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CÉSAR ARMANDO RENGIFO, POETA Y HÉROE ANÓNIMO

La muerte es algo de lo que no debemos tener miedo porque aunque no lo parezca, la muerte es el camino a la vida eterna. Como dijo un gran hombre hace mucho tiempo: la muerte es un camino a la libertad .

Este es el pensamiento escrito en un papel que diariamente cargaba en su billetera César Armando Rengifo Solís, un moreno de 22 años, quien la semana pasada se convirtió en héroe, cuando se lanzó a salvar a dos operarios de las Empresas Municipales de Cali que fueron atacados por gases contaminantes en una recámara del acueducto de la ciudad.

Es el mismo pensamiento que hoy da fuerzas a su familia para soportar la pena de perder a uno de sus seres amados.

César Armando, quien se desempeñaba como Auxiliar de Policía Bachiller, sacrificó su vida el martes pasado porque siempre estaba presto a cumplir con su deber, en este caso le costó la vida.

Y es que para sus amigos de barrio, compañeros de trabajo y familiares, César Armando murió como un héroe.

El martes pasado salió como de costumbre, a las 7:00 de la mañana, de su casa del barrio Atanasio Girardot, para prestar su servicio como auxiliar en el tránsito, pero antes de que llegara el medio día la vida le presentó un reto que decidió asumir.

En la recámara de la calle 70 con avenida 2a. Norte, dos funcionarios de Emcali que se encontraban trabajando en el mantenimiento del sistema del acueducto, pedían ayuda con débiles gritos.

César fue el único que se atrevió a brindar ayuda a los hombres que se asfixiaban por el efecto de gases tóxicos que salían de la recámara. En el hueco se encontraban los técnicos Luis Eduardo Domínguez, de 34 años, quien no pudo soportar los efectos de los gases y Alonso Londoño, quien se recupera gracias a la ayuda oportuna del bachiller.

Los mortales gases también surtieron efecto en César Armando, quien en su último intento por salvar a Luis Eduardo González fue a dar al fondo de la recámara.

Para Petronila Solís, la madre de César Armando, perder al penúltimo de sus hijos ha sido un golpe muy duro que nunca esperó.

El pasado 2 de diciembre habían celebrado sus 22 años y su vida llena de expectativas se esfumó de la noche a la mañana, por eso su madre prefiere guardar cada recuerdo como un gran tesoro.

Amante de la disciplina del Kung Fu, de las lenguas modernas y la verdad, César Armando dejó con su muerte un gran vacío en su familia y la inquietud de una vida romántica que prefería guardar bajo la apariencia de un seriedad impenetrable.

No tenía novia porque consideraba que el amor era algo muy serio a lo que había que enfrentarse de todo corazón. Pero siempre estuvo dispuesto a escuchar a sus amigos de siempre.

César me transmitía tranquilidad y confianza , así lo recuerda Marino su hermano menor, quien siempre fue compañero y amigo, a pesar de las peleas que tenían por prestarse la ropa.

Con su muerte César Armando dejó al descubierto una faceta que todos desconocían, la de un poeta, una persona de gran sensibilidad, ya que entre sus recuerdos quedaron escritos de todos los estilos. Con esa poesía que no alcanzó la madurez, Eusebio, Hermes, Ricaurte, Harold, Fabio, Marta, Constanza, María del Pilar, Idelfonso, Eduardo y Marino, tienen un pedacito del corazón de su hermano.

César Armando ya no podrá cumplir sus sueños de estudiar lenguas modernas y viajar al rededor del mundo. Tampoco terminar su año de servicio militar como auxiliar bachiller que se cumplía en julio, su entrega al bienestar de la comunidad lo impidió, solo queda el recuerdo de que respondió como un héroe.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
26 de febrero de 1996
Autor
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