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Tal vez fue la geografía la que aisló o, más bien, preservó a Marruecos de la historia moderna. Pero lo cierto es que este país, verdadero crisol donde se unen el Islam con el mundo occidental, y Africa con el mundo Mediterráneo, vive a un ritmo lento y sosegado. Dos mares, un enorme desierto y una cadena montañosa han contribuido, en efecto, para que Marruecos permanezca en otra era en la que se maneja el tiempo de manera diferente, sin afanes.
Posiblemente por ello, allí sus gentes aún se rigen por el calendario Hijra que marca el año 1410, de la fecha en que Mahoma salió de La Meca a Medina.
Sorprende allí el enorme Sahara frente a los bosques del Atlas, tanto como la inf (...)
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