Patrocinado por:
De perros y géneros
Esta semana el Concejo de Bogotá aprobó dos proyectos de Acuerdo que no dejan de llamar la atención. En primer debate pasó uno que prohíbe la presencia de perros en los parques infantiles, del concejal Ómar Mejía. Y a sanción del Alcalde pasó otro de la concejal Ángela Benedetti que propugna por un lenguaje incluyente para las mujeres: que no se diga la concejal sino concejala, por ejemplo.
Ignoro qué habrán hecho los perros para quedar marginados de los parques. En el pasado también han tratado de sacarlos de los apartamentos y ya no los dejan deambular por los conjuntos residenciales. Es más: existen normas estrictas para que salgan con bozal, correa y acompañados de su amo a todo momento. Otras obligan a los dueños de los canes a recoger las heces de sus cuadrúpedos. Es decir, legislación seria hay para que la convivencia entre perros y sociedad sea más llevadera. Pero pretender sacar del parque a quien por naturaleza goza de estos espacios al lado de niños y adultos parece un despropósito.
El concejal Mejía se metió nada menos que con el mejor amigo del hombre. Y a los amigos no se expulsa de sus espacios de recreación ni se condena a permanecer encerrados ni se les utiliza para ganar vitrina mediática. En cambio, con normas como estas, sí pagan las consecuencias de la irresponsabilidad de quienes no atienden las normas existentes.
Por otro lado, tampoco es claro qué ganan las mujeres con que en vez de llamarlas la juez se les diga jueza o en vez de la concejal se las llame concejala. ¿Se les viola algún derecho?, ¿afecta el desarrollo de la libre personalidad?, ¿atenta contra el cargo que ostentan?, ¿le importará mucho, digo yo, a la nueva general de la Policía que la llamen generala? Hasta suena incorrecto.
De no ser porque se trata de dos concejales serios, trabajadores y responsables, diría que aquí pesó más un afán de notoriedad que un debate juicioso y, sobre todo, conectado con la agenda de la ciudad.
Mientras los concejales debatían y pupitreaban estos proyectos, una niña de 17 años, Ayda Segura, moría como consecuencia de una bala perdida a la salida de su colegio; un bebé de seis meses también perdía la vida por cuenta de dos busetas que chocaron en el sur de la ciudad; la Policía revelaba cómo se disparó el robo de carros a mano armada; a Metrovivienda le invadían lotes que son para construirles casas a los pobres; más jóvenes huían de Soacha para no ser asesinados y cientos de desplazados permanecían en el parque Tercer Milenio y en la plaza principal de Kennedy.
Todas estas historias deberían conmovernos, así como conmovió a los vecinos de Ayda, que salieron a marchar, a protestar, a llorar. Pero resulta que lo más mediático resultó ser el tema de los perros y el lenguaje de géneros.
Está bien que los concejales Mejía y Benedetti, perdón, la concejala Bedenetti, hagan su trabajo, ganen merecidamente sus honorarios, trabajen.
Pero pregunto: ¿Son esos los temas que reclama hoy la ciudad?, ¿son decisivos para el devenir de la capital?, ¿responden a dramas de la gente, como el desempleo, la venta indiscriminada de droga esa sí en los parques; la falta de vivienda o el descalabro de sus finanzas? En estos momentos, la madre de Ayda y la del bebé de la buseta deben estarse haciendo una pregunta sencilla: ¿por qué a una hija la asesinan a las puertas de su colegio o un hijo debe morir tras un absurdo accidente de tránsito? ¿Podrían los concejales responderla? erncor@eltiempo.com.co
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 7 de junio de 2009
- Autor
- ERNESTO CORTÉS FIERRO
Patrocinado por: