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CLAVE 1927 RESTOS DE D. MARCO FIDEL SUÁREZ A LA CÁMARA ARDIENTE

A las diez y cincuenta de la mañana de este domingo 3 de abril terminó la lenta agonía de uno de los presidentes más controvertidos del presente siglo, don Marco Fidel Suárez El cadáver yace en su residencia de la calle 15, en una humildísima alcoba blanqueada con cal, que ostenta como único adorno un crucifijo. Allí se refugió, con austera dignidad, durante los ultimos seis años de su vida, desde cuando obligado por los acerados ataques de su joven copartidario, el congresista conservador Laureano Gómez, se vio obligado a dejar la Presidencia

Este hombre, hijo natural de una lavandera, segundo en nuestra historia que en tal condición asumiera la Presidencia de la Nación (el anterior fue Obando), accedió a la primera magistratura en agosto de 1918, luego de una tormentosa campaña política que lo enfrentó a su copartidario Guillermo Valencia Su administración debio afrontar el surgimiento de nuevas ideologías, que desde la vieja Europa llegaron a América con los inmigrantes Así, le toco enfrentar en serie y en serio las primeras huelgas obreras en Colombia. La más grave de ellas ocurrió en marzo de 1919 en Bogotá. Con ocasión del centenario de la Batalla de Boyacá, el Gobierno invitó a los actos de celebración a un selecto grupo de países amigos, incluyendo por primera vez a España. El Ejército Nacional, que padecía de pobreza franciscana, no tenía uniformes presentables para tan magno evento. El Presidente decidió entonces, mediante decreto, adquirir una completa dotación de uniformes en los Estados Unidos Cuando la opinión pública se enteró, quién dijo miedo! Los artesanos se embejucaron al sentir que su trabajo era desplazado por manos extranjeras, y 900 de ellos decidieron manifestarse. Esa tarde, el Presidente derogó el decreto, pero los sastres, enchichados, ya marchaban hacia Palacio, en medio de la lluvia. El señor Suárez salió al balcón a explicar la anulación del decreto, pero los artesanos le gritaban: hable recio, no se oye! . Abochornado, el Presidente hizo seguir a los líderes a Palacio para leerles el final del discurso. Mientras tanto, afuera, la muchedumbre alebrestada inició una pedrea contra el palacio, agresión que fue respondida torpemente por el traqueteo de una ametralladora de la Guardia Presidencial. Diez muertos y quince heridos fue el saldo trágico de la protesta Pero no fueron los incidentes sindicales ni los graves problemas económicos que debio enfrentar Suárez durante su administración los causantes de su renuncia: fue un simple hecho doméstico el que desencadenó el final de su mandato. En ese tiempo se discutía con ardor en el Congreso el Tratado Urrutia-Thomson, que zanjaba definitivamente con los Estados Unidos el doloroso caso de la pérdida de Panamá. Por ese motivo reinaba en el país una atmósfera francamente adversa hacia los norteamericanos. El Presidente, que devengaba un salario mensual de $1.500 pesos, decidió, en un momento de estrechez económica, vender por adelantado sus sueldos y sus gastos de representación a un prestamista. En la operación sirvió de intermediario un funcionario de la compañía norteamericana United Fruit Company, que adelantó los dineros correspondientes, mientras se perfeccionaba la operación con un banco extranjero Laureano Eleuterio Gómez, un apasionado político conservador de 32 años, diez de ellos empleados en la tenaz confrontación parlamentaria, no podía olvidar ni perdonar la afrenta sufrida cuando el señor Suárez le corrigió públicamente una falta gramatical, en la que incurrió durante un debate en la Cámara. Ahora, con el episodio de la venta de los sueldos, le llegó su cuarto de hora Gómez, exhibiendo enconada dialéctica y dueño de la situación, demolió con crueldad la ya débil autoridad del Presidente y lo obligó a renunciar agobiado por las acusaciones de indignidad Ahora, a las 24 horas de muerto el señor Suárez, la Asamblea de Santander aprobó una moción de duelo, de la que Laureano Gómez es uno de los proponentes: Con vivísima emoción me inclino ante la tumba que se acaba de abrir para recibir los despojos del egregio varón que rindió en Bogotá la jornada de la vida. Acaso no hay en la historia del país contradicción más viva que la surgida entre aquel clarísimo ciudadano y este modesto individuo que os dirige la palabra. Los hechos que constituyeron esta larga pugna están sujetos al juicio de la historia y al fallo de la eterna justicia... El diputado por Vélez, señor Motta, se levantó indignado: No venga ahora a elogiar a quien usted nunca ahorró medio para descargarle toda clase de zarpazos, porque hasta quiso apoderarse de sus huesos y chupar los tuétanos del señor Suárez Gómez, avasallante y tempestuoso, le replicó indignado: Sus palabras me hacen recordar aquella frase de Fontenelle: Lastima que no haya una ley que prohíba a los perros entrar a los cementerios

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
12 de febrero de 1992
Autor
Armando Caicedo G.

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