que gusta porque es dulce y amable (y mil perdones por esta horrible generalización que hago). O vayan por un merlot argentino que, de seguro, no les cambiará la vida, pero en cambio será suave y todos lo beberán fácil.

Pero también pueden estar en el supermercado por la más noble y normal de las razones por las que uno debiera ir a comprar vino: por la comida. Piensen en el menú. Y recuerden: no es tan importante que el vino sea tinto o blanco, sino que que tenga una intensidad similar a la del plato. Guía básica de maridaje Para comida potente, vayan por tintos como cabernet sauvignon, syrah, cabernet franc –a veces– o Riberas del Duero, que aguantan hasta la más descarnada de las preparaciones. Si van a comer ligero, elijan pinot noir o malbec –siempre y cuando éste último sea barato–. Si van por pescados, ya saben, los blancos son la elección segura, pero no se olviden de tintos como el pinot, o también los riojas baratos, que son ligeros y de buena acidez y que pueden ir bien con pescados, sobre todo si van a la parrilla.

Y lo más importante es que si se equivocan, si el vino que eligieron fue apabullado en la comida; si nadie lo entendió o, peor aún, quedó la botella en silencio, a un costado, apenas tocada o servida en esas copas que todos dejaron a medio beber, no importa, ya aprendieron algo. Y para la próxima pueden cambiar de vino o de amigos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
7 de noviembre de 2010
Autor
PATRICIO TAPIA

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