LA ASAMBLEA
Una tendencia a descalificar con criterio simplista a quienes ejercen la actividad política invade, a veces, los espacios de opinión de los medios de comunicación. La generalización es, a todas luces, injusta.
En todas las corporaciones elegidas democráticamente en Colombia se pueden encontrar ejemplos de buenos colombianos que han entendido que el ejercicio de la política debe ser reivindicado por gentes honestas interesadas en servirle a sus comunidades.
La Asamblea de Cundinamarca no es la excepción. Y no puede serlo. La duma se ha constituido en un espacio importante de reconocimiento de la identidad cundinamarquesa y en un foro amplio de discusión para la problemática departamental.
Hay en gestación en la Asamblea, una nueva dirigencia política de Cundinamarca, que viene de pueblos y veredas que se encuentran regadas a lo largo y ancho de la geografía cundinamarquesa, superando aquellas épocas en las que, por la unidad de la circunscripción electoral, los diputados no respondían a las gentes de Cundinamarca sino a los barrios de Bogotá.
Ahora, deben los diputados asumir con grandeza, con altura, con honestidad y con dignidad la oportunidad política que se les ha abierto. Es la oportunidad de participar colectivamente de un salto cualitativo para recuperar los cauces más nobles de la política, la confianza de las gentes y la credibilidad de las comunidades. Es en fin, la oportunidad de hacer una nueva política, limpia y transparente, que proyecte al siglo XXI, libre de los lastres del pasado a los diputados, a la Asamblea y a Cundinamarca en su conjunto.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 13 de abril de 1996
- Autor
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