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Este Año

El Porvenir. Siempre la inquietud del porvenir. Con el presente nos entendemos de cualquier manera. El pasado tiene la docilidad de lo sabido y apenas es inocente surtidor de nostalgias.

Pero el porvenir es inquieto, impredecible, esencialmente peligroso. Por eso, los augures presidieron las tribus, como enseña Frazer en su Rama dorada. Hoy, que nos creemos dueños de todo, seguimos esclavos de lo que vendrá. Sin embargo, los pensadores más audaces sentían el deber de examinar el futuro, para anticiparlo, cuando menos en sus líneas esenciales.

Se nos han venido encima dos crisis económicas. La que estamos sufriendo es hecha en casa con el primor con que el Banco de la República sabe prepararlas. Así como arrastró el país a la crisis del Upac y a la quiebra generalizada consiguiente, nos sacó del inmenso riesgo que traíamos, el de crecer demasiado. Y con la idea de aterrizarnos en un suave y sostenible crecimiento del cinco y medio por ciento, una de las más estúpidas que nunca se pusieron en práctica, nos tiró del nueve al tres por ciento, con vocación al uno o uno y medio.

Pero, silencio. Con el República no meterse, porque sale al paso la aguerrida legión de sus defensores oficiosos, los que siempre manejaron esta pobre economía, con los complejos y los resultados conocidos. Pura ortodoxia. De la más fina que se consigue en el mercado.

La otra será la crisis de verdad. La que tiene tambaleando al mundo y nos cerrará los mercados que el Banco no arruinó del todo con su revaluación. Y esa combinación de crisis propia y ajena nos exigirá a fondo.

Menos insensatez en el manejo monetario, grandes proyectos de infraestructura, construcción de acueductos, sin que esta vez se roben la platica; vivienda social, y mucha, mucha actividad en el campo, porque con la comida nadie se pelea.

Malos serán los tiempos en la política. Por lo menos, muy difíciles.

Desaparecida la lealtad de nuestro diccionario, cada uno querrá leña del árbol caído. Perdida como está la reelección, será cosa de encontrar candidato de unión que siga el pensamiento y la acción de Uribe. Demasiados candidatos para una sola plaza y el peligro evidente de tropezar en el camino con un Chávez o un Correa. Que no son plantas tan exóticas como algunos piensan. Casi nos cansaríamos citando nombres, de nuestro fecundo jardín botánico, que harían el papel de maravilla.

Y queda el más arduo de los problemas. Estábamos en el fin del fin de una guerra medio centenaria y resolvimos revivirla. Para abrirle espacio al mamertismo criollo y prestado, nos decidimos a derrotar una clase política, que siempre se desea mejor, pero que nunca fue lo que dicen los amaestrados ‘pitirris’ antes de partir ricos y prósperos para Canadá, Suiza o París.

Y para rematar faena, la emprendimos contra nuestros héroes, para molerlos con el garrote de las Farc, que se llamó la Unión Patriótica y que pervive en ciertas tiendas del variopinto campamento que se llama Polo Democrático.

Nos ha costado descifrar el encanto de esa conjura. Compuesta por un Fiscal que tiene más de marioneta que de Fiscal, y que oye las instrucciones de sus antiguos amos. Y luego, por jueces que no han renunciado a la Asonal fundada por el más ilustre de los miembros de la Unión Patriótica. Sin perjuicio de que intervengan, desde Costa Rica, los sedicentes jueces de la Corte Interamericana, fieles seguidores de la línea que les traza el Foro de São Paulo, hoy en el poder. Como se ve, Farc por todas partes.

Tiempos complejos. Tormentas a la vista. Mareas altas. Todo como para una tripulación resuelta y un gran capitán. Que lo tenemos, y el mejor, siempre y cuando no se distraiga pensando en sus propios asuntos. Como en ese de la reelección, que tan funesto sería para su gloria y nuestra felicidad

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
2 de enero de 2009
Autor
Fernando Londoño Hoyos

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