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PURA FRUTA, LOS HELADOS SAN JERÓNIMO

Sólo aquel que construye castillos en el aire tendrá la posibilidad de habitarlos , dice la frase popular, y este parece ser el lema de Helados San Jerónimo.

Hace 31 años la familia Cabrera Baquero comenzó a vender sus helados en los colegios de Zipaquirá. El éxito que tenía esta golosina entre pequeños y adultos hizo que Gustavo Cabrera se empeñara en la idea de crear una gran empresa con su producto.

Fue así como en 1965 adquirió un predio en el kilómetro 28 en la vía que conduce de Bogotá a Cajicá y allí construyó un garaje donde comenzó a vender, junto con sus cinco hijos, helados y otros alimentos. Hoy el negocio en una gran casa ubicada en el mismo lugar.

San Jerónimo ofrecía algo que nadie más tenía: helados de pura fruta. Productos completamente naturales que no tenían ningún químico, aditivo o suavizante. Ese fue y será su punto fuerte.

Pero a esta empresa la distinguen además una serie de elementos, aparentemente simples, pero que ninguna o muy pocas empresas ofrecen.

Detalles como el que a las 8 de la mañana cualquier persona pueda comprar un pandebono que cuesta 600 pesos con un billete de diez mil y reciba sus vueltas sin reparos, y en ellas jamás encuentre un billete viejo o roto.

En sus instalaciones el visitante encontrará un baño especialmente para niños, donde las madres tienen un lugar especial para cambiar los pañales al bebé.

Sin embargo, no hay ni un espacio donde se permita la presencia de cigarrillos o de licor.

La atención y el servicio de los 35 empleados de San Jerónimo son fundamentales. Es motivo de despido para uno de ellos la queja de que un cliente no fue saludado o recibido de manera intachable.

No obstante, para esta empresa familiar no todo ha sido color de helado. Los primeros siete años fueron sumamente difíciles. A los cinco años la palabra que más escuchaba era sobregiro. Adquiríamos muchas deudas para mantener el pie en el negocio. Pero el optimismo de mi madre, hizo que sugiriéramos adelante , dice Pilar Cabrera, hija de Gustavo y Asened Cabrera, quien ahora administra la empresa al lado de sus cuatro hermanos.

Pilar recuerda cuando su madre decía algún día la gente hará fila para consumir nuestros productos . Hoy ocurre exactamente eso.

Lulo, mora, fresa, mango, curuba, limón, arequipe, chocolate, vainilla y, la especialidad, guanábana, hacen parte de la gama de helados que ofrece San Jerónimo.

En el establecimiento también se ofrecen jugos, empanadas, almojábanas, pandeyucas, tortas, mermeladas, pan, fresas con crema y arroz de leche; todos con el sello de calidad que distingue esta empresa.

Los Helados San Jerónimo tiene puntos de venta en Boyacá, Tolima, Huila, Valle y Bogotá, donde 80 establecimientos ofrecen el producto; en cuanto a sucursales existe una en Centro Chía y otra en el Centro Comercial Bahía.

Dentro de los proyectos para el futuro está extenderse fuera del país, pues tienen propuestas de Costa Rica, Venezuela, Ecuador y Estados Unidos.

Además, en unos meses saldremos al mercado con un nuevo producto que estamos seguros va a ser la revolución , sostiene Pilar Cabrera.

San Jerónimo en Chía abre de lunes a viernes de 8 de la mañana a 6:30 de la tarde, y los fines de semana de 8 de la mañana a 7 de la noche.

A pesar de que la empresa ha dejado de ser un pequeño negocio familiar, que ganó en 1992 el trofeo internacional a la calidad en alimentos y bebidas, otorgado por Barcelona, España, la familia Cabrera Baquero asegura que su objetivo primordial es seguir trabajando fieles a su filosofía de calidad, honestidad y cumplimiento.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Nación
Fecha de publicación
30 de marzo de 1996
Autor
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