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PRECURSORES DEL HUMANISMO

Hace algunos meses leí en Lecturas Dominicales de EL TIEMPO, una crónica del periodista y escritor Carlos Villalba Bustillo, actual presidente del Consejo Superior de la Judicatura, en la que nos narra en forma admirable y divertida las aventuras, mitomanías y peripecias, imaginarias desde luego, de un famoso fígaro, embustero y alabancioso como todo barbero de Sevilla .

Aquella crónica titulada El Peluquero de Calamar , digna de figurar en la mejor antología folclórica de la Costa Caribe, nos trajo a la memoria la idea de escribir algún día los nombres, las fechas y los hechos de los precursores del humorismo en la Costa Atlántica que, sin duda, vale la pena recordar, ahora, en estos apuntes periodísticos y porque, además, es interesante dar a conocer aspectos curiosísimos de este difícil género que tuvo aquí buenos y aplaudidos representantes hoy, inexplicablemente, olvidados por los medios de comunicación y por los comentaristas y cronistas de la farándula criolla.

Me ocuparé en primer término y cronológicamente, de seis de esos humoristas criollos, sin descartar que haya, no por menos importantes, otros dignos de mencionar pero que por falta de espacio omitiré en estos comentarios.

Comencemos en Cartagena de Indias, en el llamado Corralito de Piedra, por allá en 1935. Imaginémonos a la apacible Cartagena, en la década del 30, cuando aún el turismo no había irrumpido a sus playas y callejuelas, en sus fortines y murallas, en esa quietud y somnolencia de una ciudad aletargada, enclavada en la historia. Allí, en Ondas de la Heroica , se transmitía el diálogo a lo campesino, con mucho humor y picardía, de Pico y Cico (Alberto Enrique Lemaitre y Daniel Gómez Cáceres). La transmisión se hacía desde la Boca del Puente o Puerta del Reloj, por altoparlantes, que eran escuchados, al otro lado de la ciudad, en el barrio residencial de Manga. Este programa, por su originalidad, merece figurar como el pionero o precursor del humorismo en Cartagena y la Costa que, después, unos años más tarde, tendría su admirable continuidad en 1943 cuando Rafael Franco Carrasquilla (Tony Porto) y Guillermo Ardila del Valle (Cacumen) fundan El Minarete del Arte, radio-revista humorística y de crítica, la que era transmitida desde el teatro Almirante Padilla , en la calle larga, por Emisoras Fuentes. No hay necesidad, para valorar este esfuerzo, adelantar una encuesta al estilo del centro nacional de consultoría, para saber si ese espacio radial tuvo o no amplia difusión, porque su sintonía fue tan completa que aún en nuestros días es recordado con cariño y admiración. Ya de 1947 a 1957 la parlanchina cotorra de Tony Porto y de Cacumen se traslada a Radio Miramar. Este período es, realmente, el más fecundo de la famosa pareja del humor en Cartagena. En esta década, sin lugar a dudas, Tony Porto y Cacumen entran a paso firme, con el beneplácito de sus miles de admiradores, a las primeras páginas de la Antología del Humor.

De la fecundia de Pico y Cico y de la amena charla de La Cotorra, pasamos, ahora, a Barranquilla a los cuentos fabulosos y folclóricos del Compae Manué (Octavio Valencia Molina) y Mingo Martínez. Cuentos, exageraciones, leyendas, mitomanías, al mejor estilo del peluquero de Calamar. Esta pareja del humor costeño, que se hizo famosa y entretenida en la década del 60, entró a La Voz de la Patria , primero, y a Radio Libertad , después, de la mano de Ventura Díaz, hombre de radio, de acción y frustrado alcalde de los barranquilleros.

Era el binomio ideal. Mingo: enjuto y moreno parecía un quijote criollo y el Compae Manué: parsimonioso y regordete, parecía un Sancho Panza sinuano. El Compae Manué extraía de la cantera inagotable de su Sinú legendario los cuentos y pasajes campesinos, las hipérboles de manteros osados, de toros empautados, de increíbles caballos garrocheros, de gallos casi mitológicos que fueron el escándalo en galleras imaginarías. El Compae Manué salió primero a los caminos y caseríos de su provincia, antes de llegar al público, a grabar en su corazón y en su mente la voz sincera de los campesinos hasta llegar a la raíz misma de esa fibra andaluza que nos ha convertido en lo que somos. Al paso que Mingo, en su otra mochila, echaba el cuento citadino, el apunte barranquillero o el gracejo costeño para, luego, boquearlo con esa seriedad de palo que contrastaba con el rostro risueño y burlesco del Compae Manué.

Pico y Cico, La Cotorra y Cacumen, Compae Manué y Mingo Martínez, he aquí el maravilloso comienzo para una gran antología del humor costeño. Aquí dejo, pues, a los estudiosos de estas cosas del humor y del folclor, estas inquietudes que deben ser ampliadas en posteriores comentarios.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
25 de julio de 1995
Autor
Jorge Valencia Molina

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