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MAQROLL VUELVE A COCORA

Un prodigioso escenario de contrastes marcó su impronta en el paisaje de alma de Alvaro Mutis: nació en Bogotá, pasó su infancia en Bruselas y su adolescencia en una finca cafetera del Tolima. Desde la casa, por la ventana mayor como si fuera una gavia, apreciaba el viaje de los ríos Coello y Cocora que se juntan y viajan interminablemente en busca de reposo. Acodado en esa gavia nació Maqroll, y oteando el horizonte, se fue río abajo hasta el mar, y mar adentro hasta el irremediable destino de la soledad .

Desde entonces, Mutis y Maqroll iniciaron su propio recorrido y cada cierto tiempo se encontraban al darle la vuelta al mundo. Hace algunos años se tropezaron de repente en una librería del barrio Gótico de Barcelona. Un amigo común dice que su diálogo podría hacer parte del relato más triste del mundo, porque terminó con la aciaga percepción de que no volverían a verse jamás.

En junio del 93, durante el Congreso de Norteamericanos Colombianistas llevado a cabo en Irvine, compartí unas horas con Mutis. Llevó un mensaje de Maqroll que sirvió de base al profesor Seymour Menton para hacer un paralelo entre los dos mejores escritores colombianos, a quienes quiso referirse por su lugar de origen: García Márquez, costeño y Alvaro Mutis, tolimense .

En Irvine vi un hombre alegre, erudito, brillante, que se siente tan orgulloso de ser colombiano como de ser protagonista de la cultura occidental. En Maqroll, en cambio, observé a un hombre triste, extraño, solitario. Una especie de ciudadano del mundo que pudo nacer en cualquier parte y del cual casi nadie conoce su origen ni su pasado. Se sabe sólo que en cualquier lugar sueña con Napoleón, investiga la vida del Duque de Valentinois, indaga detalles del tránsito de la Casa de Austria a la de Borbón en el trono de España y recorre las minas o los osarios de almogávares, de donde extrae amuletos para la buena suerte.

Mutis el viajero y Maqroll el gaviero habían salido un día de Coello a dar la vuelta al mundo y, tal vez sin proponérselo, a encontrar más allá de la soledad el destino de su propia victoria. Lo lograron: Maqroll hizo historia para la literatura, y Mutis, literatura para la historia.

En cautiverio, pagando él solo un delito que a juicio de Gabo cometimos entre todos , Mutis escribió el Diario de Lecumberry, dedicado a Marcel Proust y definido por su autor como un poema de lástimas. Mientras tanto el otro elaboraba su Diario de Maqroll el gaviero durante su viaje de subida por el río Xuandró, para entregar a Flor Estévez en donde se encuentre . Los dos diarios le dieron la vuelta al mundo y fueron leídos por otros viajeros y otros gavieros, pero nunca llegaron a sus destinos: Marcel Proust, una de las grandes devociones de Mutis, y Flor Estévez, la mujer con quien más compartió Maqroll la desorbitada dimensión de sus sueños.

Nadie supo que cuando Mutis vino a Bogotá a propósito de su septuagésimo cumpleaños, prometieron secretamente reencontrarse en Cocora en mayo del 95. Y Mutis llegaría a Ibagué a recibir el afecto de la tierra y a presidir los actos del cincuentenario de la Universidad del Tolima. Luego, fieles a su promesa, los dos evocarán con ojos de abuelos, todo su largo periplo de sueños conjuntos para redescubrir en ese viejo paisaje de infancia la certidumbre definitiva de un bel vivir .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
23 de mayo de 1995
Autor
Por AUGUSTO TRUJILLO MUÑOZ

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