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POR QUÉ SE CAEN LOS PUENTES

Hace ya más de un año y medio, en uno de esos días de invierno en 1994, se derrumbó como un gigante sin vida, el puente Guillermo León Valencia, uno de nuestros modernos emblemas llaneros, ubicado en la zona del Ariari, sobre el río del mismo nombre, orgullo de la ingeniería nacional de los años sesenta, y sobre el cual se recogía en sus mil metros de longitud, parte de la historia cultural y económica de esta región durante más de treinta años. Por el célebre puente pasaron colonizadores, empresarios, inversionistas y todo tipo de gentes que buscaban fortuna al otro lado del puente... o simplemente aventurar llano. Hoy sobre las aguas del río Ariari, torrentosas en invierno y extremadamente tímidas en verano, reposan silenciosos los restos oxidados de éste símbolo que viajó por Colombia y por el mundo impreso en libros, en postales, o fotografías enviadas desde la tierra llanera por los orgullosos usuarios u ocasionales visitantes de paso, mostrándolo imponente en plano principal, y a

Siguen y seguirán derrumbándose puentes en Colombia y continuaremos buscando culpables. Se ha señalado con dedo acusador a Guillermo Gaviria Correa, director del Instituto Nacional de Vías (INV) como principal responsable de estos hechos. Pero, es realmente culpable? Haciendo conciencia y analizando objetivamente los sucesos, si hay que juzgar a alguien, tendríamos que mirar retrospectivamente y buscar a quienes antecedieron en cargos similares, al director de Vías en el antiguo Ministerio de Obras Públicas, verdaderos responsables y culpables de la situación de fragilidad que hoy presenta la infraestructura vial nacional. El culpable es el sistema con el cual se ha regido el Estado colombiano en donde nadie responde por nada porque los funcionarios públicos desde un ministro a un celador, es decir en todos los rangos, a todos los niveles, y todos los cargos, son ocupados temporalmente atendiendo la cuota del político de turno, quien a su vez exige al gobernante colocar para cumplir compromisos adquiridos durante su campaña electoral.

El problema del gobierno es que, a diferencia de lo que sucede en países desarrollados, los funcionarios no tienen continuidad, aquí un ministro puede durar en su cargo sólo tres meses, ni siquiera el tiempo necesario para ajustar o conocer programas, pero si para hacer los cambios de personal subalterno y dar gusto al padrino político.

Con o sin Gaviria los puentes seguirán cayendo y si no se toman inmediatamente las precauciones necesarias para impedirlo, en lo que a nosotros concierne, antes de que se abra oficialmente la nueva vía BogotááVillavicencio, podríamos tener graves sorpresas sobre los puentes recién construidos y sobre los antiguos. Para curarnos en salud, ponemos todos, como dice el alcalde Mockus. Primero u diagnóstico técnico el estado actual de las estructuras en los puentes viejos, luego el aporte del alcalde de Villavicencio buscando el dinero para situar básculas a la salida de Villavicencio, y expedir normas que castiguen duramente a quienes transiten con sobrecarga, también las empresas transportadoras, quienes deberán comprometerse para evitar el exceso de toneladas de peso en sus camiones y tractomulas, y desde luego lo más importante, la policía vigilando con autoridad y sin dejarse sobornar, para que estas normas se cumplan. estas medidas deberían ponerse en vigencia por parte de los alcaldes de municipios del Llano. No estaríamos lamentándonos hoy si quienes antecedieron al actual director del INV, desde hace 20 ó 30 años hubieran hecho las evaluaciones y reparaciones necesarias, evitándole al país tantos traumatismos, pero lo más grave la pérdida irreparable de vidas humanas.

Buscar culpables ante una situación cualquiera es fácil, lo difícil radica en lograr soluciones y ello aunque parezca increíble es lo que está tratando de hacer Guillermo Gaviria Correa, desde cuando ocupó su cargo como primer director del INV en el gobierno de César Gaviria, lo que sucede es que esta frágil situación de la red vial nacional tiene muchos años y el remedio no se logra a corto plazo.

Dentro de la búsqueda de estas soluciones se modernizó el antiguo sistema de contratación, adoptándose el de concesiones, estrenado en el país precisamente con la ejecución de la nueva vía al Llano, lográndose con errores o no, con complicaciones, incomodidades para quienes la transitamos, incluso con pérdidas económicas por parte de usuarios y transportadores; la realidad que aunque lejos de la prometida autopista al Llano, si de una carretera de mejores condiciones que uniera al Llano con el resto del país.

Un proyecto que desde su iniciación se desarrollará en alrededor de cinco años , y el cual para que llegue a feliz término requiere de la continuidad en su cargo de quien lo inició: el director del INV con nombre propio Guillermo Gaviria Correa. A él debemos reconocerle que está al tanto de todos los pormenores de cada uno de los contratos, los plazos, las negociaciones, los acuerdos, las alternativas que se han presentado a la firma concesionaria para iniciar el primer tramo. Si somos honestos e inteligentes a nosotros como llaneros lo menos que nos conviene es que se vaya el director del INV; quienes lo conocemos y me refiero a periodistas, contratistas, gobernantes regionales, etc, o quienes por uno u otro motivo le hemos indagado por el estado de las vías del Llano, podemos constatar que da razón de cada tramo. Ha sido durante su gestión (sin dejar de reconocer el importante protagonismo que para este logro ejerció Juan Alfonso Latorre durante su paso por el Ministerio de Transporte) frente al mismo, que vías importantes para el desarrollo del departamento del Meta, como las que de Villavicencio conduce a Puerto López, Granada o Cumaral se han entregado en concesión. Igualmente contratos otorgados para rehabilitación y mejoramiento de vías en Casanare y Arauca.

Si Guillermo Gaviria Correa, dejas el INV, la vía al Llano sufriría un irremediable retraso, por cuanto su sucesor aún si en el mejor de los casos fuera un llanero, le llevaría alrededor de uno o dos años para ponerse al tanto de cada uno de los detalles sobre este proyecto y otros muchos que tiene pendiente en el país el INV.

El problema, repito, no es el nombre de quien ocupa un cargo público, el problema es la falta de continuidad de los funcionarios en los cargos.

Hay una anécdota que ilustra mejor este hecho: Hace pocos años Colombia tuvo un buen ministro de Agricultura el cual ocupó el cargo desde el comienzo hasta el final de la administración presidencial, durante su gestión invitó al país a su colega japonés para presentarle algunos programas de su ministerio; en el curso de la charla el ministro japonés le preguntó al colombiano cuánto hacía que ocupaba su cargo, a lo cual orgulloso le respondió: cuatro años, y en un mes dejaré mi cargo... El japonés se le quedó mirando, entre incrédulo y asombrado, y le dijo: Y no le da pena con su país?. Por qué? ádijo el colombianoá es un tiempo récord en la historia de los ministerios. Ahora comprendo porque su país está tan atrasado en tecnología, dijo el japonés. Yo llevó 20 años en mi cargo y aún faltan otros tantos para que pueda cumplir con los programas y retirarme habiendo cumplido el compromiso como debe ser.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
23 de enero de 1996
Autor
ESPERANZA SERRANO DE MUNEVAR

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