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LIBROS, DISCOS, PORNO Y CÓMICS EN UN MISMO LUGAR Veinte años sin las casetas de la av. 19

REDACTOR EL TIEMPO El Premio Nobel de Literatura ganado por Gabriel García Márquez en 1982 tuvo dos focos de celebración.

Por un lado, Estocolmo (Suecia), donde el aracateño más conocido del mundo recibió enormes muestras de cariño, y las casetas azules de la avenida 19, entre carreras 8a. y 10a., en pleno centro de Bogotá.

Allí, en ese paraíso de los melómanos, de padres de familia en busca de la cartilla Nacho y de ‘viejos verdes’ fanáticos de la Revista Sueca, se vivió una celebración aparte.

Miles de colombianos atiborraron las casetas con el único propósito de acabar con todos los textos que ‘olieran’ a Macondo.

“La gente se lanzó como loca a buscar la obra de Gabo. Eso fue después del premio. Antes nadie la preguntaba; García Márquez nació, para muchos lectores, en las casetas de la 19”, cuenta Jorge Ramírez Fajardo, propietario durante nueve años de las casetas Andrés Caicedo y Lu-Sin, en homenaje a un escritor caleño y a uno chino.

La historia se inicia en 1970, cuando pequeños grupos de libreros y melómanos procedentes, en su mayoría, de la provincia, se instalaron en el andén sur de la 19, pleno centro de Bogotá. Un año más tarde, esta comunidad de comerciantes de cultura, empezó con la construcción de las primeras casetas.

El boom del lugar llegó con el vinilo. Los bogotanos empezaron a notar que era allí donde encontraban los acetatos de las bandas de rock que sonaban con fuerza en Estados Unidos y en Europa.

“En realidad en este lugar se formó un comercio informal de discos importados a buen precio. Trabajábamos por encargo”, contó Sergio Álvarez, hermano de Raúl, el hombre que permitió que generaciones de jóvenes del país completaran sus colecciones y uno de los expertos musicales que, junto con sus hermanos, fueron propietarios de uno de los puestos más famosos. Luego inauguraron La Musitk, un local en la 19 con 8a. Saúl murió hace tres meses.

“Entrar a las casetas era como acceder a otra dimensión. Uno se perdía horas enteras entre pilas de libros, tapas de discos y afiches. Allá, uno escuchaba desde Queen hasta Héctor Lavoe”, añoró Álvaro Castillo, quién años más tarde montó la librería San Librario. En estos puestos de lata se vivía la bohemia de la época. Los viernes, y si las ventas habían sido productivas, libreros y vendedores de música calentaban las noches de viernes con tragos y buena música.

Fue precisamente un viernes cuando la maquinaria pesada, enviada por el alcalde Andrés Pastrana, acabó con las casetas en el instante mismo en que Luis Carlos Galán era víctima de un atentado en Soacha, Cundinamarca.

“Borges alguna vez dijo que el libro tenía que estar en la calle en busca de atropellar a los lectores. Así era en la casetas. La gente se pegaba en la cabeza con los libros que colgábamos”, sentencia Ramírez Fajardo

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
14 de junio de 2009
Autor
FABIÁN FORERO BARÓN

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