Gringos revelan secretos del cautiverio

Gringos revelan secretos del cautiverio

Las difíciles condiciones en que convivieron con los políticos y militares secuestrados por las Farc será, sin duda, el tema más picante del libro ‘Out of captivity’ –fuera del cautiverio– que los tres contratistas norteamericanos ponen hoy a la venta para contar sus experiencias como cautivos de ese grupo guerrillero.

24 de febrero de 2009, 05:00 am

Es un libro escrito a seis manos en el que Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes hacen un recuento de las largas y agotadoras marchas, las enfermedades tropicales, los cambios de campamento y las relaciones de amor y odio que vivieron con otros secuestrados durante cinco años y medio de cautiverio.

Son estos detalles, en los que los demás secuestrados liberados han guardado algo de discreción, los que podrían avivar una polémica. Aunque cada uno de ellos establece una perspectiva e interpretación sobre un mismo hecho.

Los contratistas hablan de rivalidad, celos y traiciones entre los secuestrados llamados “políticos”.

Los términos más fuertes son para la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt. Según Keith Stansell, cuando ellos llegaron al mismo campamento donde estaba la líder colombo-francesa, en octubre del 2003, recibieron una gélida bienvenida.

Stansell sostiene que Betancourt se quejó con los guerrilleros porque no había espacio para acomodar a los tres nuevos “huéspedes” y su actitud siempre fue egoísta y manipuladora.

Lo que más le molestaba a Stansell era cómo ella y Lucho, como le decían a Luis Eladio Pérez, eran los que tenían la última palabra en muchas de las rutinas de convivencia de los secuestrados.

Es claro que Stansell nunca simpatizó con Betancourt y siempre desconfió de ella. Según su relato, donde quiera que estuviera la ex candidata, el ambiente entre los secuestrados se deterioraba.

El contratista estadounidense dijo que ella podía pasar de ser una “mujer con carisma” o una “anfitriona cordial” a una “arpía”.

Lo más probable es que Betancourt y su familia reaccionen a estas declaraciones, pues todos los secuestrados liberados han procurado no revivir las heridas que les dejó el cautiverio. Sin embargo, una de las primeras en contar detalles de estos amargos episodios fue Yolanda Pulecio, madre de Íngrid, quien el año pasado le admitió a Clarín de Buenos Aires la difícil relación que tuvo su hija en la selva con su amiga Clara Rojas.

Tom Howes tampoco tuvo una buena impresión de la candidata: “Quería ejercer poder sobre todos nosotros, pero yo sentía que ya teníamos suficiente con un jefe, las Farc, no necesitábamos otro”, escribe Howes.

Pero la de Marc Gonsalves fue completamente diferente. Siendo el más espiritual de los tres, llegó a desarrollar una relación muy cercana con la política cuando se reencontraron casi tres años después (en 2007) en otro campamento. Pero al final, esta no quedó en los mejores términos, nuevamente por los celos, los chismes y el mismo estrés del cautiverio.

Los tres contratistas también hacen referencia al nacimiento de Emanuel y a la fuga de John Frank Pinchao, dos hechos que los marcaron de forma diferente durante su cautiverio.

En varias oportunidades expresan asombro por la torpeza, la falta de recursos y la carencia de disciplina militar de las Farc, una organización que, a pesar de esto, lograba causarle muchos daños al país.

Sobre la operación de rescate, confirman que fue tan inesperada y rápida, que no tuvieron mucho tiempo de procesar qué había pasado antes de tocar suelo estadounidense.

Sus vidas después del secuestro han tenido sus altos y sus bajos. Tanto Howes como Gonsalves sufrieron la disolución de sus matrimonios, mientras que Stansell decidió empezar una nueva vida con Patricia Medina, la azafata de Avianca que terminó siendo su aliada, aunque a distancia, en el cautiverio