EL NAZISMO NO FUE EXTERMINADO EN 1945
Un repaso de los libros de Historia editados durante los últimos cincuenta años así como las celebraciones y festejos que esta semana se llevaron a cabo con motivo del fin de la segunda guerra mundial ofrecen la idea unánime de que el nazismo fue derrotado en mayo de 1945; una visita de no más de cincuenta minutos a cualquier hemeroteca revela que esa afirmación es falsa.
Cinco decenios después del suicidio de Adolf Hitler sus ideas gozan de más difusión que en vida del caudillo nazi y sirven de abono a una constelación de organizaciones que desde Rusia, pasando por Europa, afloran en Latinoamérica y el propio EE.UU.
Ese auge fue especialmente notable en Alemania desde la reunificación del país, en 1989. Ya en junio de 1991 la policía calculaba en al menos 15.000 los militantes neonazis germanos.
La puesta de largo de la nueva camada nacionalsocialista tuvo lugar sólo tres meses después, cuando una horda de jóvenes atacó y sitió durante horas varias residencias de extranjeros en Hoyerswerda.
Durante 1991 hubo en Alemania, según un informe policial, más de 2.300 casos de agresión xenófoba. Sólo un año después, las cifras de víctimas se elevaron a diecisiete muertos y ochocientos heridos, con 4.500 ataques, un millar de ellos con artefactos explosivos o incendiarios.
A esas alturas la policía alemana y la Oficina de Protección de la Constitución cifraban en más de 75 los grupos de extrema derecha, con unos 41.000 afiliados.
Asimismo, los nuevos nazis disponían incluso de un teléfono informativo, Infotelefon, y de redes por computador para coordinar sus acciones, como las incesantes profanaciones de cementerios y la muerte en Wuppertal de un judío quemado vivo en plena calle.
Sin embargo, el hito decisivo llegó en agosto de 1992 en Rostock, donde doscientos cabezas rapadas se unieron a una manifestación popular contra una comunidad de gitanos rumanos albergados en la ciudad, a los que apalearon, entre los aplausos de más de 2.000 ciudadanos.
Embravecidos, los neonazis se adueñaron de las calles y durante varias noches se sucedieron los asaltos al albergue de extranjeros hasta incendiarlo.
Ese modus operandi marca la pauta seguida en la quema de casas de familias turcas en Moelln, en 1992, y en Solingen, en 1993, con un resultado de tres mujeres y cinco niñas fallecidas.
La violencia prosiguió en mayo de 1994 con un ataque contra comercios de turcos en Magdeburgo y su última escala tuvo lugar hace menos de una semana, el pasado día 7, con otro incendio en la sinagoga de Lubeck.
Si la situación es alarmante en territorio germano, Austria tiene comparativamente más neonazis que Alemania , según el famoso perseguidor de criminales de guerra Simon Wiesenthal.
Los delitos xenófobos cometidos en Austria en 1992 fueron 429, cifra que, en relación con el número de habitantes, supone el doble de los registrados en Alemania, según el ministerio de Interior.
Los neonazis austríacos fueron autores de dos campañas de atentados con cartas-bomba, en diciembre de 1993 y octubre de 1994, que incluyó entre sus víctimas al alcalde de Viena, Helmut Zilk, herido de gravedad.
La trama europea incluye a Francia -donde el pasado día 1 murió un marroquí arrojado al río Sena por cabezas rapadas -. En España y Rusia hay corrientes de neonazismo importantes, y los expertos señalan como fenómeno preocupante el éxito de los partidos ultraderechistas en Francia, Austria y otros países europeos gracias a sus discursos xenófobos, nacionalistas y racistas.
Estados Unidos, bastión antifascista en la II Guerra Mundial, ha albergado también en Nebraska al mayor propagandista nazi desde Joseph Goebbels: Gary Lauck, considerado por el Gobierno germano el principal divulgador del credo hitleriano en lengua alemana.
En Pensilvania, donde el número de crímenes racistas pasó de 181 en 1988 a 417 en 1993, operan 64 grupos racistas y neonazis e incluso se ha celebrado un Festival Hitler de la Juventud .
En América latina el nazismo tiene cunas sólidas en Argentina. El Centro Simon Wiesenthal asegura que Reinhard Koops, ex militar nazi refugiado en Argentina bajo el nombre de Juan Maler, distribuye publicaciones antisemitas en todo el mundo.
Los nazis de Argentina, donde han proliferado los cabezas rapadas , se dejan notar también con ataques como el apaleamiento sufrido el año pasado en plena calle por el gran rabino de Buenos Aires, Salomón Ben Hamú, y por el odio a los inmigrantes de otros países latinoamericanos. También hilos nazis de importancia en Chile y Brasil.
Por todo esto, el presidente ruso, Boris Yeltsin, aprovechó los fastuosos actos que esta semana conmemoraron la derrota de nazismo en la segunda guerra mundial para recordar que el peligro aún existe.
En la sociedad rusa se ha debilitado la inmunidad contra las ideas racistas y fascistas... y hay quienes tratan de sembrar las semillas envenenadas en las mentes de la joven generación , advirtió Yeltsin.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 14 de mayo de 1995
- Autor
- Efe

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