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20 DE JULIO DE 1810

La revolución granadina del viernes 20 de julio de 1810 no fue un episodio improvisado o imprevisto. Todo lo contrario. Se trataba de un movimiento revolucionario cuidadosamente planeado y sagazmente dirigido. Y no era para menos en un poblado grande que no excedía los veinte mil habitantes, bajo un estricto control militar de cuatro mil soldados. Empero, el éxito estuvo en la inteligente, cautelosa y acertada ejecución, que se cumplió con todos sus pelos y señales. Hasta los detalles estaban previstos y las reacciones calculadas. Y no podía ser de otra manera, dadas las calidades humanas, intelectuales e insurgentes de Camilo Torres, el verbo de la revolución, José Acevedo y Gómez, el tribuno del pueblo, Emigdio Benítez, el maestro de los próceres, Francisco José de Caldas, el sabio por antonomasia y José María Carbonell, el caudillo del pueblo. Todos a una ocuparon en su debido momento los puestos de comando. Y el pueblo respondió con el tumulto, la asonada, la gritazón, las amenazas

Un testigo de excepción, José Acevedo y Gómez resume así el episodio del florero en carta a su primo hermano Miguel Tadeo Gómez, vecino del Socorro: Ayer 20 fueron a prestar un ramillete a don José González Llorente para el refresco de Villavicencio, a eso de las 11:30 del día, en su tienda en la primera calle real y dijo que no lo daba y que se c... en Villavicencio y en todos los americanos; al momento que pronunció estas palabras le cayeron los Morales, padre e hijo (don Francisco y don Antonio); se juntó tanto pueblo que si no se refugia en casa de Marroquín (don Lorenzo), lo matan . Tal fue el pretexto porque ya se sentía el oleaje encrespado del pueblo amotinado.

Esto fue lo ocurrido. Lo que no se menciona oficialmente en los documentos de la época es la causa inmediata que precipitó el alzamiento popular: una conspiración realista, dirigida por un tal Ramón Infiesta, para asesinar a los dirigentes criollos e intelectuales, autores de la revolución. Nos iban a quitar la cabeza a 19 americanos ilustres, en cuya lista fatal tengo el honor de haber sido el tercero, Benítez (Emigdio) el primero y Torres (Camilo) el segundo , dice en carta a su pariente el propio Acevedo. Delatada la conspiración de Infiesta, sus presuntas víctimas adelantaron los acontecimientos. El 19 de julio por la noche, en el Observatorio Astronómico planearon los próceres el desarrollo revolucionario del día siguiente.

La señal convenida sería el momento, en aquel día de mercado, en que Caldas pasaría frente a la tienda de Llorente y lo saludaría. Y tal como se programó el plan revolucionario, así se llevó a cabo. Casi al pie de la letra y a pedir de boca se precipitó en tal día y ocasión el tránsito del vasallaje hispánico a la democracia republicana. Y ya vamos para los 185 años de tan trascendental e influyente acontecimiento. Que partió en dos la historia patria.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
20 de julio de 1995
Autor
ARMANDO GOMEZ LATORRE

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