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Una buena alimentación es la clave para mantener las defensas de los niños

El sistema inmunológico es la defensa del cuerpo contra las infecciones. Cuando un virus o una bacteria ingresa al organismo, este los reconoce como un cuerpo extraño y activa una serie de anticuerpos que atacan y destruyen al germen invasor.

El sistema inmunológico está compuesto por células, como macrófagos, glóbulos blancos (que incluyen los linfocitos) y productos solubles, entre los cuales sobresalen los anticuerpos y el interferón.

Este último “nos defiende de los virus. Es el que produce la fiebre, un mecanismo de defensa que ayuda a eliminar a los microbios”, afirma el pediatra alergólogo e inmunólogo Francisco Leal Quevedo.

El bebé nace con los anticuerpos que su mamá le pasó a través de la placenta durante los nueve meses del embarazo. A los seis meses estos se van agotando, por lo cual la leche materna se convierte en la fuente principal de defensas.

Estas –dice el doctor Leal– tardan un tiempo en madurar y solo a partir de los 7 años un niño logra producir una buena cantidad de anticuerpos. Por eso, los menores de esta edad tienen más riesgos de enfermarse con cierta frecuencia.

En un niño con las defensas bajas –explica– las enfermedades se prolongan o se complican.

LA ALIMENTACIÓN Y LAS DEFENSAS Es claro que la nutrición juega un papel clave en la formación de anticuerpos, específicamente las proteínas. Estas se encuentran en lácteos y carnes.

“Los alimentos en general y los nutrientes en particular ejercen un papel importante en el desarrollo y preservación del sistema inmune que puede alterarse por deficiencias específicas, por excesos crónicos o por el desequilibrio entre nutrientes”, afirma la nutricionista Clara Rojas, coordinadora de nutrición pediátrica del Centro Colombiano de Nutrición Integral (Cecni). De allí que una dieta balanceada fortalezca el sistema inmunológico.

La deficiencia de aminoácidos específicos –explica– disminuye la acción de los anticuerpos. La glutamina y arginina son dos de ellos y favorecen la respuesta inmune. Cuando existe infección intestinal ayudan a regenerar las células del intestino. Se encuentran en todos los alimentos que tengan proteína (como leche, frutos secos y carnes).

Los oligoelementos también son clave en el fortalecimiento de las defensas (ayudan, por ejemplo, a que las mucosas estén en buen estado). Los más importantes son el hierro y el zinc. “Las hormonas del timo (órgano linfoide que ayuda a combatir infecciones) dependen del zinc, al igual que 200 enzimas del cuerpo”, explica el doctor Leal Quevedo.

También es importante un consumo adecuado de calcio, magnesio y cobre. El selenio (presente en carnes, lácteos, frutas, verduras y frutos secos, entre otros) –afirma la nutricionista Clara Rojas– potencializa la respuesta inmune. Las vitaminas y los minerales también juegan un papel importante en el fortalecimiento de las defensas.

En el caso de las primeras, por ejemplo, su carencia puede provocar depresión del sistema inmunológico. “Los efectos más adversos se observan cuando hay deficiencia de vitaminas A, C, E, ácido fólico y del complejo B”, dice la especialista.

La fibra –indica– ayuda a regular la flora intestinal y evita que en el intestino crezcan bacterias malas.

El consumo de probióticos favorece la colonización del intestino con bacterias benignas, manteniendo una flora saludable.

“La administración de bacterias seleccionadas (probióticos) y compuestos no digeribles que favorecen el desarrollo de la flora deseable (prebióticos), en forma de alimentos (por ejemplo, leches fermentadas o complementadas) o suplementos alimentarios constituyen estrategias idóneas para modular la composición de la flora y potenciar sus efectos metabólicos beneficiosos”, indica la nutricionista.

OTRAS CAUSAS El estrés y los fuertes cambios emocionales pueden bajar las defensas.

“El cuerpo es una unidad. Existe una conexión entre el sistema inmunológico, el sistema nervioso y el sistema de las hormonas (neuroinmunoendocrina) y esto explica, por ejemplo, por qué una pérdida afectiva hace que la persona se enferme más”, afirma el pediatra alergólogo e inmunólogo Leal Quevedo.

El especialista propone alternativas para mejorar las defensas de los niños:.

- Alimentarlos de forma adecuada. Es importante incluir en la dieta del infante alimentos de todos los grupos, pues así se garantiza que consuma los nutrientes necesarios.

- En lo posible, que tengan un estado emocional adecuado.

- Ponerles anticuerpos en caso tal que presenten deficiencia de los mismos, indicados por el médico después de un análisis riguroso (gammaglobulinas).

- Administrarles todas las vacunas.

- Estimularlos para que hagan ejercicio.

¿Por qué vacunar?.

Los expertos insisten en la efectividad de las vacunas y en que su capacidad de producir anticuerpos contra una patología supera el 90 por ciento.

Cuando esta ingresa al organismo del niño, produce anticuerpos que ‘practican’ con estos microorganismos atenuados o inactivos. A partir de este momento, el sistema inmunológico del pequeño guarda en su memoria el contacto con dichos gérmenes y, cuando debe enfrentarse a los verdaderos virus o bacterias que producen una enfermedad en particular, los anticuerpos bloquean la infección y evitan que el niño se enferme.

'' En un niño con las defensas bajas, las enfermedades se prolongan en el tiempo o se complican”. FRANCISCO LEAL, ALERGÓLOGO.

Cómo prevenir infecciones en esta temporada.

En principio, una gestante que se alimente de manera adecuada, tenga un control prenatal riguroso y viva en un ambiente libre del humo del cigarrillo, tiene menos riesgo de un parto antes de tiempo. Los bebés prematuros tienen sistemas inmunológicos débiles y son más vulnerables al desarrollo de infecciones.

“Hay que amamantar al bebé de manera exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Esto refuerza el desarrollo del sistema inmunológico que está en pleno fortalecimiento”, afirma el neumólogo pediatra Gustavo Aristizábal, coordinador del grupo de Enfermedades Respiratorias Agudas –ERA– de la Secretaría de Salud de Bogotá.

Bañar al niño todos los días, vestirlo con ropa limpia, abrigarlo bien pero no en exceso (pues lo clave es tapar nariz y boca) y evitar cambios bruscos de clima son otras maneras de prevenir que el pequeño se contagie de una infección respiratoria, muy común durante esta temporada de lluvias.

De igual forma, tanto el adulto como el niño deben lavarse las manos con frecuencia. En la casa donde habite el pequeño nadie debe fumar y si alguno de sus padres está enfermo, debe usar tapabocas.

En esta temporada de lluvias es normal que aumente la circulación de virus en el ambiente, los cuales causan enfermedades respiratorias agudas, y los niños menores de 5 años son los más vulnerables a presentarlas.

Tienen más riesgo de contraer estas enfermedades, por ejemplo, los niños que asisten a jardines infantiles, que tienen hermanos mayores, que se encuentran en hacinamiento e hijos de fumadores.

En cuanto a la posibilidad de desarrollar una enfermedad severa, son más susceptibles los infantes menores de dos años, los prematuros y los que están bajos de defensas.

Cabe anotar que un buen cuidado físico, sicológico y emocional hace que el niño logre tener un estado de salud adecuado, pues, a veces, algunos hábitos de vida afectan el bienestar general

Publicación
portafolio.co
Sección
Abc del Bebé
Fecha de publicación
4 de abril de 2009
Autor
ANDREA LINARES GÓMEZ

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