LAS TASAS DE INTERÉS
Empresarios y consumidores, por igual, se quejan del alto nivel a que han llegado en el país las tasas de interés que los establecimientos financieros cobran por el crédito.
Tradicionalmente, estas han estado alrededor de quince puntos por encima de la inflación anual doméstica; ahora este diferencial es mayor de veinte puntos. En otras palabras, las tasas reales de interés exceden en más cinco puntos sus niveles tradicionales.
Con toda razón, el Gobierno teme que un crédito tan costoso sea incompatible con las ambiciosas metas que se tienen en materia de inversión, crecimiento y empleo.
De allí su insistencia en que se busquen medidas para abaratar los intereses.
Hay tres maneras de hacer esto. Dos de ellas operan a través del mercado, y como tales tienen efectos verdaderos.
Una consiste en aumentar la liquidez de la economía, para que los medios de pago crezcan no al 20 por ciento anual, como ahora, sino al 25 por ciento, por ejemplo, lo que permitiría ampliar la oferta de crédito. La junta del Banco de la República se opone a esta fórmula, por considerar que no es compatible con la meta de inflación del 18 por ciento fijada para este año.
Una segunda alternativa reside en reducir la demanda por crédito, ya sea aumentando el nivel de impuestos o disminuyendo el gasto público. El Gobierno prefiere incrementar la carga tributaria, pero el respectivo proyecto de ley se encuentra estancado en el Congreso.
Finalmente, queda la posibilidad de maquillar los mercados, imponiendo controles administrativos a las tasas de interés. Dada la existencia de una gran demanda de crédito, por todos los sectores, esto llevaría a reintroducir en el país los viejos sistemas de racionamiento que usaban las entidades financieras para eludir dichos controles.
Veríamos reaparecer las reciprocidades en depósitos, en comisiones, etc..., que quitan su transparencia al mercado, y con ella buena parte de su eficiencia. Las entidades que no recurrieran a tales instrumentos, verían estrecharse sus márgenes financieros, de por sí menoscabados por el alza en los encajes de los CDT.
No queda entonces más remedio que enfrentar el problema en sus verdaderas raíces, y, escoger: o algo menos de gasto público, o algo más de inflación. La junta ya escogió.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Economía
- Fecha de publicación
- 11 de junio de 1995
- Autor
- Antonio J. Urdinola

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