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TRABAJAN POR LOS DERECHOS HUMANOS Caballeros y damas de Ciudad Bolívar
En el 2003, en Ciudad Bolívar se contabilizaron 180.000 niños y jóvenes en edad escolar y 97.000 cupos en los colegios del sector. Casi la mitad no podía estudiar allí.
Pero los caballeros y las damas de la mesa redonda de la Red de Derechos Humanos de Ciudad Bolívar salieron al rescate y, en el plan de desarrollo, incluyeron esta necesidad. Lo hicieron con cifras y estudios, convencidos de que la educación era y es la única manera de salir adelante.
Las peticiones incluyeron construcción de colegios, reforzamiento de los existentes y desayuno o almuerzo (según la jornada), esto último con estudios sobre la deserción escolar por física hambre.
Todo fue incluido en el Plan de Desarrollo y hoy hay ocho colegios nuevos.
Este paso no fue fruto de la emoción de un día. Todo empezó en el 2001, cuando se comenzó a trabajar el tema de los derechos humanos en Ciudad Bolívar y nació la Red.
Jairo Vargas, encargado del tema en la localidad, cuenta que, al principio, cuando decía esas dos palabras, lo miraban raro.
Vargas visitó los colegios y generó discusión. El resultado: los jóvenes querían tener derecho a ser felices, al trabajo, a la salud, a la libre expresión, a la paz y a la educación.
Esa fue la primera parte de la hoja de ruta de la Red. Hubo tal entusiasmo de los muchachos que organizamos una marcha con 10.000 de ellos por la localidad, mostrando, con pancartas o con arte, el derecho más necesitado, sigue Vargas.
Autofinanciados Catalina Vargas, estudiante de sociología, una de las líderes de la Red, cuenta que lo más visible de este trabajo, que hoy tiene 5.000 personas, es la credibilidad. Somos políticos, sabemos de política, pero no pertenecemos a ningún partido.
Tampoco tienen plata para funcionar. Los recursos los generamos nosotros, dice la joven: con actividades.
En el 2005 decidieron trabajar el derecho a la salud, pero empezaron a matar a jóvenes en Ciudad Bolívar. Más de 200 fueron asesinados en una aparente limpieza social.
Eso nos llamó a acciones cuenta Catalina, una marcha de 50.000 jóvenes que obligó a que la administración no solo estuviera presente, sino que mirara a la localidad.
Mandato y cifras De paso, se hizo un mandato por la vida, apoyado por la Registraduría Nacional, en el que 117.284 personas (de las 700.000 que viven en Ciudad Bolívar) votaron.
En los años siguientes, las cifras bajaron: en el 2006 se registraron 126 homicidios, la mitad que en el 2005.
Ese mismo año, en noviembre, lograron que los estudiantes de los colegios de diez localidades a lo largo de la Caracas, desde Ciudad Bolívar hasta Los Héroes se tomaran de las manos: 250.000 se unieron.
Y cuando no pueden con un enemigo, no se unen a él. Al construirse una sede de la Universidad Distrital en la localidad, pensaron que la gran mayoría de los cupos serían para que se los disputaran los 6.000 bachilleres que cada año se gradúan allí.
Pero se llenó de gente de otros lados. La Red hizo una toma pacífica para pedir soluciones al Distrito, que no llegaron. Entonces, buscamos apoyo de universidades privadas y una llegó: la CUN, que se comprometió a recibir en tercer semestre a los estudiantes de los colegios con el programa de articulación de la educación, dice Catalina.
A eso se le suman un toque de tambores de 100 horas, en el 2007; la puesta de ladrillos con los nombres de los jóvenes muertos en la plaza de Bolívar, autorizada para dos días y que se quedó dos meses (2006); pactos con la Policía para que haya mejor relación con los muchachos (se ha reducido en un 85 por ciento la recogida de jóvenes los fines de semana) y la inserción en la Red de bandas de hip hop y rock como parte del proceso.
Damas y caballeros de esta mesa redonda (donde no hay jerarquías), sin armaduras, pero armados de valor, saben que su trabajo es largo.
Todos, casi siempre a pie, bajan de las montañas de la localidad, los sábados por la mañana, para reunirse en su castillo, una edificación abandonada que está en litigio. La palabra y la acción son sus armas.
Rodrigo Sepúlveda - EL TIEMPO .
EL JOVEN VENIDO DE MUZO Y LA NIÑA QUE ANTES NO SABÍA NADA Víctor Díaz, de 16 años y con su acento boyacense (nació en Muzo), llegó a la Red después de pasar por un colegio militar. Y el cambio le causó impacto. Fue duro entender que la vida no era en blanco y negro, sino en colores, concertando, respetando los derechos de los demás, cuenta.
Lucy Gómez, por su parte, se preguntó: ¿Qué carajo es esa vaina de los derechos humanos? cuando oyó hablar del tema en su colegio, Cerros del Sur . Y le puso seriedad. Dejé de ser tan fresca, aprendí lo importante que es vivirlos y exigirlos.
Hoy, hace carrera es personera estudiantil y sueña con ser edil.
Lucy Gómez quiere ser edil algún día.
Víctor Díaz ahora ve la vida diferente
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 14 de junio de 2009
- Autor
- NULLVALUE
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