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EL ORO, AL FINAL DEL ARCO IRIS

Con sus 180 centímetros de estatura y sus 80 kilos de peso, el español Miguel Induráin es, hoy por hoy, la referencia número uno, el faro del ciclismo mundial. Ya ganó todo lo que quiso, ya se aseguró un lugar en la historia, ya marcó una época, ya impuso un estilo, ya es un modelo ejemplar, ya puede morir tranquilo. Sin embargo, aunque a su palmarés no le falta ninguno de los adornos indispensables para ser una leyenda viviente, él quiere sumar otro éxito más: la medalla de oro en la prueba individual de ruta de Campeonato Mundial.

Cinco veces consecutivas campeón del Tour de Francia igualó la marca de Eddy Merckx, Jacques Anquetil y Bernard Hinault, dos veces del Giro de Italia, una vez del Dauphiné Liberé, poseedor del récord de la hora y, desde el miércoles pasado, campeón mundial de la contrarreloj individual, Miguel Induráin es, de lejos, el mejor ciclista de finales de siglo. Un deportista superdotado, poseedor de un cuerpo privilegiado y de un equipo se asesores que lo han llevado con perfección, que también supera al corriente de seres humanos en el aspecto personal. Es un caballero a carta cabal, un modelo de comportamiento, de humildad, de sencillez, de profesionalismo.

Durante tres semanas, se sacrificó y, en Colorado (E.U.), se preparó específicamente para venir a Colombia y ganar la doble corona de la ruta, lo único que le faltaba a su brillantísimo palmarés para ser perfecto, a la altura de los más grandes de la historia. El miércoles, entre Paipa y Tunja, cuando devoró los 43 kilómetros del recorrido y plasmó, de nuevo, su asombrosa superioridad en las contrarreloj individual, se adjudicó la mitad de la etapa . Hoy, en los 265,5 kilómetros del circuito de Duitama, saldrá a completar la hazaña.

El Mundial Colombia-95 será recordado como sui generis, algo especial en la historia de este torneo. Para empezar, el país es, sin competidores a la vista, el único reducto que, desde este lado del Atlántico, le puede hacer contrapeso a los europeos. Además, aquí nacen, se crían, se forman y se proyectan los ciclistas que en el Viejo Continente son garantía de espectáculo, el imán que atrae al aficionado, ávido de nuevas emociones.

Por otro lado, como ninguno otro en la historia, el de Colombia-95 ha sido el Mundial de las incertidumbres. A 48 horas de la iniciación de las competencias, las obras carecían de maquillaje, la infraestructura de telecomunicaciones estaba en veremos, la pista del velódromo despertaba duras y la afición a pesar de la arraigada cultura que hay en torno de la bicicleta no creía en la realización del torneo. Sin embargo, todos los inconvenientes fueron superados y el certamen, que concluye hoy, dejó una huella imborrable, positiva.

Durante años, Colombia giró alrededor de las victorias y las derrotas de los escarabajos en las tres grandes pruebas del calendario internacional Vuelta a España, Giro de Italia y Tour de Francia, una pasión que en los momentos cruciales fue capaz de paralizar al país. Sin embargo, la gloria resultó efímera y el castillo de naipes, de bases poco sólidas, se derrumbó. Con notables irregularidades, esporádicas satisfacciones y un mar de dudas, el ciclismo criollo ha conseguido mantenerse vigente, aunque sin el protagonismo de otras épocas.

El Mundial, entonces, es la llave para volver a abrir la puerta de la gloria, de la inmortalidad. La mayoría de los factores juegan a favor de nuestros ciclistas: la altura, el clima, la condición de local, el apoyo del público y el proceso de preparación. Sin duda, los 12 mejores corredores profesionales de Colombia se alistarán hoy en la salida, para intentar hacer realidad el sueño de 33 millones de corazones: subir al podio.

Desde el 29 de enero de 1993, cuando la Unión Ciclística Internacional (UCI) anunció oficialmente que le concedía a Colombia el honor y la responsabilidad de organizar el certamen ecuménico de este año, se inició la fiesta. Con el estilo característico nuestro, con el indeleble sello de nuestra idiosincrasia, en medio de disputas personales, de envidias y de una inmensa incredulidad, el Mundial fue una realidad, exitosa e histórica.

Durante años, décadas, quizás, el país, varias generaciones de colombianos, vivieron para ser testigos de excepción de este día. Independientemente de lo que logren conseguir los 12 escarabajos en liza, este domingo 8 de octubre de 1995 será inolvidable. Porque, la historia así lo relatará, fue el día en que Miguel Induráin, el mejor ciclista de planeta, varias de las más importantes figuras y una docena de héroes criollos, rodaron por Duitama, el corazón de Boyacá, la cuna del ciclismo nacional, lucharon como valientes en pos de la gloria y la fama que la camiseta Arco Iris le entregan al campeón mundial.

El gran día llego, y, si bien el resultado deportivo acaparará la atención, lo verdaderamente importante es que el país le ganó otro partido al mundo y, aún más, un puñado de quijotes derrotó a los incrédulos, a los críticos de oficio. Que viva el Mundial y que gane el mejor!...

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
8 de octubre de 1995
Autor
CARLOS EDUARDO GONZALEZ

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