Comencemos con las buenas noticias: el mes pasado, 345.000 personas fueron despedidas en Estados Unidos, lo que llevó la tasa de desempleo en ese paÃs a su nivel más alto en un cuarto de siglo. La otra buena noticia es que, en mayo, los precios de las materias primas subieron un 20 por ciento, un aumento mensual sin precedentes. Petróleo, algodón, nÃquel y muchos otros productos aumentaron de precio. ¿Cómo pueden ser estas buenas noticias? Pues porque el número de empleos que desapareció en mayo es el más bajo de los últimos nueve meses y ese número viene cayendo rápidamente.
A su vez, el alza de los precios de las materias primas señala un aumento en la demanda, lo cual indica que el periodo de contracción económica global ha terminado y que está comenzando la recuperación –al menos en Estados Unidos–.
En general, el consenso entre los economistas es que la economÃa estadounidense comenzará a crecer de nuevo a finales de este año, aunque muy lentamente. La generación de empleos tardará más en llegar. En Asia, la furia del huracán económico también parece que está amainando. Pero no en Europa. Tristemente, las economÃas europeas están sufriendo un impacto más profundo y su recuperación será más larga y dolorosa.
¿Cuán confiables son estos pronósticos? Son las expectativas de economistas –un grupo que no se ha distinguido por la precisión de sus modelos–. Pero si bien los economistas no se destacan por su clarividencia, sus técnicas forenses son mucho mejores. A los economistas les va mejor explicando lo que ya pasó que anticipando lo que va a pasar. Desde esta perspectiva, quizá la mejor manera de entender esta crisis es examinando las anteriores.
Entre 1960 y el 2007, las 22 economÃas más grandes del mundo sufrieron 122 recesiones –periodos de seis meses consecutivos durante los cuales la actividad económica se contrajo–. Según Stijn Claessens y M. Ayhan Kose, si bien las recesiones parecen frecuentes, en realidad no lo son. Durante 47 años estos 22 paÃses estuvieron en recesión sólo el 10 por ciento del tiempo.
Menos mal que no son frecuentes, porque sus costos son enormes. Kenneth Rogoff y Carmen Reinhard han calculado el impacto de las más graves crisis financieras. Encontraron que después de una crisis financiera el precio de las viviendas cae en promedio el 35 por ciento y pasan seis años antes de que los precios se recuperen. Los precios de las acciones cotizadas en Bolsa disminuyen el 56 por ciento y el periodo de declinación dura 3,4 años.
Lo peor fue el desempleo: en promedio aumentó durante 5 años después de la crisis y alcanzó al 7 por ciento. Cuando las recesiones se combinaron con colapsos financieros, la economÃa se contrajo en promedio más de 9 por ciento y la recuperación tardó 2 años en llegar. Otro dato importante es el impacto en la deuda pública, que después de una crisis bancaria aumentó en promedio 86 por ciento. Curiosamente, este endeudamiento no se debió principalmente al uso de recursos del Gobierno para rescatar a los bancos, sino a la caÃda en los impuestos recaudados y a gigantescos aumentos del gasto público para enfrentar la recesión. En España, la deuda pública aumentó 200 por ciento después de su crisis en 1977; en Chile, 250 en 1980, y casi 300 en Finlandia, en 1991, y en Colombia, en 1998.
En medio de todos estos espeluznantes datos aparece uno sorprendente: la recesión es buena para la salud. Christopher Ruhm ha descubierto que, en E.U., el aumento del 1% en la tasa de desempleo en un Estado disminuye 0,5% la tasa de mortalidad en ese Estado. Según Ruhm, esto se debe a que los desempleados estadounidenses comen de forma más sana y hacen más ejercicio fÃsico. También se ha encontrado que los desempleados tienen menos probabilidades de fallecer en accidentes de tráfico. En todo caso, estos son datos muy estadounidenses y seguramente no tienen nada que ver con la experiencia de los parados en Europa o la India.
Y este es un punto válido para todos estos análisis económicos: viajan mal.
Lo que pasó en un paÃs no necesariamente se va a repetir en otro, y lo que pasó antes no quiere decir que ocurrirá de nuevo.
La crisis actual tiene algunas similitudes con crisis pasadas. Pero también tiene enormes diferencias. Lo único que sabemos con seguridad es que tanto las anteriores como la actual han sido la causa de enorme sufrimiento humano. Y que se hubieran podido evitar.
* Editor de ‘Foreign Policy’
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