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EL RUMOR Y EL CHISME

El rumor es por definición un fenómeno social. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, rumor es voz que corre entre el público, o ruido confuso de voces...

Los sicólogos definen el rumor como una proposición específica para crear, que se pasa de persona a persona, por lo general oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla.

El rumor y el chisme no significan lo mismo. Pero, de tanto aunarlos los seres humanos, comparten infinidad de rasgos similares que la gente común termina por confundirlos.

En la mayoría de los casos todos somos más o menos inexpertos y, precisamente, en relación con ese grado de inexperiencia, caemos inevitablemente en el rumor. Además, no se dispone ni del tiempo ni de la paciencia para reunir todo lo que oímos con elementos o pruebas indubitables, aunque tales elementos existan y los tengamos a la mano.

Siendo así, la más segura defensa contra el rumor será un escepticismo generalizado frente a toda la información verbal que recibamos. De esta manera, el escepticismo es una de las más poderosas armas para romper con la cadena casi indestructible del rumor que conduce al chisme, bien o mal intencionado.

Empero, se debe tener mucho cuidado para que la cautela o el sano escepticismo no degeneren en un negativismo desprovisto del juicio crítico. Porque así, un exceso de desconfianza conduce a no creer hasta de las informaciones mejor documentadas.

Lógicamente que en todo rumor existe siempre algo de verdad. Pero, en su curso, alentado por los seres humanos, se lo va recargando de fantasías, que al final de cuentas resulta imposible reconocer el origen del rumor, o sobre los hechos primarios que lo impulsaron.

Indudablemente que del rumor y el chisme se llega fácilmente a la calumnia. Los tres son parientes cercanos. Mucha gente malévola utiliza un simple rumor para tratar de hacer el mayor daño posible a su malqueriente. Después de todo, él sabe que de la calumnia algo queda, como se dice comúnmente.

Los propagadores de rumores son especialistas en deformar la realidad del hecho, convirtiéndolo, de un rumor intrascendente, en una malvada conclusión.

También es axiomático que el rumor avanza únicamente en un ambiente de mentalidades semejantes, de individuos instigadores o estimuladores de rumores o chismes. Tendremos todos los colombianos una actitud igual ante un rumor generalizado? Existe un ejemplo clásico para demostrar sobre un elemento ignorado del deseo oculto, cómo se impulsa y se conduce al chisme, así: la señora Pérez a la señora Hernández. Hace días no veo a la señora de Tatis, será que está enferma? La señora Hernández a la señora Vélez: la señora Pérez dice que si no estará enferma la señora Tatis.

La señora Vélez, que odia a la señora Tatis, le dice a la señora Covo, quien profesa simpatía por la señora Tatis: me cuentan que la señora Tatis está enferma. Será grave, o no? La señora Covo a la señora Piedrahita: dicen que la señora de Tatis está enferma de cuidado. Tengo que ir en seguida a visitarla para ver cómo está.

La señora Piedrahita a la señora López: parece que la señora de Tatis está muy enferma. Acaban de avisarle a la señora de Covo.

La señora López a la señora Martínez: dicen que la señora de Tatis está muy grave, y ya han llamado a todos sus parientes.

La señora Martínez a la señora Méndez: qué se sabe de la señora de Tatis? Ha muerto ya? La señora Martínez a la señora Henríquez: usted piensa ir al entierro de la señora de Tatis? Me han dicho que murió ayer.

La señora Henríquez se encuentra casualmente con la señora de Tatis: acabo de enterarme de que usted había muerto e iban a enterrarla hoy. Quién sería la persona que hizo rodar tal infamia? Y responde la señora Tatis: Oh! Cuántas personas no se alegrarían con semejante notición? Estoy seguro de que los pacientes lectores han vivido una situación similar a la descrita anteriormente; de una simple averiguación sobre tal o cual situación humana, queda finalmente tergiversada cuando interviene, en la cadena del rumor, una persona insidiosa.

En el ejemplo anterior se demuestra que la gente formula sus conjeturas de acuerdo con sus predilecciones subjetivas. Por otra parte, muchas personas para tratar de llamar la atención de los demás, sueltan a quemarropa esta frase: yo sé algo que ustedes ignoran (muy común en los cocteles), y este es un preámbulo al rumor. Al referir el cuento, el personaje para hacer rodar el rumor o un chisme se coloca en posición de dominio frente a los presentes. Esta es una actitud irrenunciable para aquellos individuos cuya vida carece de interés y tratan de llamar permanentemente la atención, y hacen crecer así su vanidad y autoestima; aunque con su actitud, la mayoría de las veces resultan disolviendo grupos sociales.

Ahora bien, no nos estará pasando a los colombianos lo mismo con el famoso Proceso 8.000? Debemos dejar atrás esa situación de rumores que a la larga nos hacen daño a todos. Que sean las autoridades judiciales quienes resuelvan, con su sabiduría, los complejos problemas que se investigan. Y dejemos gobernar al presidente Samper.

Al ilustre mandatario le está pasando lo que a los héroes del Valhalla, que empleaban todo el día en cazar un jabalí salvaje, al que mataban todas las tardes, y revivía milagrosamente todas las mañanas.

Diariamente al despertarse, tiene que oír y leer todas las especulaciones o rumores que circulan. Claro, sin comprobaciones legales.

De verdad es que todos estamos aplicando la famosa teoría hitleriana de que cuanto más grande es la mentira, tanto más creída .

Sobre el chisme o la murmuración, lo grave es que conducen al anónimo, que es la forma más avanzada de la perversidad.

El chisme es tan antiguo como el mundo. Ha estado presente en la larga historia de la humanidad. Siempre ha sido, y es recurrente en toda conversación.

De los rumores y el chisme no se han salvado ni los grandes de la historia. El rumor mandó a Sócrates a la muerte, acusado de pervertir a los jóvenes atenienses y de incitarlos a la rebelión. Platón, después de escribir sobre el gobierno de la República, tuvo que buscar refugio en un suburbio de Atenas.

Y Kant no fue acaso objeto de la maledicencia que lo llevó a conflictos con el poderoso estado prusiano? En fin, la verdad escueta es que tanto el que detracta como el que oye, todos dos tienen la infamia sobre sí; el uno la tiene en la lengua y el otro en la oreja , según Quevedo.

Resultante de todo, es clara la inferioridad de la vida donde se mueve el malediciente, como la superioridad de la vida del infamado.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
2 de enero de 1996
Autor
AUGUSTO DE POMBO PAREJA

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