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El siglo XX: población y crecimiento económico

INTRODUCCIÓN El tema de la población es fundamental para entender por qué el crecimiento económico en ciertas fases no puede absorberla, especialmente si el crecimiento demográfico es mayor que el del empleo productivo. Factores culturales, religiosos y de atraso educativo han confluido para que el Estado colombiano nunca haya tenido una política clara de población, lo cual ha impedido actuar conscientemente sobre las variables demográficas, agravando los índices de desempleo, subempleo y pobreza. Pero también, como se verá, el crecimiento económico de Colombia ha sido positivo, pero no tan brillante como para producir el pleno empleo de nuestra población.

El crecimiento económico como tal suscita amplio debate entre políticos y académicos. ¿Qué es lo que permite que la acumulación de capital en un país aumente hasta ocupar toda su población productivamente? ¿Cómo fue posible que esto ocurriera primero en Inglaterra y Holanda y se extendiera después a E.U., a Europa continental y al Japón, más recientemente al este de Asia? ¿Qué factores lo impidieron en el caso de los países latinoamericanos y de Colombia en particular? Así también el papel que juega el Estado en el crecimiento despierta una controversia similar, pues se trata de investigar si lubrica el desarrollo o se vuelve una carga improductiva que lo frena.

Hemos visto que el crecimiento de Colombia fue muy lento durante el siglo XIX, de 1,8% anual frente a 4,6% para el siglo XX. Como la tasa de crecimiento de la población en el siglo XX fue del 2,3% anual, el crecimiento por habitante fue de 2,3%, lo cual resultó insuficiente para ocupar a toda la fuerza laboral, como lo refleja el alto desempleo y el subempleo de la población. Durante el siglo XIX el crecimiento por habitante fue de sólo 0,1% anual.

El crecimiento económico en Colombia, como en todo el mundo, resulta del aumento de la riqueza y esta depende de los aumentos de productividad que experimenta el sistema económico. Este fue el punto de partida con que Adam Smith inventó la economía en su tratado sobre la riquezqa de las naciones.

La productividad, a su vez, está asociada con el cambio técnico que es el que permite que iguales cantidades de factores -mano de obra, capital y tierra- aumenten el producto. En este sentido, la globalización fue fundamental para que Colombia pudiera adquirir y domesticar tecnologías desarrolladas en los países industrializados a cambio de sus exportaciones.

De esta manera se pudo aplicar la energía eléctrica que multiplicó la productividad tanto de la mano de obra como del capital, los acueductos y la técnicas sanitarias que redujeron la mortalidad y morbilidad, los medios de transporte como el camión y el ferrocarril que desplazaron a la mula, la imprenta y las comunicaciones modernas, la medicina y las drogas que ampliaron la expectativa de vida de los colombianos. Todos estos cambios en la organización del trabajo, apoyado por maquinaria y energía, y que dieron lugar a una mayor especialización y sistematización del trabajo, explican en el fondo el fuerte crecimiento económico que experimentara Colombia durante el siglo XX.

LA POBLACIÓN EN EL SIGLO XX Los censos de población del siglo XX y el primero del siglo XXI permiten apreciar que la población pasa de 4.7 millones de habitantes en 1905, ya restados los del estado soberano de Panamá, a 42.9 millones 100 años más tarde. Ese dato no incluye a los más de 3 millones de emigrantes que residen en E.U., Venezuela y España. Se aprecia una aceleración del crecimiento demográfico en comparación con el siglo XIX, del 2,2% anual como promedio, frente al 1,7% del siglo anterior. Se ve cómo el resultado de 2005 se sale de tendencia, lo cual insinúa una subvaluación de la población o un cambio sustancial en la tasa de fertilidad.

Las variaciones en el crecimiento demográfico muestran ahora variables distintas a las que dominaban en épocas premodernas. Colombia pasó por la llamada transición demográfica que surge de las mejoras en salubridad, coberturas de salud y nutrición, educación y urbanización. Estas aumentan la expectativa de vida con la reducción de la tasa de mortalidad, mientras que la fecundidad se mantiene alta o aún aumenta por la mayor supervivencia de los infantes. Esta fase se caracteriza como de ‘explosión demográfica’, en la que la tasa de crecimiento alcanza el 3% anual. La esperanza de vida al nacer pasa de 29 años para hombres en 1898-1905 a 65 años en 1993-2005.

La fase siguiente contempla la reducción de la tasa de crecimiento debido al mayor control de la natalidad que surge de la mayor educación, las oportunidades de empleo femenino, los mayores costos de la crianza de los hijos, las familias más reducidas, que inciden todas en una mejor organización de la familia y previsión sobre su futuro. Caen tanto la tasa de natalidad como la de mortalidad y se reduce el crecimiento de la población, lo que corresponde a las sociedades modernas, permitiendo una mejora en el ingreso por habitante.

Sin embargo, en Colombia estamos lejos de esta situación. Comparados con otros países de América Latina estamos dentro del grupo de naciones más pobres y con tasas más altas de crecimiento de la población, en especial si nos comparamos con Cuba y con Uruguay.

El Estado colombiano no ha asumido hasta la Constitución de 1991, la responsabilidad por proveer instrumentos de control natal ni de la educación reproductiva de la población, por razones religiosas, dejándole esas tareas a una institución privada, Profamilia, que ha hecho una labor notable en la diseminación de las prácticas contraceptivas que tuvieron una amplia acogida dentro de la población. Más recientemente se ha permitido el aborto en casos limitados de violación o de riesgo para la vida de la madre. Sin embargo, como lo argumenta Rodrigo Botero, nunca ha existido una política transparente y sólida que incida en afectar de manera comprehensiva las tasas de fecundidad de las regiones más atrasadas del país que son también las más altas, mientras que tanto la Iglesia como la Izquierda han hecho campañas contra las políticas de población, habiendo contribuido a que el Estado no actúe de manera contundente contra la falta de educación que está a la base de la alta fecundidad.

Como puede apreciarse en la forma de campana de la gráfica 3, la explosión demográfica se produce en los años 60 y 70, de tal modo que las cohortes nacidas en ese período están hoy en día en el mercado de trabajo y son una de las explicaciones para el aumento de la población que demanda y no encuentra empleo en tiempos recientes. La tasa de 2,15% derivada entre los dos últimos censos hacen prever una población más vieja hacia futuro, con una proporción menor de jóvenes en la pirámide poblacional. Esta es una fase en la cual cae la tasa de dependencia o sea la suma de los infantes y de viejos, lo que genera oportunidades para universalizar la educación básica dando lugar a una especie de bono demográfico. Sin embargo, la tasa de fecundidad se mantiene relativamente alta; se acusan incluso aumentos en los embarazos de las adolescentes que agravan la pobreza de los estratos inferiores de la sociedad.

La fecundidad es claramente mayor en los departamentos y ciudades del país donde hay más pobreza y la educación exhibe coberturas menores. Ello revela nuevamente la falta de políticas de educación y de provisión de drogas y utensilios para el control de la natalidad. Millones de familias no ajustan su tamaño a los hijos que puedan mantener y amar o sea que no pueden controlar su propio destino, reproduciendo la pobreza y la indigencia.

LA URBANIZACIÓN Otro tema de interés en la evolución de la población colombiana ha sido su acelerado proceso de urbanización. En 1905 sólo Bogotá superaba los 80.000 habitantes o sea el 2,5% de la población del país, mientras que las siguientes tres ciudades (Medellín, Cali y Barranquilla) albergaba otro 2%.

Si en 1938 la población localizada en cabeceras municipales era el 30,9% del total, en el Censo de 2005 alcanzó el 76%.

A partir de 1951, Barranquilla pierde su dinamismo y se configura el triángulo de oro de Bogotá, Medellín y Cali, conectado con el puerto de Buenaventura al resto del mundo. En 1973 Bogotá tiene el 12% de la población del país, mientras que Cali, Medellín y Barranquilla jugaban con el 13%.

Este equilibrio cuadricefálico indicaba un reparto de las oportunidades de crecimiento industrial y de los servicios que, sin embargo, se va concentrando a favor de la capital. En 2005, Bogotá alberga el 16,3% de la población y genera el 22% del PIB, mientras que las otras 3 ciudades retienen el mismo 13% de la población, en vías a conformar una estructura similar al resto de países de América Latina, en los que la capital tiende a convertirse en una megalópolis.

'' El crecimiento económico de Colombia ha sido positivo, pero no tan brillante como para producir el pleno empleo de nuestra población.

'' La ciencia económica puede darse por bien servida. Las maniobras de Bernanke y del Departamento del Tesoro han dado frutos.”shashssaashshshjsjh

Publicación
portafolio.co
Sección
Información general
Fecha de publicación
5 de junio de 2009
Autor
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