La generación que anda ahora por los 30 años siguió con fervor, a principios de los 90, una serie que exploraba los problemas de unos ‘pobres niños ricos’. Se trataba de Clase de Beverly Hills (o Beverly Hills 90210, por su nombre en inglés), un drama juvenil que logró convertirse en una pieza esencial dentro de la cultura popular.
La fórmula fue sencilla: un equipo protagonista adulto pero con apariencia juvenil, enfundado en problemas de amor, dinero y en la consabida tensión que implica crecer.
En su momento, el programa disparó las carreras de Jason Prestley, Shannen Doherty y Luke Perry, protagonistas de la trama, que nunca pudo escapar de un empaque de banalidad, pero le dio otro aire a las historias dirigidas al público adolescente.
Ahora que Hollywood sigue escarbando en las viejas fórmulas de éxito (Beverly Hills 90210 se emitió desde 1990 hasta el 2000 en Estados Unidos), la serie tiene una nueva oportunidad en el presente, que desde mañana, a las 6:10 p.m., se podrá ver en el canal Citytv.
A diferencia de su predecesora, que contaba historias a veces rayanas en la ingenuidad, la nueva Beverly Hills es más arriesgada al contar la historia de la familia Wilson, que se traslada a Hollywood a comenzar una nueva vida.
Ya no se trata de una pareja de hermanos que sienten un choque cuando su padre se tiene que ir al distrito más exclusivo cerca a Los Ángeles. Ahora es una familia (con hijo afroamericano adoptado), que llega a un lugar en el que los adolescentes comentan sus chismes en los blogs, viajan en aviones privados para cenar y siguen teniendo problemas y confusiones.
Los jóvenes Annie y Dixon llegan de Kansas con sus padres a la casa de su abuela, una caricatura de las estrellas de cine en decadencia que viven de sus millones y los recuerdos.
Brenda y Kelly vuelven Las aventuras de los protagonistas y las situaciones de sus compañeros de colegio alimentan los capítulos de la serie, que no abandona el tono aleccionador y de moraleja (a pesar de no atemorizarse al hablar de alcohol, pornografía, sexo o drogas) y al final busca ofrecer una alternativa positiva a los personajes. Otro diferencial es que los padres de los hermanos Wilson tienen un mayor peso en la serie y desarrollan su propio drama.
No se pierde el ritmo frenético de la producción, con escenas que se cortan abruptamente y que tienen un color fuerte en un contexto soleado que da un tono alegre a la producción.
En ese halo de nostalgia, se mantiene el eslabón con los 90, al punto que los creadores retomaron personajes como Brenda Walsh (Shannen Doherty) o Kelly Taylor (Jennie Garth) que, ya maduras, van a tener un peso menor en la historia, pero siguen ahí.
Grandes hitos de la serie original ‘Clase de Beverly Hills’ fue un éxito para los productores en la década de los 90 y llegó a tener 21 millones de televidentes en Estados Unidos. Sus actores se hicieron ídolos juveniles (en particular Jason Priestley y Luke Perry) e impusieron su manera de vestir y su peinado. Muchos de sus seguidores recuerdan detalles como el tema musical que identificaba la serie (compuesto por John E. Davis) y los sucesivos cambios de parejas. Por ejemplo, Kelly Taylor (Jennie Garth) fue novia de Dylan, Brandon, Colin y Matt, en diferentes temporadas. A su vez, Dylan (Perry) pasó de Brenda a Kelly y luego a Antonia y Gina.
10 años se mantuvo vigente ‘Clase de Beverly Hills’, entre 1990 y el 2000. En su momento, innovó en la televisión el tratamiento de los temas juveniles
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