A falta de impuestos el oportunismo sugiere la emisión primaria de dinero, aunque este fue un factor que aceleró la inflación durante varias fases como en los años cincuenta y sesenta y de 1985 a 1990. No obstante, durante la Gran Depresión y la crisis de la deuda de los ochenta, la emisión a favor del Gobierno pudo jugar un papel contra cíclico, pues remonetizó la economía.
¿Qué tan contracíclica fue la política fiscal durante el siglo XX? En general puede afirmarse que, con unas cuantas excepciones, la política fiscal colombiana tendió a ser procíclica durante el siglo XX. Las razones de este comportamiento combinan factores externos, como un ingreso fiscal muy dependiente del arancel, o internos como las restricciones crediticias de un sistema financiero llano que impedían flotar deuda pública, la mala calidad de las instituciones legales, reglas fiscales deficientes, corrupción y uno muy importante que es el llamado efecto ‘voracidad’, que dificulta que un gobierno deje de gastar cuando es lo conveniente para los equilibrios macro-económicos del país. (Lozano, Toro, 2007) Es evidente, por ejemplo, que en la Gran Depresión la política contracíclica sí se dio, pero fue tardía y moderada, después de abandonar el patrón oro y recibir el Gobierno grandes préstamos del Banco de la República. Después de la crisis de los ochenta y de la de 1999-2002 se manifiestan políticas contracíclicas primero que son mantenidas y se tornan en procíclicas, especialmente evidente en el auge más reciente (2003- 2007), dándose pleno el efecto voracidad de gastar y aprovechar un auge económico a favor del Gobierno, sin considerar la creación de fuertes desequilibrios macroeconómicos.
EL GASTO PÚBLICO Y EL EQUILIBRIO FISCAL A lo largo del siglo XX el gasto del Gobierno Central siguió bastante cerca el recaudo tributario por la falta de un mercado profundo de capital en el país y por el alejamiento de los mercados internacionales de crédito que habían permitido ampliar las inversiones públicas durante los años veinte.El retorno a esos mercados después de la Segunda Guerra Mundial permitió que se ampliara moderadamente el financiamiento del Gobierno, manteniéndose una relativa disciplina fiscal hasta los años noventa.
Durante la primera mitad del siglo XX, el recaudo tributario no atravesó la barrera del 5 por ciento del PIB, pero ya en la década de los cincuenta ronda el 7 por ciento, mientras que el gasto público alcanza el 10 por ciento del PIB hacia los años ochenta. En los noventa se amplía el recaudo hasta llegar al 15 por ciento del PIB y para el 2006 ha alcanzado el 16,5 por ciento del PIB, pero entre tanto el gasto público ronda el 22 por ciento del PIB, dando lugar a un déficit estructural y persistente que lleva la deuda pública a niveles nunca antes alcanzados.
El desequilibrio entre ingresos y gastos se aprecia mejor en el gráfico sobre el déficit del Gobierno Central a lo largo del siglo.
Los déficit de principio de siglo son relativamente pequeños, pues no exceden el 3 por ciento del PIB, incluyendo los de los años veinte, notorios por la actividad en las inversiones públicas en medios de transporte, energía e infraestructura urbana. Incluso durante los años treinta en que se esperaba que el Gobierno manejara contracíclicamente sus finanzas se encuentran pequeños déficit y aun episodios de superávit, pero estos surgieron de la moratoria sobre la deuda externa. Los años de la Segunda Guerra Mundial son también de superávit sistemáticos que se prolongan hacia los años cincuenta, gracias a una bonanza cafetera. La subsiguiente destorcida recrea los déficit fiscales, pero son pequeños, inferiores a 2 por ciento del PIB que se mantienen a principios de los setenta.
Los déficit se profundizan al final de la misma década y rozan el 4 por ciento del PIB, siendo coincidentes con la crisis de la deuda latinoamericana que dificulta su refinanciamiento, pero el ajuste se logra completar hacia 1990.
Los faltantes fiscales en que cae el país después de 1995 alcanzan niveles históricos nunca antes conocidos. El déficit estructural es del orden del 5 por ciento del PIB y la Gran Recesión de fin de siglo lo hace alargar al 7 por ciento del PIB. La posibilidad de déficit tan grande surge del aumento del financiamiento externo por medio de la flotación de bonos soberanos y de la profundización de un mercado interno de capital que financia la mitad de la deuda pública colombiana en 2005.
'' Los déficit de princi- pio de siglo son re- lativamente peque- ños, pues no exce- den el 3% del PIB.”.
'' En la Gran Depre- sión la política contracíclica sí se dio, pero fue tardía y moderada.”.
'' El Gobierno enfren- tó siempre una re- sistencia por parte de los contribu- yentes más ricos.”
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