Un exitoso poeta y escritor, Blake Morrison (interpretado por Colin Firth), ha llegado al hogar de sus padres para pasar allí los últimos días con su agonizante padre, Arthur (ganador del Premio de la Academia Jim Broadbent), quien padece un cáncer terminal.
La relación entre los dos nunca fue fácil y siempre estuvo marcada por la tensión, la rigidez, los conflictos y el comportamiento errático del padre.
Esas situaciones causaron el alejamiento de su hijo, quien además siente rechazo y frustración por esa dura relación que han tenido desde la infancia.
Mientras Arthur empeora de salud, las memorias de su pasado -malas y buenas- son representadas en imágenes gracias al recurso del flashback, las cuales les permitirán a los espectadores entender el porqué de tanta frialdad y rencor de parte del hijo.
Al tiempo, esos recuerdos forzan a Blake a convencerse que su “invencible e inmortal” padre es, después de todo, un ser humano como cualquier otro. Así es La última vez que vi a mi padre, un conmovedor -así suelen ser las historias familiares- relato adaptado de la novela autobiográfica de Blake Morrison.
Archivo particular
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