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Una Nueva Estrategia

A raíz de una sucesión de acciones de las Farc en Putumayo, Caquetá y Nariño; de la incursión en el casco urbano de Garzón, en el Huila, con el trágico resultado de dos vigilantes y dos miembros de la Fuerza Pública asesinados; del desarrollo de los paros armados en Arauca y Caquetá y de la proliferación de soldados mutilados por minas antipersona, han vuelto a surgir varias preguntas: ¿qué tan derrotadas y acabadas están las Farc?, ¿estas operaciones indican una reactivación de la guerrilla?, ¿está perdiendo la iniciativa el Ejército?, ¿qué se puede esperar en la campaña electoral que se avecina?

La preocupación es mayor si se examinan las cifras de las acciones en que han estado involucradas las Farc a lo largo de este año. En fuentes de inteligencia del Ejército, se habla de no menos de 650, el observatorio de la Corporación Nuevo Arco Iris tiene registradas 562 y el comandante general de las Fuerzas Armadas, general Fredy Padilla de León, el 5 de junio, en la ceremonia de ascenso de oficiales, en la escuela de Cadetes José María Córdoba, señaló que “las Fuerzas Militares, durante los primeros cinco meses de este año, han desarrollado 9.293 misiones tácticas contra grupos terroristas, bandas criminales, narcotraficantes y delincuentes, lo que ha generado 2.904 capturas, 925 entregas voluntarias y 252 bajas en combates”.

En el discurso destaca las enormes dificultades que atraviesan las Fuerzas Armadas en su penetración a los territorios de las Farc, saturados de minas antipersona y de trampas de toda índole.

Lo cierto es que, después de que ‘Alfonso Cano’ asumió el mando y con ocasión de la conmemoración de un año de la muerte de ‘Manuel Marulanda’ y la celebración de los 45 años de esta guerrilla, se ha notado un nuevo aire en las menguadas fuerzas de las Farc y hay evidencias de una reorganización de las estructuras y de una reactivación de sus acciones.

La ofensiva de las Fuerzas Militares Nadie discute hoy en día que la ofensiva continuada de las Fuerzas Militares a lo largo de seis años llevó al repliegue de las Farc a lo profundo de las montañas, disminuyó sus fuerzas de 18.000 combatientes a cerca de 11.000, golpeó su mando central y cortó buena parte de sus líneas de abastecimiento en armas y alimentos. Así mismo, la ofensiva política las condujo a un notable desprestigio interno y a un gran aislamiento internacional.

El 2008 fue, sin duda, el año más crítico de las Farc. Vieron morir a tres miembros del secretariado y perdieron la guerra de rehenes que libraban con la sociedad colombiana y la comunidad internacional, porque las grandes marchas contra el secuestro y la operación Jaque que trajo a la libertad a Ingrid Betancourt y a un importante grupo de plagiados dejó sin piso esta práctica ominosa de retener y esclavizar personas para convertirlas en moneda de cambio.

En la euforia del triunfo, algunos sectores del Gobierno pensaron que se produciría una desbandada de la guerrilla y el propio Comandante de las Fuerzas Armadas proclamó que entrábamos en el “fin del fin” de las Farc.

Desde la oficina del Alto Comisionado de Paz y desde el Ministerio de Defensa se enviaron emisarios a buscar la desmovilización y la desarticulación de bloques y frentes guerrilleros.

Se perdió de vista un hecho fundamental: en realidad las Farc estuvieron un año sin mando, la enfermedad y la muerte de 'Tirofijo', quien había conducido esta fuerza por más de cuarenta años, crearon un vacío de poder y un desorden en las filas que facilitaron la acción de la fuerza pública.

También se subvaloró la capacidad de supervivencia de las Farc.

Recientemente estuvo en Colombia David Spencer, uno de los mayores expertos en insurgencias y terrorismos en América Latina, muy ligado a las instituciones de defensa de los Estados Unidos. Spencer se extrañó con las valoraciones triunfalistas que hacían de las Farc algunos analistas y sectores del Gobierno. Destacó, precisamente, esa capacidad de adaptación de las Farc, esa habilidad para sobrevivir, ese arte eminentemente defensivo de la guerrilla.

¿Negligencia? A propósito de la manera fácil como entraron quince guerrilleros de las Farc hasta las instalaciones del gobierno local en Garzón y dieron muerte a dos vigilantes y dos miembros de la fuerza pública y secuestraron a un concejal, el presidente Uribe les llamó la atención a los mandos del Ejército por su negligencia y algunos funcionarios del Palacio de Nariño dicen en privado que en sectores de las Fuerzas Armadas hay una especie de operación tortuga o de brazos caídos y a eso se deben los pocos resultados obtenidos contra la guerrilla después de la operación Jaque.

Le atribuyen esta actitud militar a molestias por la creciente ola de condenas por las ejecuciones extrajudiciales, a la destitución de oficiales y a las disensiones internas sobre la línea a seguir frente a las acusaciones de la comunidad internacional por las violaciones de los derechos humanos y del derecho humanitario.

Es cierto que luego de la operación Jaque el único golpe grande a las Farc ha sido el desmantelamiento de un grupo en la zona del Sumapaz, al sur de Bogotá, donde murieron 8 guerrilleros, pero no se nos puede olvidar que en una guerra cuentan mucho los movimientos del adversario, y las Farc han estado en un proceso de transformación que les está dando algunos resultados.

‘Alfonso Cano’ ha logrado cohesionar el mando y le ha dado impulso a un nuevo plan militar y a una búsqueda de interlocución política. Las Farc han dejado atrás las estructuras grandes, afincadas en un territorio y están construyendo unidades pequeñas con gran movilidad, rehúyen el enfrentamiento con las fuerzas del Ejercito y apelan a las emboscadas de hostigamiento o a la utilización de minas antipersona para detener el avance del Ejército; recurren a francotiradores y están intentando operaciones comando en los cascos urbanos; así mismo, han encontrado en los morteros y en las armas artesanales una manera de obviar las dificultades en la adquisición de armamento convencional. En los últimos tiempos han buscado, igualmente, alianzas con reductos paramilitares y bandas emergentes, lo cual profundiza la degradación del conflicto, pero les confiere más capacidad de golpear y hacer daño.

No es fácil para las Fuerzas Armadas adaptarse a estos cambios de las Farc y mantener la iniciativa en la confrontación. La persecución de las guerrillas se ha vuelto un azaroso ejercicio en el que acechan los peligros de los ataques sorpresivos, las minas antipersona y la presión por resultados de parte del Gobierno. Las Farc intentarán, una vez más, interferir seriamente en las próximas elecciones y están encontrando nuevamente un camino para lograrlo.

lvalencia@nuevoarcoiris.org.co .

''Algunos funcionarios del Palacio de Nariño dicen en privado que en sectores de las Fuerzas Armadas hay una especie de operación tortuga o de brazos caídos y que a eso se deben los pocos resultados obtenidos contra la guerrilla después de la operación Jaque''

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de junio de 2009
Autor

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