PENA UN BUQUE FANTASMA A LO LARGO DEL RÍO

PENA UN BUQUE FANTASMA A LO LARGO DEL RÍO

Mucha gente de Magangué y de casi todos los pueblos del río en los últimos tiempos han sentido la satisfacción de ver el alma en pena de uno de los tantos y tantos buques de vapor siniestrados que quedaron como un grato recuerdo de la fragorosa navegación del Río Grande de la Magdalena.

29 de julio de 1995, 05:00 am

Es el David Arango que hace el recorrido inverso de su vida , me dijo una madrugada de abril mi papá Tomás cuando lo vimos que asomó más allá del repuntón de la Isla del Encanto a donde llegaban miles de caimanes bobos a dormir mientras las garzas con su largos picos les sacaban las migajas de los dientes. Tengo muy presente aquella visión, pues el buque con sus enormes ruedas y su orquesta entonaba las canciones de Carusso, mientras en silencio se deslizaba lentamente por las aguas del río, acompañado por miles de chanas que asustadas alzaban vuelo a rincones desconocidos.

Recuerdo que el buque estaba totalmente iluminado y se veía movimiento de gente, pero a diferencia de los otros buques de vapor que había visto en mis viajes en balsa a la ciudad de Barranquilla a vender tinajas, ollas y tabaco en compañía de mi abuela Ismenia, éste venía elevado veinte metros por encima de las aguas.

Esos buques maravillosos que se caracterizaron por su asma crónica, sus elegantes camarotes, sus chimeneas con una larga y espesa cola de humo, su distinguida tripulación que se alimentaba únicamente de sardinas tiernas, sus ociosos y holgazanes pasajeros que se la pasaban días y meses y años, viajando y jugando, jugando y viajando en los caros y lujosos casinos, que llegaban de tarde en tarde con un séquito de bancos de olas y una algarabía de pájaros burlones para atiborrar sus calderas de combustible, seguirán penando eternamente en las aguas del río de nuestra vida, si no llega un alma caritativa y los rescata de su largo y lento peregrinar.

Mientras, seguidores viendo los espíritus errantes de los buques de vapor que en los últimos tiempos han salido de su eterno reposo para llegar a los pueblos y ciudades que ha muchos años disfrutaron con su existencia.

Dicen algunas personas de las que llegan cada amanecer a las Fondas de las albarradas de nuestros pueblos a desayunarse un suculento barbú que a lo lejos muchas veces han visto el Fidelidad, otra veces aparece el General Bolívar, o asoma el Medellín, otros discuten que es el Monserrate o el Vásquez P. y otros alegan que es el Elbera. Pero los más ancianos de aquellos hermosos pueblos dicen que es el espíritu del Discovery, la nao de Henry Hudson de Mañozca el pirata inglés tuvo la osadía de penetrar del Magdalena y llegar a la histórica Mompox en busca de una tonelada de oro que había escondido el oidor Guior en el pozo de la Noria en tiempos en que la actividad del contrabando la iniciaban los propios representantes de la Corona.

De acuerdo con una antigua tradición los buques de ruedas que surcaron las aguas de nuestros ríos salen de las profundidades del tiempo cada cincuenta años de aquellos lugares encantados para hacer un recorrido inverso en todos los puertos que antaño visitaban. El Río Grande de la Magdalena fue testigo de la grandeza de muchas ciudades y de la decadencia de otras, Barranquilla, la ciudad de mis recuerdos, lo mismo que El Banco, Magangué, Plato, Tenerife, Honda, Girardot y La Dorada fueron los puntos a donde llegaban los buques de ruedas. Ahora han vuelto y por eso mucha gente de los pueblos del Río y de Magangué han tenido la satisfacción de ver el alma en pena de uno de los tantos y tantos buques de vapor siniestrados.