Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

‘Al porno colombiano le falta...’

Este es un libro doble: de un lado, Días de porno Historia de la vida breve del porno en Colombia; del otro, Diccionario arbitrario del porno (Planeta), y aunque Simón Posada tiene apenas 25 años y parezca demasiado joven, es un periodista con una trayectoria visible.

Hizo cursos de guión en la escuela de San Antonio de los Baños (Cuba) y su libro de crónicas Las barbies también sueñan con muertos (Norma) se vendió todo; no se consigue, por ahora, ni en remates ni de segunda.

También hay que decir que es comunicador javeriano y que es redactor de la revista DONJUAN.

¿Qué tanto tiene de autobiográfico este libro? Nada. Para poder hacerlo hice más de 60 entrevistas, entre directores, actrices y actores colombianos, hasta leyendas mundiales como Andrew Blake, Nacho Vidal y Georgina Spelvin. Veía porno todos los días (antes de ir a trabajar y antes de acostarme). Creo que pasé de las 200 películas. Después de todo esto, mi afición aumentó, sobre todo por las películas que cuentan una historia, como Garganta Profunda o The Devil in Miss Jones, o que tienen una intención estética, como las de Andrew Blake y las de la productora Digital Playground, algunas de ellas con ex bailarinas de ballet y modelos de alta costura.

Pero, usted cuenta que vio la primera cinta porno con su mamá. ¿Cómo llamaría Freud esa particularidad autobiográfica? Mi mamá leyó Freud cuando estaba embarazada de mí, y ella siempre me ha hablado muy tranquilamente de sexo. La cosa fue que yo en el colegio, cuando tenía seis años, vi que unos niños estaban hojeando una revista porno, y por la tarde le conté a mi mamá. Ella sacó de un cajón unas Playboy de mi papá y me las mostró y me explicó muy bien, tanto así, que me hablaba de que, además de viejas, esas revistas tenían historias sobre la guerra de Vietnam y entrevistas a actores y gente de Hollywood.

Y de ahí se aficionó al periodismo.

Esa afición viene por una tía que era periodista.

¿Qué le dejó esa experiencia? Me impresionaron los afros púbicos, me parecieron muy llamativos. Bueno, también había unas Penthouse y ahí ya había más detalles. Me acuerdo que me gustó ver las revistas, me emocioné.

¿Corrió a contarles a sus amigos? No, no le conté a nadie. Fue un secreto siempre entre mi mamá y yo. Si mi papá se hubiera enterado se habría puesto bravísimo.

¿Compró su primera revista? Nunca compré revistas. El primer objeto pornográfico que tuve fue un disquete con 20 fotos de Pamela Anderson que un amigo bajó de Internet, de Playboy. Tendría entre 13 y 14 años. Me acuerdo de que en algunos computadores se veían como con los colores invertidos, y tocaba configurar mil cosas para que se vieran. Después, un amigo me prestó una película y me impactó mucho el sexo oral, y luego encontré una película de mi papá, de Andrew Blake, mi director favorito, a quien entrevisto en el libro.

La idea de hacer este libro, ¿de dónde nació? Vino de Antonio García, un profesor de la universidad. Él vio que yo estaba escribiendo sobre porno en DONJUAN y me dijo: “Eso es un libro”. Me pareció que era un gran tema. Es una dimensión de la vida y del ser humano muy extraña: el sexo público.

¿Qué siente si lo tildan de pornógrafo? Nada. De hecho, me gustaría escribir el guión de una película, y voy a hacerlo en algún momento con los de www.7labios.com En qué radica el gusto por la pornografía Creo que el término pornografía es muy subjetivo.

Pero estamos hablando de cine de sexo de primeros planos, de Nacho Vidal y gente del sexo profesional.

El porno tiene una función clara: ayudar a la masturbación. Pero alrededor de eso pasan cosas muy interesantes:las historias, las actuaciones, el maquillaje, la fuerza de las escenas. Obviamente, ese es un porno muy escaso.

REFLEXIONES SOBRE EL PORNO COLOMBIANO.

¿Hay una diferencia real entre lo porno y lo erótico? Creo que no hay diferencia, sino que hay una cosa de clase. Hay un director que dice que el erotismo es el porno vestido de Dior.

¿El porno nacional es solo un buen negocio o es algo más? El porno en Colombia es un buen negocio, pero es muy difícil; hay más pocas actrices y muy malas, y por eso la industria no se ha dinamizado. Ninguno de los directores ha encontrado una actriz que la gente quiera ver y que venda películas. Además, el consumo de porno en el país está muy extendido por los conductos de la piratería. Muy pocas personas compran porno aquí.

Casi todo es Internet. En esa medida, más del 80% del porno que se hace en Colombia es para exportación. Se vende porno nacional en Estados Unidos, España, Italia, México, Argentina. Creo que si llegáramos a tener una actriz en el exterior tan famosa como Jenna Jameson o Belladonna el país empezaría a consumir porno de manera más tranquila y abierta

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
21 de marzo de 2009
Autor
FRANCISCO CELIS ALBÁN

Publicidad

Paute aqu�