Tiene 36 años y se le mide al motor de cualquier carro. Pero, a diferencia de sus colegas, sus principales herramientas no son la llave de expansión y el destornillador, sino el oído y el tacto.
Eduardo Cardona es un mecánico completamente ciego, pero ejerce su profesión con unas ganas y eficiencia dignas de admiración. “Prendo el carro –cuenta– y me concentro en escuchar de dónde viene la falla. Luego, palpo la pieza una y otra vez hasta encontrar el daño. Eso sí, hay que ser organizado con la herramienta, para no perder tiempo tanteando”. 1-7
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