El cuerpo humano cuenta con un sistema de defensa que lo protege de peligrosos enemigos, como virus, bacterias nocivas, gérmenes y hongos. Pero no es invulnerable. También se debilita y puede dejar al organismo expuesto a cualquier elemento que lo pueda enfermar.
La salud de esas defensas no depende solo de factores genéticos que están fuera del control de cada quien, sino que se puede reforzar manteniendo unos hábitos de vida sanos, evitando los factores que las debilitan y aplicándoles refuerzos.
Por ejemplo, una despedida definitiva al cigarrillo y al sedentarismo, el control del estrés y evitar las pérdidas nutritivas pueden reforzar el sistema inmune, que, cuando no está ocupado ayudando a sobrellevar enfermedades catastróficas como el cáncer o infecciones crónicas como la osteomielitis, mantiene al organismo saludable y lo protege de las amenazas, tanto internas como externas. 2-1
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