Una decisión correcta

Una decisión correcta

Ha pasado apenas un mes desde cuando el Fondo Monetario Internacional anunció una reestructuración de sus programas de financiamiento, en respuesta a la crisis global. Como es bien sabido, el organismo, al que pertenecen 185 naciones, tiene un rol protagónico en el manejo de la compleja encrucijada actual, un motivo por el que los integrantes del Grupo de los 20 apoyaron a comienzos de abril triplicarle su capacidad de préstamo hasta 750.000 millones de dólares. Aparte de simplificar los términos y condiciones para que los países tengan acceso a los recursos que maneja, y de ampliar el cupo disponible para cada uno, la entidad multilateral sorprendió a los observadores con la noticia de una línea flexible de crédito, destinada a las economías emergentes consideradas como más sólidas.

22 de abril de 2009, 05:00 am

La lógica detrás de la nueva opción es que puede haber naciones que hayan hecho las cosas bien, pero que resultan víctimas de circunstancias externas difíciles de controlar, como un descenso dramático de la liquidez mundial.

Por tal razón, la intención es garantizarles a dichos Estados la disponibilidad de recursos importantes, que pueden constituir hasta 10 veces la cuota que le hayan aportado al FMI, sin necesidad de condicionamientos previos y con el objetivo de preservar su estabilidad macroeconómica, así las aguas se tornen más turbulentas que en la actualidad.

En respuesta, a comienzos de abril, México fue el primero en anunciar una solicitud de 47.000 millones de dólares al Fondo, que fue aprobada el viernes pasado. A los pocos días, el turno fue para Polonia, que pidió 20.500 millones, y el lunes se supo de la intención de Colombia, que se inscribió en la lista con 10.400 millones de dólares. Semejante decisión fue bien recibida por los analistas, muchos de los cuales habían aconsejado la medida. Y es que esta equivale a comprar un seguro que tiene un costo muy bajo (cerca de un cuarto de punto porcentual al año), cuyo otorgamiento constituye una declaración de confianza.

Si bien lo más probable es que nunca sea necesario echar mano del dinero del FMI, en esta oportunidad el Ministerio de Hacienda reaccionó a tiempo, como lo demostró la respuesta del mercado cambiario. Ahora sí, la economía colombiana se encuentra más blindada que en el pasado, lo que le permitiría enfrentar eventos difíciles, como una restricción de las líneas de crédito del sistema financiero internacional o una devaluación del bolívar venezolano.

Sin embargo, hay que hacer más. Por ejemplo, el Gobierno debería atender los llamados a que analice la manera como piensa seguir enfrentando una crisis que al comienzo fue desestimada y que con posterioridad ha tenido más dosis de comunicados de prensa que realizaciones efectivas. Eso para no hablar del ‘reversazo’ que significó la decisión de reducir los precios de los combustibles el día de ayer. A pesar de las quejas del público y de las repetidas solicitudes de los técnicos de equiparar el costo del galón de gasolina y del Acpm con la realidad internacional, durante meses el Ejecutivo se mantuvo en una polémica posición, hasta que una amenaza de paro lo llevó a dar marcha atrás.

En consecuencia, es necesario demostrarle a la opinión que la política económica responde a análisis integrales y lógicos y no a la efectividad de ciertos grupos de presión. Al mismo tiempo, resulta indispensable que el anuncio de acelerar la ejecución de la inversión pública como mecanismo de paliación del clima recesivo pase del dicho al hecho. Pero, sobre todo, hay que recuperar la disminuida confianza de consumidores y empresarios, así como enfatizar que la correcta decisión de acudir al FMI no es, como no debe ser, la principal respuesta a una situación que es mala y puede ser susceptible de empeorar en el futuro