Toros: más allá de la ecología

Toros: más allá de la ecología


26 de julio de 2010, 05:00 am

Esta semana, la Corte Constitucional tomará la decisión de concederle el indulto a la fiesta brava en Colombia o propinarle una estocada de muerte.

Debe decidir una demanda de inconstitucionalidad contra el artículo 7o. de la Ley 84 de 1989 sobre la protección de los animales. En este tema, como en las mismas faenas, hay opiniones divididas. Tres magistrados están en contra y tres, a favor del milenario arte del toreo.

Deben sopesar muy bien los magistrados su determinación final. No se puede desconocer que hay un creciente sentimiento antitaurino, especialmente en la juventud, y que el debate crece en el mundo. En Cataluña (España), este miércoles es factible que se vote una ley en contra. Pero en el toreo en Colombia, aparte de raíces culturales e históricas, están en juego los derechos constitucionales de las minorías, que suele y debe defender la Corte. Más allá de ello y de respetables argumentos de violencia contra los animales, en estos momentos de crisis económica, cuando el desempleo llega al 13 por ciento y hay millones de personas en la faena del rebusque, con un 46 por ciento de pobreza, acabar con el toreo puede ser una cornada a un gran sector. Unas 5.000 familias viven alrededor de esta fiesta. Igualmente, se quedarían en el limbo casi un centenar de ganaderías de bravo, con el personal, profesional, técnico y de jornales, que emplean. Y constituiría grave impacto a las economías de ciudades como Cali, Manizales y Medellín, entre otras, que con sus ferias taurinas reviven sus economías.

Bogotá ha recibido de la Corporación Taurina, en los últimos 10 años, 9.400 millones de pesos para parques. Cormacarena de Manizales ha aportado en ese periodo 4.200 millones para el hospital de la Cruz Roja, que atiende a niños de estrato humilde. Suma cercana otorga Cormacarena de Medellín al Hospital San Vicente de Paúl. Los toros, con su filón elitista, tienen cara social. Y mueven una gran afición, que llena las plazas, hoteles y clubes, y de los cuales viven desde los humildes vendedores de botas licoreras, hasta las familias de los toreros. Por lo general, seres humildes, que ven en esta dura profesión de enfrentar a la fiera y al hombre la luz para sacar a los suyos adelante. César Rincón, que le ha dado nombre a Colombia, es un ejemplo.

Si la Corte resolviera acabar la fiesta, paradójicamente le estaría dando el puntillazo final al bello toro de lidia en Colombia que, curiosamente, es gran protector de la biodiversidad, de fuentes de agua, pues, al ser criado en grandes extensiones, no permite la depredación humana. Difícil decisión tiene la Corte. No es solo un tema de ecología, sino de derechos y de carácter cultural y social.

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