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EUREKA!: INVENTOS COLOMBIANOS

El día que Hernán Vélez decidió encerrarse con sus robots humanoides empezó a ser un hombre raro. Se le metió una idea a la cabeza y no descansó hasta ponerla en un concierto. Necesitó 10 años y 15 millones de pesos para crear a Titanio y a Androide. El primero, especialista en tocar batería y el otro, el contrabajo y ocho instrumentos más. La meta de Hernán es completar una orquesta robotizada.

En Japón hay un grupo musical de robots digitales que dependen de interruptores, mientras los de Vélez son biónicos y análogos. En otras palabras, el cerebro es electrónico y se parece más al del hombre, comprenden y reproducen. Poseen una memoria que les permite aprenderse 10 mil piezas musicales, que no olvidan jamás, y acompañan el ritmo con luces y efectos.

Pueden ser habilitados para remplazar a un operario con la ventaja de trabajar las 24 horas del día y con precisión permanente. Se mueven en tres dimensiones: arriba, abajo y al frente.

La idea de este ingeniero electrónico paisa, quien piensa irse del país por falta de apoyo, refleja la persistencia muy cerca de la terquedad de unos 300 inventores del país. Por lo menos, ese es el número de miembros de la Asociación de Inventores de Colombia (Acodi), que surgió en un encuentro nacional organizado por la Superintendencia de Industria y Comercio en 1988. Las patentes El año pasado, Colciencias entregó diez millones de pesos para financiar los siete mejores inventos y su comercialización. Para 1994 tiene previsto dar cien millones de pesos y aumentar el número de favorecidos.

Según el presidente de Acodi, el ingeniero Miguel Pacheco, estos son los primeros frutos de una tarea sin honorarios y de una estrategia que busca contar con unos cinco mil investigadores en el año 2000.

Cada año, en Japón se expiden 200 mil patentes y en Estados Unidos, 90 mil. En Colombia, la Superintendencia expide 1.200, de las cuales más del 70 por ciento corresponde a compañías multinacionales que traen sus innovaciones al país.

Aunque, a decir de los inventores, las palancas siguen funcionando, la tramitología en los últimos dos años ha disminuido. Rodrigo Arteaga de Brigard, abogado de la División de Signos Distintivos de la Superintendencia, considera que el proceso es mucho más ágil ahora y el mayor problema es la falta de respaldo económico. Y como en todo, no faltan los tramitadores. En Bogotá, donde hay que hacer todas las gestiones, existen seis empresas especializadas en estos servicios.

Las patentes se dividen en las categorías de invención (los novedosos); modelos de utilidad (un cambio para mejorar algún proceso) y los diseños industriales.

Rodrigo Martínez, jefe de laboratorio en la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la Universidad del Valle, pone de presente el desarrollo de proyectos creativos en el ámbito universitario. Se avanza en la adaptación de nuevas tecnologías que modernizan los sistemas de trabajo en el medio, al tiempo que se ahorran divisas en importaciones.

El ingeniero Pacheco dice que la mayoría de inventores no patentan. El trámite cuesta más de un año de espera y alrededor de un millón de pesos: 98 mil por el formulario de solicitud, 10 mil por la publicación en el diario oficial, 98 mil por el título, además de los honorarios de un abogado que pueden ser de medio millón de pesos (es obligatoria la intervención de uno de ellos), más otros gastos como certificados y viajes desde la provincia, que pueden llegar a los 300 mil pesos.

Pero no sólo es cuestión de plata. Según Pacheco, se pone en duda que la patente proteja de verdad. Lo mismo piensa Vélez, quien además plantea que todavía pesa mucho el complejo de inferioridad del tercer mundo.

Ideas a volar Algunos de los inventos son : - Alas para flotar en el aire sólo con el impulso de una carrera, de Elías Rodríguez. - Silla de ruedas que sube y baja gradas, de Luis Portilla, autor también de una puerta que se asegura sola. - Estufa de coque que ideó Pedro María Gómez, un sencillo habitante de Ubaté (Cundinamarca), quien en pleno racionamiento adaptó al servicio doméstico ese tipo de carbón usado para las fundiciones en sectores industriales por su alta generación de calor. - Instrumento para facilitar micro-incisiones en operaciones de columna vertebral que diseñó Ana Lucía Cepeda. La idea ya ha sido puesta en práctica y otorga ventajas sobre los aparatos convencionales que sólo permiten incisiones grandes. - Un motor eléctrico reciprocante, de Fernando Ríos Burbano, quien desde que era estudiante del Instituto Técnico Industrial de Popayán le ha botado corriente a la idea. Hace unas semanas obtuvo la patente después de gastar en trámites cerca de un millón de pesos. Su motor permite recuperar parte de la corriente usada para generar el movimiento, pues regresa a la fuente eléctrica (batería). Una idea de alta precisión y que contrarresta la polución.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
6 de febrero de 1994
Autor
JOSE LUIS VALENCIA

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