Cerca de 200 propietarios de mascotas marcharon ayer por la carrera Séptima en protesta por un proyecto de acuerdo que cursa en el Concejo de Bogotá –que ya fue aprobado en primer debate–, el cual prohibiría que perros y gatos ingresen a las zonas de juegos infantiles, en los parques de la ciudad.
La marcha comenzó a las 10 de la mañana, en la carrera Séptima con calle 72, y culminó al mediodía en el Parque Nacional, en la carrera Séptima con calle 39.
“Lo preocupante es que la nueva norma, a punto de ser aprobada por la plenaria del Cabildo Distrital, está generando enfrentamientos entre los dueños de las mascotas y los usuarios de los parques de la ciudad”, aseguró Marcela Ramírez, de la Red de Protección Animal y Ambiental (Redpaa), y una de las organizadoras de la jornada de ayer.
La defensora de las mascotas explicó que algunos propietarios de perros han denunciado insultos y agresiones en parques de la ciudad por parte de varios ciudadanos, que asumen que la norma ya está en vigencia.
El proyecto ha generado una gran molestia entre organizaciones defensoras de animales y dueños de mascotas, quienes lo consideran discriminatorio e injusto.
Pero, por otro lado, ciudadanos como José Maldonado, un abogado de 30 años, apoyan el proyecto del Concejo, porque “es hora de que los parques de Bogotá dejen de ser los baños públicos de los perros”.
‘Me malinterpretaron’ El concejal Ómar Mejía Báez (conservador), autor de la norma, aseguró que el proyecto de acuerdo, que deberá ser discutido en los próximos días en la plenaria del Cabildo, ha sido malinterpretado.
La norma, según Mejía, no pretende impedir que los perros ingresen a los parques de la ciudad, sino únicamente a las pequeñas zonas donde se encuentran ubicados los módulos o juegos infantiles (columpios, areneras, balancines y pasamanos, entre otros), con el fin de que los desechos de los animales no afecten la salud de la población infantil.
“Me sorprende que se haya malinterpretado el alcance de esta iniciativa, que busca el mejoramiento de la calidad de vida de nuestros niños. Yo no he querido vulnerar los derechos de los animales y de sus propietarios”, dijo Mejía.
No obstante, para Marcela Ramírez los parques de Bogotá son espacios en donde no hay prácticamente límites que separen el mobiliario urbano de las zonas verdes.
“En estos sitios no es común que las zonas de juegos infantiles estén aisladas o lejos de donde pueden estar los padres con las mascotas. Estas características de los parques bogotanos hacen que, de aprobarse la iniciativa en el Concejo, los perros y los gatos terminen desterrados de esos sitios”, indicó Ramírez.
Para la defensora de los animales, antes de crear este tipo de normas, se deben realizar campañas permanentes para educar a los dueños de perros en temas como la recolección de excrementos.
Así mismo, para Fernanda Rodríguez, una periodista de 25 años, propietaria de dos perros y quien ayer salió a marchar, “es injusto que señalen a los perros como los causantes de que la ciudad esté hecha una porquería”.
A respetar las normas Por su parte, la senadora y precandidata liberal Cecilia López de Montaño, quien ayudó a convocar la marcha de perros y gatos, calificó de pedagógica la jornada.
López, quien marchó acompañada de sus dos perros, aseguró que los dueños de mascotas tienen obligaciones como la de usar correas cuando los animales estén en espacios públicos, recoger sus excrementos en bolsas biodegradables y, en algunos casos, el uso de bozales.
“Las mascotas son parte de las familias, pero hay que respetar las normas vigentes para evitar, precisamente, que se presenten proyectos como el que cursa en el Concejo”, afirmó López.
Jacqueline Vargas, voluntaria de la protección de animales, calificó de absurdo el hecho de que una norma quiera separar los perros de los niños.
“Existen tratamientos de salud para menores en donde las mascotas cumplen un papel fundamental, que los denominamos ‘caninoterapia’, y que se aplican a menores que viven solos y necesitan salir a jugar al parque con su mascotas”, explicó Vargas.
Nilson Fernández, actor y dueño de ‘Fiona’ –una perra bulldog–, aseguró que aunque los perros tienen derecho a usar los parques de la ciudad, también es molesto pisar las suciedades que dejan los animales, por desidia de sus propietarios. “La culpa de toda esta situación es de los dueños desjuiciados”, puntualizó Fernández.
Según el último censo canino, en Bogotá existen 775 mil perros, de los cuales se estima que hay unos 90 mil que deambulan por las calles.
Fotos: Rodrigo Sepúlveda/EL TIEMPO .
Normas vigentes sobre mascotas.
El comportamiento que deben tener los dueños de mascotas en parques, edificios y, en general, en el espacio público, es un tema que ya ha sido tratado por el Congreso de la República –a través de la Ley 746 de 2002– y, en el caso de Bogotá, el Concejo Distrital aprobó el Acuerdo 036 de 1999.
Precisamente, el artículo 4 de la Ley 746, que reza: “Concejos distritales y municipales, mediante acuerdos regularán o prohibirán el ingreso de perros y gatos a las zonas de juego infantiles ubicadas en las plazas y parques del área de su jurisdicción”, es el que le sirvió de base al concejal Ómar Mejía para presentar el proyecto de acuerdo, que ha generado polémica.
Otras normas vigentes en esa Ley son: -En las zonas comunes de propiedades horizontales o conjuntos residenciales, los caninos deberán ir sujetos por medio de traílla, y provistos de bozal, si es el caso específico de perros potencialmente peligrosos (American Staffordshire Terrier, Bullmastiff, Dóberman, Dogo Argentino, Dogo de Burdeos, Fila Brasileiro, Mastín Napolitano, Pit Bull Terrier, American Pit Bull Terrier, De presa canario, Rottweiler, Staffordshire Terrier y Tosa Japonés).
-En las vías públicas y en los lugares abiertos al público, todos los ejemplares deberán estar sujetos por su correspondiente traílla.
-Queda prohibido dejar las deposiciones fecales de los ejemplares caninos en las vías, parques o lugares públicos.
25% De las viviendas en Bogotá tienen un canino. Sumapaz es la localidad de la capital donde la gran mayoría de las casas tiene más de un perro.
27 años han transcurrido desde que se reportó el último caso de rabia humana en Bogotá, una peligrosa enfermedad transmitida por perros
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