Un maletín escolar con cuadernos y colores hizo sonreír a Cindy Andoque, una tímida niña indígena del Amazonas.
Recibió el kit escolar en la pista de aterrizaje de La Pedrera, el lugar donde todos los fines de semana se reúnen los habitantes de la población para ver aterrizar y despegar los aviones de Satena, única línea aérea que llega hasta ahí.
Por eso, la Dirección de Responsabilidad Social de la aerolínea destinó uno de sus vuelos para hacer entrega de cerca de 150 kits y darles la oportunidad a los niños de sentirse pasajeros del avión.
Una experiencia que para Nelson Calderón, profesor del colegio San José “les abre la posibilidad de soñar”.
El pueblo, ubicado a orillas del río Caquetá, tiene algo más de 500 habitantes que se dedican principalmente a la pesca y venta de pescado.
“Solo desde hace dos años algunos estudiantes han podido ir a la universidad”, asegura el maestro.
Los demás se quedan en el pueblo para trabajar en los sembrados de yuca.
Para Heidi Galeano, estudiante de noveno de bachillerato, “rayar yuca” es la opción que le espera al salir del colegio. “No hay más qué hacer”, acepta resignada.
Porque “la posibilidad de aspirar a más es remota”, insiste Calderón, para quien los útiles escolares que recibieron sus alumnos significan un empujón para sacar adelante esos sueños, que a veces parecen quedarse perdidos en mitad de la selva
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