A partir de 1929, el endeudamiento externo comenzó a declinar, generando una reducción del crédito bancario doméstico, el estancamiento de los nacientes mercados bursátiles de Bogotá y Medellín y la reducción de las reservas del Banco de la República.
Ante tales síntomas de recesión, el Gobierno Olaya estableció un plan económico en 1931 que contempló la postergación de la amortización de la deuda, atendiéndose únicamente los intereses.
Esta postergación de los pagos dio inicio a declaraciones de moratoria por parte de departamentos y municipios que se prolongó hasta 1935, lo cual coincidió con la situación internacional generalizada de países que declararon la moratoria de la deuda, no sólo en América latina, sino también de Europa del este, entre otros (Avella, 2006). Los departamentos y municipios poseían en 1928 el 31 por ciento y el 11 por ciento de la deuda total colombiana respectivamente, después de un importante crecimiento.
Con todo esto, entre 1928 y 1935 la deuda se ubicó alrededor del 15 por ciento del PIB. Después de casi 30 años de una considerable reducción de la deuda, entre 1962 y 1972 se experimentó un nuevo crecimiento ubicando el saldo en un promedio de 13 por ciento del PIB. Adicionalmente, en este periodo el país tuvo acceso al crédito externo proveniente de organismos multilaterales y bancos privados.
Hacia 1970, el monto de la deuda externa privada era muy cercano al de la pública, aunque en general la deuda externa del país ha sido principalmente una obligación del sector público, tal.
Entre 1974 y 1978 se llevó a cabo una importante reforma fiscal durante el gobierno López que permitió una reducción de las obligaciones externas, que fue opacada por un nuevo ciclo de endeudamiento durante el gobierno Turbay a principios de los ochenta. A lo largo de esta década, la deuda contratada por Colombia creció, manteniéndose en un promedio de 15 por ciento del PIB entre 1984 y 1986.
Este crecimiento de la deuda fue moderado y coincidió con el colapso del endeudamiento externo de los países latinoamericanos, iniciado con la moratoria de la deuda que México había contraído con Estados Unidos, dadas las altas tasas de interés. Gracias a que la deuda externa era relativamente pequeña, Colombia fue uno de los pocos países que superó la crisis sin tener que acudir a un programa de reestructuración, lo cual permitió tener acceso a un nuevo flujo de endeudamiento externo contratado con la banca privada internacional.
El periodo comprendido entre 1988 y 1992 tuvo cambios institucionales importantes encaminados hacia la mayor apertura a los mercados internacionales.
Durante este periodo, los flujos de deuda externa se estancaron y la política de financiamiento del sector público se reorientó hacia la sustitución de deuda externa por deuda interna.
La deuda se incremento de manera sustancial entre 1993 y 1998, en el marco de la política de internacionalización de la economía y en un contexto de grandes inversiones públicas.
A finales de 1997, la economía mundial se enfrentó a una profunda crisis financiera que afectó de manera importante el ritmo de crecimiento de la economía colombiana, su situación fiscal y el endeudamiento externo. La inversión privada, el crecimiento del PIB y los flujos de deuda privada disminuyeron, mientras la deuda pública aumentó como consecuencia de los crecientes déficit fiscales.
Esta situación llevó a que el saldo de la deuda alcanzara niveles superiores al 50 por ciento del PIB, un nivel sin precedentes en la historia del país.
En el 2005, el saldo de la deuda externa de mediano y largo plazo era de 47.6 billones de pesos, lo que equivale a cerca de 54 por ciento del PIB, es decir que la deuda por habitante es cercana a $1’920.000.
La situación mejoró radicalmente con el auge 2003-2008 que entre otras cosas apreció el peso colombiano y con ello un alivio importante para la deuda externa que cayó a niveles del 30 por ciento del PIB en el año 2007.
A modo de síntesis, las políticas fiscales y de endeudamiento externo a lo largo del siglo XX fueron relativamente moderadas, si se las compara con las de muchas economías latinoamericanas que a partir de los años setenta comenzaron a producir grandes desequilibrios macroeconómicos que culminaron en crisis financieras y generalizadas, entrando en penosas fases de pare y siga con relación al crecimiento económico.
Sin embargo, el récord histórico de Colombia no es tampoco brillante y, una vez que logró ser sujeto de crédito internacional, su comportamiento dejó mucho que desear: convivió con inflaciones moderadas pero persistentes, recurrió de vez en cuando al financiamiento del Gobierno Central con emisión y mantuvo un estado demasiado pequeño hasta los años noventa del siglo XX.
Una vez acordado socialmente una gran expansión del gasto público, que financió necesidades sociales y sobre todo de seguridad frente a los desafíos de la insurgencia y del narcotráfico, se adentró en un déficit del Gobierno Central de tipo estructural que rehusó conjurar a pesar de la excepcional bonanza que vivió el país entre 2003 y 2007.
'' El récord histórico de Colombia no es tampoco brillante y, una vez que logró ser sujeto de crédito internacional, su comportamiento dejó mucho qué desear.”.
'' El Gobierno Olaya estableció un plan económico en 1931 que contempló la postergación de la amortización de la deuda atendiéndose sólo los intereses.”
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