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Compradores venezolanos ‘invaden’ Cúcuta debido al precio del dólar

ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO Un sorpresivo auge económico se vive por estos días en Cúcuta, donde la llegada masiva de venezolanos colapsa vías, parqueaderos, hoteles, centros comerciales, restaurantes e hipermercados.

¿El motivo? Las ganancias que obtienen los ciudadanos del país vecino cuando deslizan sus tarjetas de crédito en los datáfonos de la capital nortesantandereana.

Un dólar cuesta 2.150 bolívares (1.075 pesos) en Venezuela, mientras en Cúcuta lo pagan a 2.240 pesos. En consecuencia, los venezolanos que compran de este lado de la frontera se ganan un promedio de 1.165 pesos por cada dólar pagado.

Si se tiene en cuenta que la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) los autorizó a gastar 5.000 dólares anuales en el exterior (hasta el 31 de diciembre) con tarjetas de crédito, la utilidad de hacerlo en Cúcuta puede ascender a 5’825.000 pesos.

Cabe anotar que la administración de Hugo Chávez redujo ayer ese monto a la mitad (2.500 dólares) para el 2009.

Atraído por esta situación, Wilson Castillo, fotógrafo de la Alcaldía de Caracas, vino con su familia por dos televisores de plasma y una cámara. Al pagar con su tarjeta, cada televisor, que en Venezuela cuesta 4,5 millones de bolívares, le costó acá el equivalente a 1,8 millones de bolívares. La cámara le salió por 2,9 millones de bolívares, frente a los 6,5 millones que habría tenido que pagar en su país.

“La diferencia es abismal, y así sucede con todo lo que compramos en Cúcuta”, dijo Castillo mientras salía de un centro comercial con decenas de cajas y bolsas.

Desde noviembre, los venezolanos pululan en Cúcuta. Según Fenalco, más de 200 mil carros copan el espacio público y generan trancones impresionantes –usualmente circulan unos 120 mil–. Para cruzar la frontera, el trayecto San Cristóbal (estado Táchira)-Cúcuta ya no se hace en una sino en 5 horas, y el paso por los puentes internacionales Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar es una odisea.

Ventas millonarias Los centros comerciales no dan abasto. Diana Abuchaibe, administradora de Chevignon, en Ventura Plaza, asegura que las ventas se triplicaron en diciembre, en comparación con el mismo mes del 2007.

“En el final del 2007 vendimos 4.000 prendas y ahora los venezolanos se llevaron más de 14.000. Cuando cerramos, nos ruegan que abramos y nos muestran las tarjetas de los bancos Banesco, Mercantil, Venezuela, Banfoandes, Provincial, Del Tesoro y Sofitasa”, cuenta ella.

Édgar Quijano, administrador de Panamericana, reveló que en el cierre del 2008 el almacén de cadena vendió más de 5.000 televisores de plasma, frente a los 1.000 de la misma temporada del 2007.

Centros comerciales como Unicentro disponen busetas en las puertas de los hoteles para transportar gratis a los venezolanos.

Aunque nadie tiene una cifra exacta de las ventas, analistas del otro lado de la frontera estiman que, desde el primero de diciembre, las compras de los venezolanos en Cúcuta llegaron a los 30 millones de dólares diarios (más de 60.000 millones de pesos).

Gladys Navarro, directora seccional de Fenalco, explicó que desde hace más de 20 años no había una afluencia de compradores de esta magnitud. El fenómeno es muy importante, anotó, si se tiene en cuenta que el 63 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Cúcuta depende del comercio y los servicios.

Los compradores no descansaron ni el 31 de diciembre. “Cónchale, la historia se invirtió: ahora somos los venezolanos los que venimos a comprarle a Colombia”, comentó la caraqueña Susana Torres, uno de los miles de venezolanos que ese día inundaron los centros comerciales de la ciudad.

Fotos: Manuel José Hernández.

LA GENTE TIENE QUE DORMIR EN EL CARRO.

Sandra Reyes, directora seccional de Cotelco, informó que la capacidad de los 20 hoteles agremiados (6.000 camas) está copada, al igual que la de los otros 120 locales que no pertenecen a esa organización. Por lo tanto, .

los venezolanos se hospedan en moteles y casas de familia, e incluso duermen en sus carros.

“La gente está llegando de Mérida, Valencia, Maracaibo, Puerto La Cruz, Barcelona, Anzoátegui y hasta de Punto Fijo, a donde íbamos los colombianos a traer electrodomésticos más baratos”, cuenta Reyes, gerente del Hotel Casablanca.

La presencia venezolana es tan marcada que algunos restaurantes cambiaron el caldo con huevos y la arepa por caraotas (fríjoles negros) y hayacas (tamales), tradicionales en la gastronomía de los visitantes

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
2 de enero de 2009
Autor
FÉLIX LEONARDO QUINTERO

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