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Tarde Triste Cerró El Año Taurino

Este 31 la tarde estuvo tediosa. En el ruedo el rejoneador Joao Moura bregaba sin esperanza por obtener una embestida. Galopaba hacia el toro y este le volvía la grupa con desprecio. La tarde agonizaba sin historia.

El reloj marcaba las seis, hora del año nuevo peninsular, se abrían botellas de champaña en el tendido. Y en el callejón, se repartían entremeses, apretones de mano, sonrisas, y buenos deseos. Pero sin alegría, como por cumplir con la fecha, pues del ruedo no había brotado un solo motivo de celebración en la corrida.

Escasa presencia, nada de bravura y cero emoción, era lo que habían traído los seis toros de Ambaló para entristecer la última del año 2008 en el mundo. Un año de crisis, pesimismo e ilusiones piramidales destrozadas, parecía encontrar su justo epílogo taurino en la soleada tarde caleña.

Todos salió mal, incluso cuando lo único plausible ocurrió: la conversión del agua en vino, lograda por el portugués, a fuerza de sobar más que Aladino al reacio pequeñín y desmochado tercero, que milagrosamente acabó persiguiendo a dos pistas la cabalgadura que le templaba bien, milímetros delante de los muñones, y por largos trechos. El publico aprovechó la cosa para intentar ponerse contento, gritar un poco y tratar de amortizar algo el precio de la boleta.

Pero cuando no sale, no sale. En esas estábamos, cuando el bajonazo mortal entró contrario y trasero. Por fortuna el peón corrió a sacarlo para evitar mayor bochorno. Perousía no tuvo igual recato y aventó una oreja fea, empeorando la cosa. Tras de gordos hinchados... y con paperas.

Cristóbal Pardo, estuvo decoroso, pues luchar contra la fatalidad sin descomponerse siempre vale. Y él lo hizo a troche y moche con sus dos mansos. Les anduvo por encima, demostró empeño, pero apenas logró sacudir la sosería inmarcesible de su lote cuando tras el tercero de los pares disperso que colocó al primero, le galleó a cuerpo limpio muy de cerca y vistosamente.

Lo demás fue porfiar y porfiar y porfiar hasta el hastío. Lo bueno si breve dos veces bueno, dicen. Pero lo malo, como en este caso, si breve, hubiese sido una obra de inmensa caridad que Cristóbal no nos quiso hacer.

Al debutante Joselito Adame le fue peor. O mejor dicho, nos fue peor a todos con él. Negados también sus dos toros, tuvo además viento en contra, entrega poca, y limpieza ninguna. El banderazo, el trompicón y el enganche fueron la marca de sus incoherentes bregas. Mató de una, sin puntilla el segundo –se le abona– y de triple agresión al quinto. El mexicano es mucho más que eso, lo sabemos, pero no lo pudo demostrar. Qué lástima. ¿Habrá otra vez? Aparte de los obvios pitos a los arrastres, la parroquia guardó compostura y resignación, y salió sin enfado, lentamente, intercambiando “felices años” y quizás pensando que de todos modos al volver a casa encontraría la fiesta que no había podido iniciar en la plaza. El oscuro cielo comenzaba a salpicarse de la pirotecnia que anunciaba la inminente muerte del 2008 y un aire de alivio y esperanza parecía querer borrar de los rostros el desencanto de esa última tarde perdida.

"El publico (de Cañaveralejo) aprovechó la cosa para intentar ponerse contento, gritar un poco y tratar de amortizar algo el precio de la boleta”, dice el cronista taurino ante la mansedumbre de la corrida

Publicación
eltiempo.com
Sección
Información general
Fecha de publicación
2 de enero de 2009
Autor

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