MEDELLÍN El crimen de la abogada Juliet Patricia Mejía– que estaba embarazada, en el centro de Medellín– puso en evidencia la utilización de menores en actividades delincuenciales con el fin de burlar a las autoridades.
Con este son siete los casos de sicariato infantil en la ciudad en el transcurso del año.
Uno de los homicidas de la señora Mejía dijo tener 11 años, pero se comprobó después que en realidad tenía 15; el otro dijo que tenía 16 y mostró documentos falsos de un hermano medio menor, cuando en realidad tenía 19.
El homicidio ocurrió el miércoles. El mayor de los dos jóvenes entró con una mujer al edificio Padua. Las cámaras de seguridad lo muestran cuando sale, de gorra y abrazado a la mujer, cuya identidad se desconoce. Luego, ingresó de nuevo y el otro menor encañonó al vigilante.
Segundos después, se escucharon varios disparos, que le quitaron la vida a la abogada Mejía y ambos salieron a pie, tranquilos, hasta la esquina, donde le dieron un tiro en un ojo a una persona que intentó detenerlos. Siguieron, pero unos pasos adelante la Policía los capturó.
Una de las hipótesis que se barajan es que su asesinato fue ordenado a raíz de un caso que perdió.
La abogada falleció, pero los médicos lograron salvar a la criatura, que llevaba 8 meses gestándose en su vientre.
En Antioquia, el Icbf ha atendido 2.330 casos de infractores, desde hace un año, cuando se inauguró el sistema penal para menores en Medellín y en 12 municipios antioqueños. Según el director del Icbf en Antioquia, Sergio García, el 70 por ciento de estos jóvenes tienen problemas familiares y el 15 ó 20 por ciento usa estupefacientes.
Javier Agudelo / EL TIEMPO.
Infractores con historia de delito.
Los dos jóvenes a los que la Policía capturó por la muerte de la abogada Mejía tienen antecedentes en el mundo del delito. El mayor, inicialmente dijo tener 16 años, pero luego la Policía comprobó que es de 19 y mostró los documentos de identidad de un hermano medio de 16. EL TIEMPO estableció que hizo hasta quinto de primaria y vive con familiares en el barrio Castilla, occidente de la ciudad. Ya había ingresado tres veces a un centro para menores infractores por drogas. La última vez fue en diciembre, lo que hace suponer que también en esa oportuidad mostró papeles apócrifos.
Su acompañante para el crimen es un joven de 15, que hizo hasta tercer grado y vive en un barrio de la comuna nororiental. Había sido canalizado en la jurisdicción de infancia y adolescencia del Sistema de Responsabilidad Penal, por lesiones personales. Estaba al cuidado de sus allegados, pero estos no cumplieron con las citaciones.
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Samuel nació huérfano.
Samuel se llamará el bebé de Juliet Mejía. Nació por cesárea a sus 34 semanas de gestación, sólo diez minutos después de que dos jóvenes atacaran a tiros a su mamá.
Los médicos de la Clínica Soma precipitaron su alumbramiento para preservarle la vida, pues ya era inminente la muerte de ella.
“Tenía tres impactos intracerebrales; uno le atravesó la línea media y estas son heridas mortales. A pesar de toda la asistencia médica que se le brindó, era irremediable que muriera”, dijo el director médico de la Soma, Juan Carlos Aguirre.
Por ser prematuro, el bebé sufrió de una insuficiencia respiratoria y se recupera satisfactoriamente en Cuidados Intensivos Neonatales. Juliet se había casado hace diez años, pero no había querido embarazarse antes, esperando a mejorar su condición económica. “Me contó que siempre había querido tener un hijo. Que lo que fuera (hombre o mujer), pero que naciera”, cuenta una tía.
Se hizo abogada con esfuerzo.
La Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula) emitió ayer un comunicado en el que lamenta el asesinato de la abogada Juliet Patricia Mejía, de 27 años.
Ella había egresado de ese centro en el 2005 y en el 2007 culminó una especialización en Sistema Procesal Acusatorio.
Un hermano suyo, que prefirió omitir su nombre, recordó que de pequeña había soñado con ser diseñadora de modas, pero terminó estudiando derecho, carrera por la cual se le notaba la pasión. Tomaba clases de noche para sostenerse con el trabajo diurno.
Juliet Patricia Mejía.
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