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Cuando el país se moría por el cine mexicano
En la casa del centro de Bogotá, donde funcionó el emporio de Películas Mexicanas de Colombia (Pelmex), que trajo al país los filmes de Pedro Infante, María Félix, Dolores del Río, Sara Montiel, Tintán y El Santo, hay una renovadora de camisas y un bar con juegos de tejo y rana.
Sigue siendo de la familia Gómez Amaya, pero solo dos espacios están ocupados por ellos. Una oficina a la que va una vez por semana Alejandro Gómez, hijo de Clemente Gómez Pérez, el gerente de Pelmex Colombia durante 30 años. Y una bodega que huele a metal y celuloide concentrados, que se abre ocasionalmente desde 1992, cuando se cerró la compañía. Está llena de películas en 35 milímetros, y algunas en 16, que cubren un periodo de 45 años: desde comienzos de los 40, cuando ya había empezado la época de oro del cine mexicano, hasta mediados de los 80.
Lo único que queda son estas películas, dice Alejandro Gómez, después de cruzar la renovadora, ubicada en el antiguo lobby de Pelmex, saludar a doña Conchita, quien la atiende, y entrar a la estrecha y polvorosa bodega que antes era solo para cintas de 16 mm.
Las viejas latas que conservan las películas están rotuladas a mano.
Sobresalen Doña Bárbara (1943), con La Doña; Ahí está el detalle (1940), con Cantinflas; La violetera (1958), con Sarita Montiel, y Allá en el rancho grande (1949), con Jorge Negrete.
Gómez tiene listas, en fila, en un corredor al lado de la bodega, las 19 películas que le va a entregar a la Cinemateca Distrital de Bogotá.
Encima les ha puesto el tráiler y las fotografías en blanco y negro promocionales. Hay joyas como La perla y María Candelaria, dirigidas por Emilio El indio Fernández (con fotografía de Gabriel Figueroa), y Los olvidados, de Luis Buñuel. Además de varias de El Santo; el título más llamativo: El Santo contra los asesinos de la TV.
Adoración por las mexicanas .
En la bodega quedan unas 80 películas, agrega Gómez, que entró a finales de los 70 a la empresa para ser asistente de su padre, fallecido recientemente. La cifra no revela la envergadura de Películas Mexicanas de Colombia durante sus mejores días. En su antigua bodega de 35 milímetros, hoy convertida en una cancha de tejo, había unas 2 mil películas guardadas.
Una bonanza que, por supuesto, era el resultado de la adoración que sentía el público por las estrellas y las historias mexicanas. Cuenta Gómez que al Teatro San Jorge, en Bogotá, donde, como en muchos cines de Colombia, se veían dos películas mexicanas seguidas con una sola boleta, los espectadores llegaban en familia, a las 10 de la mañana del domingo. Traían olla con comida y cerveza. Y se quedaban hasta las 5 p.m.
El fenómeno se replicaba en los pueblos, cuyos representantes viajaban a las sedes de Pelmex Colombia en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga y Cali, para alquilar cintas en 16 m.m. La clasificación era muy importante para llegar a la mayor cantidad de público. Que una película fuera para 12 o para 18 años hacía una gran diferencia.
Clemente Gómez, con su hijo Alejandro, se sentaban a ver las cintas que llegaban para estreno. Lo hacían en la sala de ensayo, que fue borrada por una taberna que huele a orín, perfume y cerveza. Don Clemente se agarraba de un timbre para que el proyeccionista marcara con papelitos las escenas violentas o picantes. Si había 35 tiros, le dejábamos solo dos. No era tijeretear. Era editar, que suena más bonito, dice Gómez.
Así las enviaban a clasificación. Recibían Censura 12 años y todos contentos. Viendo los excelentes resultados de la distribución, don Clemente quiso también exhibir. En 1960 construyó el Teatro México, en Bogotá (hizo otro en Cali), con tarima para las estrellas. Eran tiempos de Enrique Guzmán, César Costa, Angélica María, Hilda Aguirre. Llegaban con su grupo y cantaban un par de canciones de la película. El público, enardecido, se quedaba a verla.
El México, con 1.400 sillas, fue una mina de oro. Cuando llegaban las películas de Vicente Fernández y La india María programábamos hasta seis funciones. Podíamos hacer 8 mil personas en un día, agrega Gómez.
Pero esos tiempos quedaron atrás y la casa es el reflejo de la decadencia de Pelmex y del propio cine mexicano en los 80. Gómez dice que influyeron el betamax, la parabólica y el que las películas mexicanas dejaron de conquistar al público: En el 85 se acabó el cine mexicano. Les dio por el cine picante y de narcotráfico, agrega.
Sin con qué programar.
Cuando los mexicanos llegaron a vender, Don Clemente se quedó con el 60 por ciento del Teatro México y del Azteca (que mandó a hacer para cine de autor). Pero ya no había con qué programar las salas. Cada vez llegaba menos material. Así que el México decayó tanto que solo le entraban unas 20 personas por función.
En la oficina a la que Alejandro Gómez va una vez por semana está guardado el libro que su padre empezó a llenar en 1948, cuando se creó la compañía y él hacía las veces de contador. Mostraba el comportamiento de las películas en su primera semana en todas las ciudades. La primera fue China Poblana (1944), con María Félix. La última, Orinoco (1986), con Ana Luisa Peluffo.
Ambas están en la bodega. Y como ocurre con las restantes, Gómez las ofrece en alquiler por 250 mil pesos el día. Pero cada vez están más deterioradas, con seria amenaza de desaparecer, y con menos posibilidades de ser exhibidas.
Por eso, el heredero de las Películas Mexicanas de Colombia ha decidido donar la mayoría. Pero quiere quedarse con algunas no solo para seguir ofreciéndolas, sino para conservar el legado que le dejó su padre, quien vio nacer y morir la compañía.
"Aunque México hizo películas estupendas, hubo otras que daban vergüenza. Era lo bueno, lo malo y lo feo. Y de lo malo había bastantico.
Alejandro Gómez, heredero de Pelmex Colombia.
El Santo en la Cinemateca.
Con La noche de El santo, el próximo viernes 13 de febrero, la Cinemateca Distrital de Bogotá proyectará al público tres de las 19 películas que le compró a Alejandro Gómez, heredero de la empresa Películas Mexicanas de Colombia: El Santo contra el rey del crimen (1962), Santo en oro negro (1977) y El Santo contra los asesinos de la TV. La Cinemateca adquirió también, entre otras, María Candelaria, La perla, La red y El rapto, de Emilio El indio Fernández; Los olvidados y Los ambiciosos, de Luis Buñuel; El lugar sin límites, La seducción, El castillo de la pureza y Cadena perpetua, de Arturo Ripstein.
Hora: 7 de la noche
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Cultura y entretenimiento
- Fecha de publicación
- 8 de febrero de 2009
- Autor
- PAOLA VILLAMARÍN
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