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El sexo nos entra por la oreja
A nosotras nos gusta que nos hablen antes, durante y después del aquello. ¿Cómo hacemos para que los señores entiendan este principio tan simple? Está cientÃficamente comprobado que asà como a ellos todo les entra por los ojos, a nosotras unas palabras dichas en el momento y en el tono justos, pueden ponernos a punto de caramelo.
Pareciera que el oÃdo tiene una conexión directa con los órganos que determinan las ganas. En últimas, a nosotras nos enloquece que nos echen el cuento como debe ser.
¿A cuántas no se nos ha venido al piso la imagen de un hombrazo hormonado y bien dotado con sólo oÃrlo hablar? No quiero decir que debamos esperar siempre que los machos tengan la labia de un orador. Ni más faltaba. Me refiero, insisto, a ese estilo masculino y seductor que toda mujer espera encontrar en quien la invite a la cama.
Éste entraña una especie de glamour que hace posible que hasta las palabras sucias causen excitación. Eso sÃ, señores, tengan en cuenta que si no quieren recibir un no por respuesta, éstas tienen que llegar al oÃdo antes de que se lancen a tocarnos.
La conversación no debe ser de temas jartos o profundos, como la caÃda del dólar; tampoco nos interesa el relato de sus experiencias en la cama ni del rendimiento de sus racimos. Eso podemos descubrirlo solitas.
MÃrennos a los ojos y háblennos de lo que están sintiendo. Traten de que las palabras sean medidas y de decirlas con humor, además de confianza y seguridad; que quede claro que los bobazos no nos interesan.
Hágannos ofertas que no podamos rechazar (‘¿Puedo besarte?Â’, ‘¿Te puedo poner la mano aquÃ?Â’), pero en un tono cargado de hormonas, que revele sus ganas. Nosotras tenemos un sensor para esoÂ… La idea es que no paren de hablar, ni siquiera mientras lo están haciendoÂ… Eso sÃ, no digan bobadas que suenan ridÃculas (‘¿Dónde estuviste toda mi vida?Â’, ‘Te amoÂ’, cuando se acaban de conocer o ‘Eres la mujer más maravillosa del mundoÂ’). En este caso se vale ser honestos y acordes con lo que se está sintiendo: ‘Esto me encantaÂ’, ‘Estás deliciosaÂ’.
Y como no se trata de un examen, eviten, por favor, las preguntas idiotas: ‘¿Te gustó?Â’, ‘¿Cómo estuve?Â’. Eso sÃ, sigan hablando, sobre todo después.
Aguanten un poquito el sueño, abrácennos y susúrrennos cosas al oÃdo. Seguro que nos tendrán de nuevo en su cama o, por qué no, cuando despierten.
Hasta luego
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Salud
- Fecha de publicación
- 27 de junio de 2010
- Autor
- ESTHER BALAC
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