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Los actores de ‘Pandillas’, ¿qué hicieron estos años?

Están que no se cambian por nadie. José Urley Rojas (‘Rasputín’), Iván Darío Aldana (‘Champú’) y César Serrano (‘Pecueca’), personajes centrales de la serie Pandillas, guerra y paz, acaban de recibir la noticia de que se grabará, por fin, la proyectada segunda parte.

Pero, si no fuera porque el propio libretista Gustavo Bolívar los llamó para volver a desempeñar sus personajes, no lo hubieran creído.

Finalizada la primera parte, en el 2003, luego de siete años de popularidad, volvieron al anonimato. “Somos humildes, trabajadores, responsables y, aunque los vecinos sí lo saludaban a uno más de lo normal, todo en la vida siguió igual”, dice Rojas.

CÉSAR SERRANO: ‘PECUECA’.

Con 31 años y una carrera artística que comenzó en el colegio, César Serrano, ‘Pecueca’, tiene claro que siempre estará vinculado a los medios de comunicación, ya sea como actor, director o en una labor social.

Desde antes de los 15 años ya andaba con el cuento de ser actor metido en su cabeza. “Soñaba con tener personalidades ocultas y expresarlas. Me encantaba la música, pero mi mamá no se daba cuenta del talento que había en mí y poco me apoyaba”.

Así que tuvo que buscar el camino solo y, con sus ahorros, de trabajos hechos como carpintero, pintor de carros y vendedor de gaseosas, logró inscribirse en la Fundación Lumiére y en la Academia Charlot para estudiar cine y teatro. “Siempre quise ser un guerrero, tener la fortaleza para llegar lejos y superarme”, dice este joven, que hoy tiene un hijo de 3 años y medio.

Su vinculación a la serie también llegó por casualidad. En uno de sus tantos talleres se topó con Gustavo Bolívar y este le ofreció un personaje en la serie, justo cuando la estaba escribiendo. “Se me apareció la Virgen”, recuerda.

‘Pecueca’ impactó porque creía en Satanás e inducía a Richard (Juan Sebastián Calero) para que fuera parte de las sectas. La reacción de los televidentes no se hizo esperar y en la calle lo empezaron a rechazar.

Incluso fue atacado por una banda en Ciudad Bolívar. “Me pegaron un tiro en los genitales. Casi me asesinan”, dice.

Se mantuvo hasta el final de la serie, pero al culminar su personaje se sintió defraudado por promesas que, dice, nunca le cumplieron. “Un día eres uno y al otro ya no eres nadie. No soy la superfigura, pero tengo talento y aunque hice cosas en Floricienta, Tiempo final y algunas obras de teatro, nunca hubo oportunidades grandes”, dice.

En el 2008, Bolívar lo volvió a contactar para participar Sin senos no hay paraíso, de Telemundo, y en su película Sin tetas no hay paraíso.

Por fortuna, su nombre sigue siendo reconocido. “Decidimos sacarle el jugo al personaje y presentamos un proyecto en las alcaldías para dar charlas sobre prevención de drogas, alcohol y consumo de tabaco”. Ya han visitado localidades de la capital e incluso poblaciones del Caquetá, donde ha estado con sus socios José Baquero, ex pandillero de Ciudad Bolívar, Edison Polo y con el sicólogo Ángel Galeano.

JOSÉ URLEY ROJAS: ‘RASPUTÍN’.

Para este bogotano, de 36 años, que desde los 13 tuvo que abandonar sus estudios para entrar a trabajar en lo que fuera y ayudar a su mamá y a sus cuatro hermanas, ingresar a la televisión era todo un sueño.

Su vida no ha sido fácil. Tuvo que aceptar trabajos en Corabastos cargando bultos y posteriormente, de albañil. Con el paso del tiempo y gracias a sus contactos en el barrio (Ciudad Bolívar) empezó a organizar torneos de fútbol, a trabajar como locutor de su localidad, a alquilar sonido para eventos y otras cosas más. “Mejor dicho, donde estaba la plata estaba yo”, dice, convencido de no temerle al trabajo, porque debe “levantar plata como sea” para el sustento de sus cinco hijos.

Hasta que, por cosas del destino, llegó Pandillas, guerra y paz y no dudó en hacer todo lo posible por ganarse un papel. Por intermedio de unos amigos entró a la grabación y se mezcló con los extras. Se hizo notar tanto que el mismo Bolívar le pidió que le hiciera un diccionario con las palabras “ñeras” que existían y su significado.

El contacto con los pandilleros de Ciudad Bolívar lo curtió en el tema y sabía al derecho y al revés todo ese léxico. A cambio, el libretista le daría un papel. “Pero no me vaya a matar al segundo día”, le replicó Rojas, que entró finalmente en el capítulo 25 y terminó en el 310, cuando culminó la serie.

Su vida se arregló un poco –por capítulo le pagaban 120 mil pesos– y alternó la actuación con sus trabajos como organizador de torneos, logró comprar casa, moto y tener algunas comodidades.

Al terminar la serie intentó seguir vinculado con la televisión, pero no le resultó fácil. Tan solo participó en algunos capítulos de Tu voz Estéreo.

Después de ello volvió a su cotidianidad.

Por eso, hoy , cinco años después de participar en la serie vuelve a sentirse ansioso pero esta vez con la esperanza de que le paguen “por ahí un millón 200 mil pesos por capítulo”, dice tras una carcajada.

IVÁN D. ALDANA: ‘CHAMPڒ.

Con apenas 29 años, su historial como actor data de cuando tenía 13. Desde antes de graduarse como bachiller, Iván Darío Aldana ya era uno de los miembros más conocidos en la localidad de Ciudad Bolívar, porque junto con varios compañeros estuvo vinculado a programas sociales de apoyo a la juventud. “Hicimos muchos proyectos deportivos, juveniles y de teatro alrededor de la Universidad Distrital”, cuenta orgulloso.

Iván aprendió, desde niño, a valerse por sí solo y a trabajar. Por eso, además de las obras de teatro por las que les pagaban algunos pesos, se dedicaba en ocasiones a vender helados.

Su ingreso a la segunda temporada de Pandillas lo tiene más que contento y con muchas expectativas, pero en este momento no hay nada que lo desvele tanto como la separación temporal de su esposa y sus tres hijos, uno de los cuales viene en camino.

Durante 275 capítulos se mostró como un joven que no hablaba mucho, pero cuando tocaba reaccionar no le temblaba nada. Y así mismo lo veían en la calle.

“Creo que mi vida cambió después de la serie. Haber tenido de cerca tantas vivencias con los muchachos de la localidad logró que llevara de forma real mi personaje, pero una vez se terminó la serie fue triste ver que la gente piensa que uno solo puede hacer este tipo de roles. No surgen más oportunidades”, dice.

Por eso, después de la primera temporada se dedicó a lo que sabía hacer e, incluso, montó con otros compañeros una planta de procesamiento de plásticos en la cual ayuda a varias personas que viven del reciclaje

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
22 de marzo de 2009
Autor
LUZ ADRIANA VELASCO

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