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Marruecos

Tal vez fue la geografía la que aisló o, más bien, preservó a Marruecos de la historia moderna. Pero lo cierto es que este país, verdadero crisol donde se unen el Islam con el mundo occidental, y Africa con el mundo Mediterráneo, vive a un ritmo lento y sosegado. Dos mares, un enorme desierto y una cadena montañosa han contribuido, en efecto, para que Marruecos permanezca en otra era en la que se maneja el tiempo de manera diferente, sin afanes.

Posiblemente por ello, allí sus gentes aún se rigen por el calendario Hijra que marca el año 1410, de la fecha en que Mahoma salió de La Meca a Medina.

Sorprende allí el enorme Sahara frente a los bosques del Atlas, tanto como la influencia española de algunas de sus ciudades impregnadas en la cultura árabe.

De igual forma, su insólita proximidad al mundo occidental: los 15 kilómetros del Estrecho de Gibraltar merecen el símil de túnel del tiempo , pues conducen, sobre un ferry, a otra estación, otro dios y otra cultura.

Allí, imponente, está Fez, la ciudad imperial fundada por Idriss I, un refugiado político venido de Arabia que instauró la primera dinastía musulmana en ese país por el año 788.

O Marrakech, la ciudad de Yusef Ben Tachfine, quien la construyó durante la primera dinastía Bereber que se instauró allí en 1055.

Meknes y Rabat, también ciudades imperiales; la histórica Casablanca y una cadena de playas, invitan a visitar este país sorpresa donde el 60 por ciento de sus más de 23 millones de habitantes es menor de 20 años y el 61 por ciento vive en el campo.

Un lugar donde los hombres de las nuevas generaciones consideran que una mujer es suficiente, mientras los viejos se complacen en mantener en muy buenas condiciones hasta cuatro esposas, tal como se los autoriza su religión.

Deleitarse en esas ciudades que fueran construidas para el disfrute estético y acercarse a su cultura, insólita y legendaria, son puntos indispensables en un recorrido por Marruecos, tanto como disfrutar, de forma lenta y pausada, los típicos zocos pintorescos mercados donde es posible compartir con un pueblo de coloridas túnicas y encrucijados tatuajes y adquirir algunos de los numerosos y valiosos productos artesanales.

Y es que, en efecto, más de cuarenta corporaciones trabajan desde hace siglos la madera, el metal, el cobre, la lana, la tela, la piedra y la arcilla, haciendo de sus obras de arte o de los simples objetos utilitarios, una característica fundamental de Marruecos que apela a sus tradiciones y emana el inconfundible olor de su forma de vida. Histórico recorrido Ubicada frente al Estrecho de Gibraltar, Tánger es sin duda la puerta de entrada a Marruecos. Ciudad cosmopolita situada en una zona de bellas playas, lleva consigo el honor de haber sido fundada por Anteo, según la mitología griega.

Pero no sólo por estar frente al puerto es la puerta de entrada. Allí, ubicado el paseante sobre el moderno y occidental Mediterráneo, la primera imagen que observa es la de un Kasbah o fortaleza, que domina a la ciudad e invita a pasar al antiguo y muy típico sector árabe o medina, ubicado a muy pocos pasos.

En la Kasbah debe visitarse el Palacio de Dar el Majten, en cuyo interior se encuentra un importante museo de arte marroquí; también el Palacio de Dar Chorfa con su respectivo museo en donde se encuentran objetos prehistóricos y romanos.

El pasaje de entrada a esta cultura, no obstante, está en el Gran Zoco, ubicado a lo largo de una calle empinada. En uno de sus extremos se levanta la Mezquita de Sidi Buadid con su minarete revestido de cerámica multicolor. Igual de atractivos son los numerosos cafés de sus plazas y el Zoco Chico donde se encuentra la magnífica mezquita fundada por Mulay Ismail en el siglo XVII.

Desde Tánger es recomendable la excursión al Cabo Malabata (al oriente). Al lado occidental se encuentra el Cabo Espartel y, muy cerca, las Grutas de Hércules; Asilah, más al sur, cuenta con buenas fortificaciones portuguesas y, en sus alrededores, algunas de las mejores playas del Atlántico.

En Tetuán, a unos 20 kilómetros de Tánger, se respira una atmósfera andaluza: jardines y plazas rodeadas de aromáticos cafés rodean a la Mezquita de Sidi; para visitar está también el Palacio del Califa, cuya parte más antigua se remonta al siglo XVII, la Gran Mezquita y el museo.

Xauen, algo más al sur, es una de las ciudades más pintorescas del país. Fundada en el siglo XV, estuvo mucho tiempo bajo el poder de los españoles y allí dejaron su impronta en el diseño abigarrado de la ciudad, repleta de casitas de teja roja y provista de un animadísimo zoco.

Entre sus monumentos más notables se encuentra la Gran Mezquita y el Museo de Tapices, una de las actividades artesanales mas características de la ciudad. Camino de Fez Camino al sur del país, surge la bella y ancestral Fez, la más antigua de las ciudades imperiales y una de las más impresionantes del mundo árabe. Fue fundada a finales del siglo VIII, y desde entonces se convirtió en escenario de una gran parte de las dinastías marroquíes, especialmente entre los siglos XIII, XIV y XV cuando los merenidas hicieron de ella la capital de su imperio.

Rústica, palpitante, y considerada además la capital cultural de Marruecos, puede alcanzarse visualmente en su totalidad desde la colina de Al Kolla donde están enterrados los últimos príncipes de la dinastía.

Pero para respirarla es necesario ingresar a la medina, un auténtico laberinto que debe recorrerse en compañía de un guía especializado.

Fes El Balí, la parte más antigua, está compuesta por estrechísimas calles y pintorescos zocos en donde el visitante pude adquirir productos de todas las regiones del país.

Entre las obras arquitectónicas más importantes están Al Attarin, una de las más hermosas creaciones del arte merenida (1323); la de Es Scherratin, bellísimo ejemplo del arte alauita (siglo XVII) y, sobre todo, la de Bu Inania (1350-1355).

Debe visitarse también la Mezquita de Al Qarawiyin, la más grande del norte de Africa, construida por primera vez en el siglo IX, pero rematada definitivamente por el almorávide Ali Ben Juseff (siglo XII).

Muy cerca se encuentra la plaza y fuente Naijarin, uno de los rincones más atrayentes de la ciudad, y el Fondouk Nejjarin, destinado en la antigedad a los comerciantes de Tetuán. En Fes-El-Gedid se encuentran monumentos como la Gran Mezquita (siglo XIII), el Palacio Real (siglos XIV y XIX) y el Mellah, antiguo barrio hebreo.

Pero de Fez, según una antigua tradición, han surgido los sabios de Marruecos. Todos ellos estudiaron en La Qarawiyin, la universidad más antigua y más grande del mundo, cuyos egresados están impregnados de savia y han adquirido una experiencia intelectual imposible de alcanzar en otra parte, según una antigua tradición.

El recorrido no termina. Algo más al sur está aún uno de los lugares indispensables en la guía turística de Marruecos: Marrakesh, también ciudad imperial, fundada por los almorávides en el siglo IX, con una medina de calles laberínticas que desembocan en agradables jardines con palmeras.

La mezquita Kutubia, una auténtica joya del arte almohade, se encuentra en el centro de la ciudad. Construida a partir de 1153 por el sultán Abd El Mumen y su hijo Abu Jussef, la mezquita cuenta con una sala de oraciones de 17 naves. Su minarete, contemporáneo de la Torre Hassan de Rabat y de la Giralda de Sevilla, constituye el símbolo de la ciudad.

Agradable resulta recorrer la abigarrada plaza de Jemáa-el-Fná, donde se amontona una multitud de vendedores, acróbatas, narradores de historias, en espectáculo incomparable. Pero también el Palacio de Ben Jussen (siglo XII), en cuyo patio interno se encuentra una bellísima fuente; las impresionantes tumbas de los saaditas, construidas bajo el reinado de Ahmed al Mansur; el palacio de Al Badi (siglo XVI), y las fuentes de El Muassin y Sidi El Hassan-U-Ali (siglo XVI). De igual forma, los Jardines del Agdal, creados por los almohades del siglo XII y los zocos en la plaza de Jemáa-el Fná.

Rabat, capital administrativa del país, ofrece por su parte el contraste entre un sector moderno y una antiquísima medina bordeada de murallas almohade (XII) y el Muro de Andalucía (XVII).

Allí, entre los lugares más interesantes, destacan Kasbah de los Udaia, cuya puerta data de 1185; la célebre Torre Hassan, minarete de la gigantesca mezquita comenzada por Yacub Al-Mansur en el siglo XII; la puerta de Chellah, comenzada por Abou Said en 1310; la puerta de Bab el Ruah (SXII); el Palacio Real y el imponente mausoleo del rey Mohammed V, padre de la independencia de Marruecos.

Finalmente, Casablanca, verdadera capital económica de Marruecos, en la que debe visitarse la vieja medina que ofrece contraste con la ciudad nueva y la Gran Mezquita.

Ella es el punto de partida para un Marruecos más digerible: el de las magníficas playas sombreadas por palmeras. DATOS VITALES Moneda: Dirjam (d) Cambio: 8,70d por un dólar. Pasaje vía Madrid, París o Londres: tiquete US$1.534 (baja temporada) y US$1.783 (alta temporada) sin incluir impuestos del 8.5 por ciento sobre tarifa vuelos regulares. Noche de hotel: Hyatt: US$185. Palaise Jamay: US$140 (habitación doble) Comida típica popular: entre 7d y 10d Almuerzo buffet hotel de lujo: 120d Almuerzo corriente: entre 40d y 60d Cena con espectáculo: 450d Entrada a museos: gratis Gaseosa: 3d Café: 2d o 3d Tour por la ciudad: aprox. 50d a 70d Taxi (carrera mínima): 3d a 4d Paquetes turísticos desde Colombia: Se ofrecen paquetes completos que incluyen excursión por el sur de España y las principales ciudades de Marruecos. La tarifa de la porción terrestre por persona (18 días en habitación doble) es de US$1.815.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
Fecha de publicación
28 de febrero de 1991
Autor
Felipe Santos Calderon

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