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LAS VENTAJAS DEL IVA

El Impuesto al Valor Agregado se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos públicos en la mayor parte de los países, y ha venido sustituyendo gradualmente a los aranceles de aduana como el más importante de los impuestos indirectos.

Las ventajas del IVA son bien conocidas; al tener como base el valor agregado por cada sujeto, se evita el efecto de cascada que generaban los antiguos impuestos a las ventas. El IVA se puede orientar hacia el gasto de consumo, con lo cual se favorece la inversión, como lo han hecho muchos países al exceptuar de este impuesto los bienes de capital. El gravamen es fácil de controlar y recaudar, y al cruzarse con el impuesto de renta permite reducir la evasión de este último.

También es posible hacer del IVA un gravamen progresivo, como se ha hecho en Colombia, al no aplicarse a los bienes y servicios de mayor consumo popular, como los alimentos y las drogas, por ejemplo.

La reforma tributaria de 1992, que buscó reemplazar con un mayor IVA la disminución de ingresos fiscales que se iba a derivar de la reducción general de aranceles exigida por la apertura, resolvió de manera inadecuada dos graves problemas que se derivan de la estructura que tiene el IVA en nuestro país. El primero de ellos nace de que al estar libres del impuesto una serie de bienes y servicios de primera necesidad, les queda imposible a los productores de ellos deducir del valor del IVA que deben entregar al Gobierno el monto del que han pagado sobre sus insumos. Antes de 1992, la nación devolvía esa diferencia al productor.

El espíritu fiscalista del señor Hommes le llevó a hacer eliminar tales devoluciones, con lo cual se agravó notablemente el costo de los productores de los bienes y servicios no gravados, quitándoles capacidad competitiva precisamente por ser de primera necesidad.

Por razones de facilidad de control, en Colombia nunca se liberaron del IVA los bienes de capital, excepto aquellos adquiridos por las industrias básicas, con lo cual se reduce la competitividad a las empresas nacionales frente a sus rivales extranjeros.

En 1992, para tratar de corregir esta distorsión, se permitió deducir el IVA pagado por bienes de capital del impuesto de renta del siguiente período gravable, entre otras razones porque se quería evitar a toda costa, como en el caso anterior, la devolución del exceso de IVA. La medida sólo favorece a las empresas que estén generando utilidades, y discrimina seriamente contra las nuevas firmas o aquellas que estén atravesando por un período de baja rentabilidad.

La solución más apropiada a estas dos fallas estructurales de nuestro IVA es la de aceptar de nuevo la devolución del exceso de IVA, lo que permitiría mantener la progresividad del impuesto y su aplicabilidad general que facilita el control. Valdría la pena que el Congreso revisara estos temas en momentos en que se debate una nueva reforma tributaria.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Economía
Fecha de publicación
28 de mayo de 1995
Autor
ANTONIO URDINOLA

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